Arqueología procesual

La arqueología procesual o arqueología de sistemas (a menudo conocida bajo la denominación inglesa de «New Archaeology»[1] ) es una escuela arqueológica anglosajona cuyos orígenes están en la publicación, en 1958, del libro «Method and Theory in American Archeology» por Gordon Willey, Philip Phillips et al. En él expresaban su paradigma científico con la siguiente frase: «La arqueología americana o es antropología o no es nada.», de este modo asumían que los objetivos de la disciplina arqueológica deberían ser idénticos a los de la Antropología Cultural.

Sin embargo el verdadero impulso de la arqueología procesual vino diez años más tarde de la mano de dos investigadores, el estadounidense Lewis Binford[4]

Crítica a la arqueología historicista europea

La filosofía procesual era una reacción contra la arqueología prehistórica europea, cuya base era fundamentalmente la Historia de la cultura, sobre todo de la cultura material. En palabras de David L Clarke, la arqueología europea historicista era:

«…una ciencia empírica e indisciplinada carente de un esquema de trabajo sistemático y ordenado basado en modelos y reglas de procedimiento claramente definidos y manifiestos; carecer, además de un cuerpo teórico central capaz de sistematizar las regularidades implícitas en sus datos de tal manera que los residuos excepcionales que distinguen cada paso puedan ser fácilmente aislados y fácilmente valorados»

Arqueología analítica, pág XII

En opinión de los miembros de esta escuela, la arqueología europea era un caos y sus practicantes se limitaban a una labor empírica, descriptiva y taxonómica, científicamente desfasada y excesivamente ligada a la cronología estratigráfica. Los viejos arqueólogos no recurrían al método científico, sino que se basaban en una amplia formación humanística, diletante, sin objetivos concretos, y, por lo tanto, ajenos al Método científico.[5] Los arqueólogos procesuales achacan a los prehistoriadores europeos que, en lugar de contrastar hipótesis científicas, tengan una fe ciega en las afirmaciones especulativas de grandes figuras de prestigio y en los hallazgos de los yacimientos estelares.

Para los procesuales, los arqueólogos historicistas carecen de hipótesis de trabajo, de paradigma científico o problemática explícita, que se limita a acumular el máximo de datos posibles, a menudo como meros técnicos (no científicos) en sondeos estratigráficos de una extensión insuficiente; describiendo hasta el más minúsculo detalle (a veces, sin saber por qué), elaborando así una taxonomía excesivamente dependiente de la tipología lítica y de la tipología cultural (por llamarla de alguna manera); con el único objetivo de conocer las coordenadas cronológicas. Según su opinión, la prehistoria historicista tradicional ni confirma ni refuta, sólo clasifica y describe, olvidándose de la verdadera esencia de las sociedades humanas, que reducen a una colección de artefactos-fetiche.

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