Antonio Aparisi Guijarro

Antonio Aparisi Guijarro, grabado de Vicente Aznar.

Antonio Aparisi Guijarro ( Valencia, 29 de marzo de 1815 - Madrid, 5 de noviembre de 1872) fue un político y periodista tradicionalista español.

Biografía

Huérfano de padre muy pronto, la familia quedó en suma pobreza, pese a lo cual logró iniciar sus estudios en el Colegio Andresiano de su ciudad natal, aunque con mínimo aprovechamiento al principio, por lo que sus educadores llegaron a dudar de que pudiera continuarlos. Sin embargo, superada pronto aquella crisis escolar cursó Derecho, primero en la Universidad de Valencia y después en la de Madrid hasta su licenciatura, conseguida la cual ejerció como abogado primeramente en su tierra y más tarde en la Corte, donde alcanzó gran fama como jurisconsulto. No obstante, su gran vocación era la política al servicio de unos muy sólidos ideales católicos, que lo llevaron a afiliarse, apenas acabados sus estudios, en el partido tradicionalista, del que años más tarde sería jefe. En 1843 fundó la revista La Restauración, y en 1855 el periódico El Pensamiento de Valencia. En 1858 conseguía su primer acta de diputado por Valencia, defendiendo en las Cortes el poder temporal de los Papas y acreditándose como gran orador. De 1862 a 1872 dirigió[ cita requerida] La Regeneración, a través de cuyas páginas, así como desde la tribuna pública, atacó al liberalismo, la democracia y, muy especialmente, el krausismo. El 3 de diciembre de 1860, invitado por Ortí y Lara, pronunció un discurso en la Sociedad Literario-Católica La Armonía, que constituyó un grito de combate contra los enemigos de la España tradicional católica y en el que afirmaba: La razón iluminada por la fe se llama Santo Tomás de Aquino; la razón enemiga de la fe se llama Federico Krause. También por estos años colaboró en La Esperanza y La Estrella.

En 1865 es nuevamente elegido diputado por Valencia y Pamplona y al año siguiente la Real Academia de la Lengua lo nombraba miembro de número (para la silla g) de la Corporación[3] mientras pronunciaba un discurso en el Congreso.

Muy influido en su pensamiento por Jaime Balmes y Donoso Cortés su obra constituye hoy uno de los más sólidos pilares del tradicionalismo, siendo perceptible a su vez su presencia doctrinal en varias de las figuras que le sucedieron en las filas del carlismo, como Enrique Gil Robles, Vázquez de Mella y Víctor Pradera.

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