Arte hiberno-sajón

Folio 292r del Libro de Kells, con el comienzo del Evangelio de Juan.
Réplica de la Hilton of Cadboll Stone,[2]​ siglo IX.
Shoulder-clasps (¿ fíbula de hombro?) de oro, granate y cristal millefiori[4]
Broche penanular irlandés de bronce, siglo VI.
Cruz y torre redonda de Devenish, monasterio fundado en el siglo VI. Las construcciones actuales son de cronología más tardía (la torre, posiblemente del siglo XII, la cruz, posiblemente del XV).[5]

Arte hiberno-sajón (de Hibernia -nombre latino de Irlanda- y pueblo sajón -uno de los pueblos germánicos que invadieron Gran Bretaña-), arte anglo-celta (de los pueblos anglos -compañeros de los sajones- y celtas -término genérico para un conjunto de pueblos prerromanos de Europa occidental-) o arte insular (por las islas Británicas) son denominaciones historiográficas[6]​ para el arte producido en las Islas Británicas en la Alta Edad Media. Para esa época (siglos V al X), también denominada "época oscura" o periodo de las invasiones, posterior a la caída del Imperio romano de Occidente, la escasa producción artística de Europa occidental se suele englobar en la genérica denominación de " Prerrománico".

Los territorios "insulares" de Irlanda y Gran Bretaña, muy divididos políticamente, tuvieron en esta época una destacable unidad cultural en el predominio artístico, intelectual y socio-religioso del monacato que, sobre la base del cristianismo, fusionó los restos de la herencia clásica grecorromana con aportaciones de los pueblos germánicos y las características locales de los pueblos prerromanos autóctonos, genéricamente clasificados como " celtas" o " gaélicos".[7]

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Formas y soportes

Los rasgos formales del estilo se originaron a partir de la orfebrería destinada a la élite secular, que hacia comienzos del siglo VII se combinó con el arte celta y el arte anglosajón. Se identifican especialmente con la decoración de entrelazado,[12]

La arquitectura anglosajona de la época utilizaba por lo general materiales efímeros que no han permitido su conservación. Incluso los monasterios e iglesias levantados en piedra están en su mayor parte destruidos o muy alterados, siendo sólo posible su reconstrucción arqueológica.

En la arquitectura irlandesa[14]​ del periodo destacan las llamadas round towers o torres irlandesas (de las que hay también ejemplos en Escocia y en la isla de Man).

Los monasterios, autosuficientes, se dotaban de scriptorium y de talleres metalúrgicos para satisfacer sus necesidades litúrgicas.

Además de en los numerosos códices primorosamente iluminados ( Libro de Kells, Codex Amiatinus, Evangeliario de Lindisfarne, Libro de Durrow, Beda de San Pertersburgo,[29]​ o las de San Juan y San Martín de la abadía de Iona).

Las superficies se decoran profusamente ( horror vacui) con tramas intrincadas ( nudo celta), que no intentan dar impresión de profundidad, volumen o ¿recession?. En los manuscritos son características las páginas-tapiz, las capitulares historiadas (una invención "insular"), los cánones eusebianos[31]

La decoración, densa, compleja e imaginativa, tomó elementos de varios estilos anteriores. El arte celta primitivo conocido como estilo final de La Tène aportó las espirales, los trisqueles, los círculos y otros motivos geométricos;[37]​ provenía de los pueblos germánicos y otros eurasiáticos (también en el arte celta eran habituales los remates con forma de cabezas de animales). El entrelazado tenía todo tipo de precedentes, incluidos los mosaicos romanos y el arte copto, aunque el arte hiberno-sajón lo llevó a niveles de sofisticación nunca antes alcanzados.