Archidiócesis de Tarragona

Archidiócesis de Tarragona
Archidiœcesis Tarraconensis
Escudo de la Archidiócesis de Tarragona.svg
Información general
Sede Tarragona
Erigida como diócesis Siglo I
Elevada a arquidiócesis Siglo V
Catedral Catedral de Santa Tecla
Diócesis sufragáneas Gerona
Lérida
Solsona
Tortosa
Urgel
Vich
Rito romano
Sitio web Web de la diócesis
Jerarquía apostólica
Papa Francisco
Arzobispo Jaume Pujol Balcells
Jurisdicción
Provincia eclesiástica Tarragona
Población católica 504.834 habitantes
Región Cataluña
Superficie 3146,6 km².
Archidiócesis de Tarragona.svg
Localización y extensión de la archidiócesis
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La archidiócesis de Tarragona (en latín: Archidioecesis Tarraconensis) es una jurisdicción eclesiástica de la Iglesia católica en España. Es la sede metropolitana de la provincia eclesiástica de Tarragona con seis diócesis sufragáneas: Gerona, Lérida, Solsona, Tortosa, Urgel y Vich.

La jurisdicción de la archidiócesis comprende los municipios del norte-España oriental, en la provincia de Tarragona, parte de la comunidad autónoma de Cataluña.

La sede episcopal de Tarragona fue establecida el siglo I, siendo elevada a archidiócesis en el siglo V.

La archidiócesis posee una gran riqueza arquitectónica en templos y santuarios, de los que varios han sido declarados Monumento nacional, varios de ellos son Basílicas menores.

Historia

Catedral de Santa María de Tarragona

Diócesis de Tarraco (hasta el siglo V)

Tarragona es una de las ciudades más antiguas de Hispania, probablemente de origen ibérico, como sus monedas y construcciones Ciclópeas indican.

Los romanos eligieron Tarragona como el centro de su gobierno en España. En la división de la península fue la capital primero de Hispania Citerior (Hither España) y después de la provincia de Hispania Tarraconensis.

La Iglesia de Tarragona es indudablemente una del más antiguas en España, que viene, según la tradición, de los tiempos de Santiago y San Pablo. La visita de Pablo a Tarragona entra dentro de una gama de posibilidades, si hubiera sido el caso de una visita desde Roma a España, como prometió hacer en la Epístola a los romanos (romanos 15:24), y que San Jerónimo afirma que hizo.

Se supone que San Pablo dejó alguien al frente de la comunidad cristiana y, sus sucesores, con el tiempo, acontecerían obispos. Las primeras referencias datan del siglo III en las Actas del Martirio del obispo San Fructuoso Y su diáconos Augurio y Eulogio. La lista de los obispos de Tarragona, por tanto, empieza con San Fructuoso, pero se supone que hubo otros obispos, cuyos nombres han sido perdidos.

El obispo tarraconense estuvo representado en el Concilio de Arlés (314) por dos procuradores, el sacerdote Probatius y el diácono Castorius. Más tarde, el obispo Himerius, por medio del sacerdote Basianus, solicitó al papa San Damaso la elevación a sede arzobispal, que fue concedida en el año 384 por su sucesor San Siricio.

En siglo V Tarragona fue invadida por los vándalos, suevos, y alanos.

Archidiócesis Tarraconense (siglo V-VII)

El rey visigodo, Eurico, tomó Tarragona en el 475 y la arrasó. Aun así Tarragona consiguió aguantar.

Con la llegada de los pueblos germánicos, florecieron los concilios provinciales:

  • Primer Concilio provincial de Tarragona (516-517): Convocado por el arzobispo Juan, en el que participan los 10 obispos de la provincia.
  • Concilio provincial en Gerona (517).
  • Concilios de Barcelona y Lérida (546): Convocado por el arzobispo Sergio.
  • Tercer Concilio de Toledo (589): El arzobispo Artemio manda como representante al clérigo Esteban.
  • Concilios provinciales de Zaragoza y Barcelona (599): Convocados por Artemio.
  • Concilio de Egara: Cpnvpcado por el arzobispo Eusebio.
  • El arzobispo Audax (633-638) participó en el Cuarto Concilio de Toledo (633), y Protasius (637-646) en el Sexto (638) y Séptimo (646) Concilios de Toledo. Cypriano (680-688) envió representantes al Decimotercer (683), Decimocuarto (684), y Decimoquinto (688) concilios de Toledo. El obispo Vera asistió personalmente al Decimosexto (693) y Decimoséptimo (694).

Gracias a las actas de estos concilios, se conocen los nombres de los arzobispos de Tarragona de aquellos años.

Tarrakuna musulmana (ca. 719-1116)

Entre el siglo VIII y mediados del X la sede estuvo vacante a causa de la invasión musulmana. En 711 el obispo san Próspero y otros habitantes de la antigua Tarraco se refugiaron en las costas italianas. Llevaron consigo las reliquias de santos que se conservaban en la sede y un antiguo libro litúrgico, el Oratorio visigótico tarraconense, que hoy se conserva en la Biblioteca Capitular de Verona. Los árabes destruyeron Tarragona en 719. Los obispos de Narbona y Barcelona presionaron para nombrarse metropolitanos, pero los diferentes papas no lo aceptaron.

Algunos clérigos, como Cesari o el obispo de Vic Ató se autodenominaron durante unos años obispos de Tarragona, pero sus intentos no perduraron. Con todo, el 1091 el papa Urbano II restituyó la sede arzobispal con dignidad metropolitana en la persona de Berenguer Sunifred. La cuestión estuvo parada hasta la reconquista de la zona por parte de Ramón Berenguer III.

Restauración de la archidiócesis de Tarragona

Tras la reconquista por los francos, la Marca Hispánica queda asignada a la archidiócesis de Narbona, y Tarragona fue restaurada como diócesis. Hay una leyenda que dice que Cesáreo, el primer obispo, consigue que el arzobispo de Santiago de Compostela lo ordene como arzobispo de Tarragona, restaurando la sede (y es leyenda, porque el primer Arzobispo de Santiago fue Diego Gelmírez consagrado en 1120, mientras que Cesáreo es de hacia 956). Mientras tanto, el obispo de Narbona Aimerico (927-977) y sus sucesores Armengol (977-1019), Guifredo de Cerdaña (1019-1079), Pedro Berenguer (1079) y Dalmacio (1079-1091) usaron ilegítimamente el título de arzobispo de Tarragona.

Después de Cesáreo, la sede permaneció vacante y Atón en 971 obtuvo del papa Juan XIII, por poco tiempo, el título de arzobispo de Tarragona e intentó restaurar la sede, instalándose en Vich. Por fin, el 1 de junio de 1091, el papa Urbano II restableció oficialmente la archidiócesis, a cuya cabeza puso a Berenguer Sunifred de Lluçà, que conservó la sede de Vich por la pobreza de la población tarraconense. El arzobispo de Narbona, acusándolo de querer desmembrar su sede, lo mantuvo preso hasta que no le pagara una importante indemnización.

En 1151 se fundó el monasterio cisterciense de Santa Maria de Poblet.

El 23 de marzo de 1154 el papa Anastasio IV estableció los límites de la archidiócesis y sus sufragáneas: Gerona, Barcelona, Urgel, Vich, Lérida, Tortosa, Zaragoza, Huesca, Pamplona, Tarazona y Calahorra. Ese año actuaba como obispo el capítulo de la catedral.[1]

En 1171 comienza la construcción de la catedral.

El 17 de junio de 1207, el papa Inocencio III concedió a los arzobispos de Tarragona el privilegio de coronar a los reyes de Aragón en Zaragoza.

El 10 de octubre de 1238 se erige la diócesis de Valencia y tras una larga disputa con Toledo, el papa se decide por integraela en la provincia eclesiástica de Tarragona.

En 1318 Zaragoza fue elevada al rango de archidiócesis metropolitana teniendo como sufragáneas a Huesca, Tarazona, Pamplona y Calahorra, desintegrandose de la provincia tarraconense.

Tras dos siglos de obras, en 1331 se consagró solemnemente la catedral con presencia del arzobispo sardo y de los obispos de la provincia.

De 1380 a 1388 la sede permaneció vacante, porque Pedro III de Aragón se negó a apoyar a ninguna de las facciones en el cisma de Occidente, por lo que los papas se negaban a nombrar arzobispo.

El 19 de julio de 1492, el cardenal Rodrigo Borja consigue del papa Inocencio VIII la elevsción de la sede de Valencia a archidiócesis metropolitana.

En 1498 se publica un misal siguiendo la «Consuetudinem Ecclesiæ Tarraconensis». Estará en vigor hasta 1589, cuando se aplica el rito romano.

Inmediatamente tras Concilio de Trento, en 1570, se creó el seminario metropolitano de san Pablo y santa Tecla.

En 1593 se creó la diócesis de Solsona y agregada a la provincia eclesiástica de Tarragona.

En 1691 el concilio provincial establece que el arzobispo de Tarragona debe seguir usando el título de Primado de España.

El 15 de diciembre de 1712 el arzobispo Isidro Bertrán, partidario del pretendiente al trono Carlos de Austria, fue depuesto por Felipe V por real decreto y la sede declarada vacante. El año siguiente, el papa Clemente XI envió al rey de España una bula de protesta y el arzobispo hizo acto de sumisión. Aun así, Felipe no quiso volverse atrás.

En 1722 reaparece la cuestión sobre el derecho de primacía de Toledo sobre Tarragona, pero le pretensión toledana fue confirmada.

En 1813 las tropas napoleónicas saquearon el palacio arzobispal, destruyendo los archivos diocesanos y capitulares. Ni siquiera respetaron una reliquia de Santa Tecla conservada en el monasterio de San Cugat del Vallés. Tras la destrucción, en 1815 se empezó a construir el nuevo palacio arzobispal.

Con la expropiación de las tierras de los monasterios, a partir del decreto de desamortización del gobierno de Juan Álvarez Mendizábal en 1836, muchos de ellos debieron ser clausurados por falta de rentas para mantenerlos y, entre ellos, es abandonado el monasterio de Santa María de Poblet y durante casi un siglo será saqueado por la población local.

En 1869 el arzobispo Fleix y Solans participó en el Concilio Vaticano I tomando sitio entre los primados.

El 14 de agosto de 1897 el papa León XIII convirtió el seminario en universidad pontificia.

En 1930 se inició la restauración del monasterio de Santa Maria de Poblet, de forma que en 1935 pudo dedicarse nuevamente la iglesia al culto, y en 1940 se reanuda la vida monástica.

En 1957 los límites de la archidiócesis se ampliaron, incluyendo un arciprestazgo que había pertenecido a la diócesis de Barcelona y otro de la diócesis de Vich.

El 25 de marzo de 1964 la diócesis de Barcelona es elevada al rango de archidiócesis, con dependencia directa de la Santa Sede, para adquirir posteriormente el rango de iglesia metropolitana, el 15 de junio de 2004.