Apostolado

A la izquierda, representación de Pablo de Tarso, a quien se llama en sentido estricto el Apóstol de las naciones por haber desarrollado su apostolado hasta los confines del mundo romano. A la derecha, Florence Nightingale, la dama de la lámpara, de quien se puede afirmar que durante la guerra de Crimea ejerció la enfermería como un apostolado.

Se llama apostolado (del latín, apostolātus) al oficio del apóstol, a su obra y a su actividad. La palabra apóstol proviene del vocablo griego άπόστολος (a su vez derivado del verbo άπόστέλλω, enviar), y significa enviado, mensajero, embajador. En sentido estricto, el apostolado tiene una significación eminentemente religiosa en el marco del cristianismo, mientras que en sentido laxo puede aplicarse a ciertas profesiones o actividades que, en su buen ejercicio y bajo ciertas circunstancias, signifiquen un nivel eminente de entrega y dedicación (v.gr., «en situaciones de carencia, la enseñanza es un apostolado»; o «ejerció la Medicina como un apostolado», etc.).

Concepto de apóstol

En el Nuevo Testamento, se emplea la palabra apóstol (άπόστολος) para designar, unas veces, a los doce discípulos más próximos a Jesús de Nazaret, a los que hay que añadir varios nombres: el de Matías el Apóstol (Hechos 1:15-26); el de Pablo de Tarso, apóstol de las naciones o apóstol de los gentiles por excelencia (Romanos 11:13), que se presenta como apóstol (Romanos 1:1; 1Corintios 1:1), no de parte de los hombres, sino de Jesucristo (Gálatas 1:1). Además, Pablo presenta a sus colaboradores Timoteo y Silas también como apóstoles (1Tesalonicenses 2:5-7), como así también a Bernabé. Otras veces se otorga el nombre de apóstoles a los diversos predicadores del Evangelio, incluso no pertenecientes a la jerarquía eclesiástica, a punto que se hace referencia al apostolado como uno de los carismas propios de la comunidad cristiana (1Corintios 12:28).[1]

Saluden a Andrónico y a Junia, mis parientes y compañeros de cautiverio, ilustres entre los apóstoles, que llegaron a Cristo antes que yo.

En este sentido, las palabras «misión» y «apostolado», del mismo modo que «misionero» y «apóstol», son etimológicamente equivalentes. Los términos «misión» y «misionero» provienen del verbo latino mitto, que significa enviar, exactamente igual que las palabras apóstol y apostolado. En sentido religioso, se considera al apóstol como un enviado de Dios y de la comunidad para predicar el Evangelio a los hombres.

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