Antitauromaquia

Acto antitaurino en Murcia en 2009.

Se conoce como antitauromaquia al rechazo a la tauromaquia; esto es, al acto de hacer corridas de toros u otros espectáculos o festejos utilizando animales y que atentan contra la vida y/o integridad física de estos mismos.

Las corridas de toros, en su sentido moderno, nacen en España en el siglo XVIII y desde entonces han despertado críticas y desatado polémicas, incluyendo prohibiciones esporádicas, desde sus mismos comienzos hasta hoy mismo. Los argumentos de sus detractores han cambiado en el transcurso del tiempo según el momento histórico, y ha tenido justificaciones variadas: religiosas, morales, económicas, estéticas, políticas y culturales, entre otras.

Historia

Manifestación antitaurina en Zaragoza.

La tauromaquia (considerada 'fiesta' por los aficionados taurinos), incluye un complejo conjunto de manifestaciones que suponen la confrontación entre el humano (M ó F) y los bóvidos (toros, vacas, becerros...), siguiendo modalidades muy diversas.[1]

Estas manifestaciones siempre han tenido partidarios y detractores, tanto entre los sectores populares como entre la clase política e intelectual. Según Alberto de Jesús, «las fiestas de los toros han sufrido a lo largo de su existencia numerosos ataques de los gobernantes políticos, opositores e incluso la Iglesia por intentar eliminarla, fracasando cualquiera de ellos».[2]

Las críticas a los eventos violentos con animales se remontan a la antigüedad romana, con las críticas de Cicerón contra los espectáculos con fieras en el anfiteatro. A ellas siguieron las críticas de los primeros escritores cristianos y canonistas a las llamadas venationes, como Prudencio, Casiodoro, San Agustín o San Juan Crisóstomo, que censuraban los espectáculos públicos con fieras (incluidos los toros bravos), por arriesgar frívolamente la vida humana, postura de orden moral que se prolongó más o menos en los mismos términos durante la Edad Media y que movió a varios papas a promulgar prohibiciones. Por ejemplo, la bula papal Salute Gregis (1567), de Pío V, que prohibió los espectáculos taurinos. Gregorio XIII, su sucesor, levantó parcialmente la prohibición ocho años después a ruego de Felipe II. [13]. El motivo, según cuenta Cossío es que la prohibición causaba perjuicios no a la fiesta, sino a la propia religión católica española: «era el principal [perjuicio] el desprecio que de la excomunión hacían los aficionados a correr y ver correr los toros» en plena época de la Inquisición.

Ya como espectáculo moderno, en el siglo XVIII las corridas de toros han sido polémicas y han sufrido críticas e incluso prohibiciones. La nueva dinastía llegada a España (los Borbones), y en general la aristocracia afrancesada, despreciaba estos espectáculos por considerarlos indignos y propios del populacho, por lo que Felipe V prohibió su ejercicio a sus cortesanos (1723). Fernando VI solo consintió las corridas a cambio de que sus beneficios se destinasen a obras de caridad como sufragar hospitales y hospicios. Algunos ilustrados, como Jovellanos, se oponían a estos espectáculos por considerarlos poco didácticos.

Real Cédula que prohibía las fiestas de toros en España (1805).

Carlos III, influido por el Conde de Aranda, prohibió las corridas de toros en 1771. Sin embargo se hizo caso omiso y se continúo con la práctica. Francisco de Goya recogió en su serie de grabados sobre La Tauromaquia. Gobernantes posteriores intentaron prohibir las corridas: Carlos IV volvió a hacerlo en 1805. Tras la Guerra de la Independencia Española, a lo largo del siglo XIX, surgía con frecuencia en el Congreso de los Diputados el debate de la prohibición. La última vez fue en 1877, cuando el Marqués de San Carlos propuso a los diputados la prohibición de las corridas de toros.

Un tipo esencialmente diferente de espectáculos violentos con animales es lo que supone el combate entre animales, sin intervención directa del humano. Así, en Inglaterra eran frecuentes los hostigamientos de toros, peleas entre perros y toros, igual que los hostigamientos de osos. Sin embargo estas prácticas fueron prohibidas en 1824, el mismo año en que se fundó The Royal Society for the Prevention of Cruelty to Animals.

Además de los combates entre especies diferentes (toro/perros, oso/perros) fueron frecuentes los combates entre animales de la misma especie (perros, gallos...). Estos espectáculos eran de una naturaleza diferente a tauromaquia. En el siglo XXI continúa desarrollándose la tauromaquia en España, Francia, Portugal, México, Colombia y otros países de Hispanoamérica.[ cita requerida] Los juegos taurinos son, sin embargo, muy diversos e incluyen todas las formas de rodeos presentes entre Norteamérica Y Sudamérica.[ cita requerida]

Al igual que el pueblo español, sus intelectuales se han dividido históricamente entre partidarios y detractores de las corridas de toros. Las críticas de algunos ilustrados a la tauromaquia, la recuperaron luego los escritores de la Generación del 98 que, en un principio, la veían como síntoma del atraso español. Un ejemplo notable de esta época fue el escritor antitaurino Eugenio Noel, que vinculaba los toros a lo que denominaba «crímenes de raza». Para el escritor madrileño, la Fiesta se reducía a sangre, crueldad y porquería. Otra de las acusaciones de Eugenio Noel contra las corridas es «la funesta cualidad de ser el único rasgo enteramente nacional; solo la afición a los toros une las regiones y hace andaluz al éuscaro y extremeño al catalán y castellano al andaluz».

Miguel de Unamuno, escritor y filósofo español, también se posicionó en contra declarando:

"Siempre me han aburrido y repugnado las corridas de toros."

Miguel de Unamuno"[3]

Félix Rodríguez de la Fuente, naturalista español, afirmó de la tauromaquia:

"La fiesta nacional es la exaltación máxima de la agresividad humana."

Félix Rodríguez de la Fuente.[3]

Los argumentos de los detractores de las corridas de toros han variado según el momento histórico, pero el objetivo ha sido siempre su abolición.

Ya en el siglo XXI el número de festejos taurinos desciendo un 12% en 2012 y acumula una caída del 40% en los últimos cinco años. En 2008 se celebraron 3.295 espectáculos de tauromaquia, frente a los 1.197 que tuvieron lugar en 2014.[6]

Other Languages