Aparición mariana

La Virgen de Fátima ( Portugal), junto con la Virgen de Guadalupe ( México) y la Virgen de Lourdes ( Francia), son tres apariciones marianas de fama mundial.

En el catolicismo, las apariciones marianas son las manifestaciones de la Bienaventurada Virgen María –también llamadas mariofanías– ante una o más personas, en un lugar y tiempo histórico determinado. Algunas han sido reconocidas por la Iglesia católica.

Algunas de estas apariciones han dado origen a lugares de culto o peregrinación conocidos como santuarios marianos, algunos de ellos muy famosos (como el Santuario de Guadalupe, en México, el Santuario de Fátima, en Portugal, y el Santuario de Lourdes, en Francia). Otras han inspirado la creación de órdenes religiosas ( Orden de los Carmelitas, Orden de los Mercedarios, Orden Dominicana, entre otras), pero la mayoría no han tenido un fin institucional, sino de renovación espiritual, y sirven también en los casos más conocidos como destino de peregrinación.

Apariciones de la Santísima Virgen María

Las llamadas "apariciones" o manifestaciones de la Virgen María son fenómenos que aparentemente suceden a lo largo de la historia de la Iglesia. La Iglesia católica ha reconocido muy pocas, y aún éstas son consideradas "revelaciones privadas", dejando a los fieles en libertad de creer en ellas o no.

La Virgen del Pilar, advocación de la Virgen María, aparecida en el año 40 en Zaragoza, España.

La primera es la de la Virgen del Pilar al Apóstol Santiago en Zaragoza, en torno al año 40 d. C. Luego aparece la Virgen del Monte Carmelo manifestada a San Simón Stock. En la Edad Media aparece en Puy. Aproximadamente en 1392 se aparece bajo la advocación de Virgen de la Candelaria a dos pastores Aborígenes guanches en Tenerife ( Canarias, España). En 1481, se aparece en la isla de Gran Canaria bajo la advocación del Pino. En el siglo XVI la aparición a San Juan Diego en México bajo el nombre de Guadalupe. En Guanare, Venezuela, el 8 de septiembre de 1652 se registra la aparición de la Virgen María al Cacique de los Cospes, el indio Coromoto y a su mujer, diciéndole en su propia lengua: "Vayan a casa de los blancos y pídanles que les eche el agua en la cabeza para poder ir al cielo". En 1950 el Papa Pío XII declaró esta aparición mariana bajo la advocación de "Virgen de Coromoto" como Patrona de Venezuela, en 1996 el Papa Juan Pablo II la coronó en su visita al Santuario mariano en Guanare y el Papa Benedicto XVI elevó en 2006 al Santuario Nacional de Nuestra Señora de Coromoto a la categoría de Basílica Menor. La llamada Virgen del Huerto se le apareció al joven Sebastian descalzo (en la mitad del siglo del 1700). En el siglo XIX aparece en La Salette a los pastores Melanie Calvat y Maximin Giraud (1846); en Lourdes (1858) a Santa Bernadette Soubirous; y en el siglo XX aparece en Fátima (1917) a los pastorcitos Lucía dos Santos, Francisco y Jacinta Marto; entre 1941 y 1988 se le apareció a Felisa Sistiaga en Umbe y entre 1961 y 1965 a cuatro niñas en Garabandal (ambas las apariciones en territorio de España, si bien no cuentan con aprobación oficial de la Iglesia); entre el 27 de mayo y el 4 de junio de 1945 se apareció a dos niñas en La Codosera, Badajoz en un paraje llamado Chandavila; el 13 de julio de 1945 se le apareció a Pierina Gilli en Montichiari y Fontanelle, Italia, llamándose María Rosa Mística; y en 1999 se le apareció como Nuestra Señora de la Bondad en el Algarve, Portugal.

Otro ejemplo lo encontramos con las apariciones de Nuestra Señora de Medjugorje en la región de la ex- Yugoslavia, en el pueblo de Medjugorje en Bosnia y Herzegovina, si bien todavía no cuentan con una aprobación oficial de la Iglesia. Desde el 24 de junio de 1981, seis niños aseguraron que se les apareció en diversas ocasiones la Virgen (o como ellos la llaman en su lengua "Gospa") de manera frecuente.

De izquierda a derecha, Lucía dos Santos, Francisco Marto y Jacinta Marto, considerados por la Iglesia Católica los niños videntes de Fátima.

Prácticamente cada santuario mariano tiene como origen una revelación o un fenómeno extraordinario vinculado a la Virgen María. La actitud de la Iglesia católica ante estos fenómenos ha variado según el caso, desde la aceptación, luego de un proceso de investigación y análisis intenso, hasta el rechazo. Muchas apariciones, especialmente sucedidas en el siglo XX, no cuentan aún con un dictamen formal. Benedicto XV fijó las normas a seguir para estudiar estos casos, en los que participa también la ciencia.

La praxis de los favorecidos con las mariofanías, incluidos fundadores de órdenes religiosas, ha sido el secretismo de las supuestas comunicaciones de María, por temor al malentendido y miedo a que la obra de fundación se viera perjudicada.

Quienes detentan opiniones adversas a las mariofanías las asocian a movimientos marginales en la Iglesia, a expresiones excesivas de la piedad popular o incluso a alucinaciones colectivas. Desde fuera de la Iglesia, se las atribuye a veces a manipulaciones de la ignorancia popular por parte de los eclesiásticos o de los mismos gobiernos. Ha habido ocasiones en las que las autoridades civiles, y hasta las eclesiásticas, fustigaron a los presuntos videntes (tales los casos de Bernadette Soubirous en Lourdes o Lucía dos Santos, Francisco Marto y Jacinta Marto en Fátima).

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