Antonio López Sierra

Antonio López Sierra

Verdugo titular de Madrid
1949- 1974
Predecesor Cándido Cartón
Sucesor Nadie

Información personal
Nacimiento 16 de junio de 1913
Flag of Spain (1785-1873 and 1875-1931).svg Badajoz, España
Fallecimiento 1986 (73 años)
Bandera de España Madrid, España
Residencia Malasaña, Madrid
Nacionalidad Española Ver y modificar los datos en Wikidata
Familia
Cónyuge Desconocida
Hijos 13[2]
Información profesional
Ocupación Verdugo
Notas
Fue, junto con José Monero Renomo, el último verdugo activo en España.[1]
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Antonio López Sierra ( Badajoz, 16 de junio de 1913[3]​ - Madrid, 1986) fue un verdugo español, que ocupó la plaza titular en la Audiencia Territorial de Madrid entre los años 1949 y 1975.

Biografía

Antonio López Sierra era natural de Badajoz, donde nació en el seno de una humilde familia de seis hijos. A los 17 años contrae matrimonio. Para ganarse la vida trabajó de albañil, pero también estuvo implicado en actividades delictivas que le llevaron a la cárcel durante unos meses por el robo en una gasolinera. En 1936 se alista como soldado del ejército nacional durante la Guerra Civil española, después fue como voluntario a Rusia con la División Azul, recalando posteriomente en Berlín donde pasó una temporada trabajando de barrendero.[2]​ Al regreso de Alemania, sigue sin estabilizar su vida. Estuvo unos meses recorriendo las ferias de su tierra vendiendo caramelos y haciendo pequeñas estafas, contrabando y estraperlo, junto con su amigo y después compañero de oficio Vicente López Copete.

Ambos ingresaron en el cuerpo en el año 1949, por mediación de un inspector de policía de Badajoz.[5]

El primero de los reos ejecutados por López Sierra fue Ramón Oliva Márquez, apodado "Monchito",[6]​ de 22 años y que fue condenado a muerte por robo con homicidio en 1952. Este caso fue una de las causas célebres más importantes de aquella época, y el desarrollo de los hechos fue seguida por la prensa con inusitado interés. López Sierra recibió una gratificación de 60 pesetas por el trabajo.

Entre sus ejecuciones más famosas se encuentran la de Pilar Prades Expósito, la envenenadora de Valencia, y la del conocido asesino José María Jarabo, condenado por dar muerte a cuatro personas. Estos dos casos fueron de lo más controvertido, y quienes han reunido información sobre el tema han cuestionado la profesionalidad en la actuación de López Sierra. En el caso de Pilar Prades, se vio presionado por el hecho de tener que ejecutar a una mujer (se dice que atiborrado de tranquilizantes), según su propio testimonio en el documental Queridísimos verdugos. Lo cierto es que no era la primera vez que le tocaba tal tarea, pues en 1954, y asimismo en Valencia, ajustició a Teresa Gómez, con lo que no queda muy clara esa reluctancia a la hora de dar muerte a una mujer. La escena final de la película de Luis García Berlanga, El verdugo, parece un cruel remedo de lo que ocurrió en la ejecución de Pilar Prades.

En la ejecución de Jarabo, la portentosa fuerza física del reo (que tenía un cuello más grande de lo normal) y la presunta embriaguez del verdugo (que excusó alegando rumores de sentirse amenazado de muerte)[7]​ provocaron que la muerte llegara al cabo de más de veinte minutos de retorcimientos y convulsiones, según dijo el abogado defensor de Jarabo.

Asistió como ayudante en la ejecución de Santiago Viñuelas Mañero, reo que llegó a estrecharle la mano porque le conocía.[7]

Su última actuación, probablemente la más recordada, tuvo lugar en la Cárcel Modelo de Barcelona, donde agarrotó al militante anarquista Salvador Puig Antich el 2 de marzo de 1974.[4]​ No estuvo tampoco exenta de polémica su última misión, que en principio, ni siquiera le correspondía. Su compañero Vicente López Copete, apartado del servicio, era quien debía haberla llevado a cabo, pero fue López Sierra el designado. Parece que no le resultó fácil actuar con la celeridad requerida porque había bebido más de la cuenta. López Sierra no acertó a encajar bien las piezas del garrote vil, lo que alargó angustiosamente la muerte de Puig Antich.

Retirado del servicio, se empleó como portero de fincas[4]​ El periodista Javier Rioyo recordaba a López Sierra como un hombre derrotado, con pocos amigos, que vivía con su esposa en un piso "donde lo único que parecía vivo era un pajarito que tenían". Murió en 1986, a la edad de 73 años.