Antiperonismo

Spruille Braden, embajador estadounidense, uno de los principales impulsores del antiperonismo.

El antiperonismo es una posición política que se caracteriza por una categórica oposición al peronismo, el movimiento político creado en Argentina por Juan Domingo Perón.

En 1955, a partir de una expresión usada en un programa humorístico, comenzó a llamarse “gorilas” a los antiperonistas, con un sentido elogioso. Con el correr de los años el término también comenzó a ser utilizado por peronistas y no peronistas, pero con un sentido despectivo.

Origen

El antiperonismo surgió como reacción de varios sectores de la población argentina contra el ascenso político del coronel Juan Domingo Perón cuando se desempeñaba como secretario de Trabajo y Previsión, secretario de Guerra y vicepresidente de facto durante la dictadura surgida de la Revolución de 1943.

El gobierno de 1943-1946 estuvo integrado por grupos de diferentes ideologías; en particular Perón, lideró un grupo que se fue consolidando durante ese período, integrado por la mayor parte de los sindicatos socialistas y sindicalistas revolucionarios que impulsaban una novedosa política de derechos laborales y desarrollo industrial y que ganó la simpatía de amplios sectores populares social y étnicamente discriminados.

En contra del peronismo de Perón y los sindicatos que lo apoyaban se constituye un grupo "antiperonista" a mediados de 1945. El embajador estadounidense en Argentina, Spruille Braden, les apoya.[1]

A finales de 1945, la Unión Democrática —constituida por un grupo de partidos políticos opuestos a Perón, formó un frente electoral con ese nombre integrado por la Unión Cívica Radical, el Partido Socialista, el Partido Comunista y el Partido Demócrata Progresista y presentó la fórmula José P. Tamborini-Enrique Mosca para candidatos a presidente y vicepresidente respectivamente para competir contra la fórmula Juan Domingo Perón-Hortensio Quijano apoyada por el Partido Laborista, los sindicatos y la Unión Cívica Radical Junta Renovadora en las elecciones presidenciales de Argentina de 1946.

Estados Unidos impulsó el antiperonismo a través de su embajador como respuesta a la política de desarrollo industrial,[cita requerida] al fortalecimiento del sindicalismo y los derechos laborales y a la postura neutral mantenida por Argentina durante gran parte de la Segunda Guerra Mundial, sostenida tanto por el gobierno de la Concordancia entre 1939 y 1943), como durante la Revolución del 43 entre 1943 y 1944.

Por su parte otro foco de antiperonismo fue la figura del embajador Braden, quien impulsó la invasión de la Argentina desde la OEA,[2]​Perón respondió con el argumento de la autodeterminación argentina frente al imperialismo estadounidense, postura que resumió en el eslogan "Braden o Perón".

En las elecciones Perón triunfó con el 52,84 % de los votos, por 280 786 votos de diferencia sobre la UD.

Características

A partir de 1945, la aparición del peronismo en la Argentina produjo una clara división social y política de la población, entre peronistas y antiperonistas, con componentes altamente emocionales.

En términos sociales, el antiperonismo tiene un gran arraigo en los sectores altos de la sociedad, en la que casi no hay simpatizantes peronistas, y una importante presencia en las clases medias urbanas de la ciudad de Buenos Aires.[6]

La historiadora Silvia Sigal sostiene que el antiperonismo nació no como oposición a las nuevas políticas sociales[7]​sino que:

Perón era percibido, sobre todo, como una figura del régimen militar y, dentro de este, formando parte de la fracción de coroneles pronazis.

Por otro lado, intelectuales de las más diversas ideologías desde los provenientes de la izquierda, del comunismo, el socialismo, el sindicalismo , el nacionalismo apoyarían y adscribirían al peronismo, que contaría con intelectuales como Carlos Astrada, Juan José Hernández Arregui, Carlos Cossio, José Balseiro, Alfredo Pucciarelli, José María Rosa, Diego Luis Molinari, Arturo Enrique Sampay, Hernán Benítez, José Enrique Miguen, José María Castiñeira de Dios, Leonardo Castellani, Arturo Jauretche, Jhon William Cook, etc.

La historiadora Flavia Fiorucci dice que intelectuales de las más diversas ideologías, desde los que se expresaban en la revista liberal estetizante Sur hasta los que escribían en el diario socialista La Vanguardia rechazaron a Perón en su gran mayoría y que cuando este inició su gobierno lo consideraron como la instauración del fascismo. Un grupo minoritario de intelectuales apoyó a Perón –integrado por nacionalistas de derecha que desconfiaban del sistema democrático y de la alianza de Perón con los obreros, y los nacionalistas populares que buscan construir una democracia social-[9]

Entre los intelectuales antiperonistas se encontraba el escritor Julio Cortazar, que en su novela El examen, en donde describe desde una postura de clase media alta, los sentimientos de miedo y rechazo ante el avance de los sectores más postergados.

Dentro de la corriente antiperonista también se enrolaron grupos de inspiración corportivista, fascista, antisemita, nazi y estalinista, así como partidarios de las dictaduras militares de derecha latinoamericanas, que tuvieron especial importancia durante las dictaduras autodenominadas Revolución Libertadora (1955-1958), Revolución Argentina (1966-1973) y Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983).[15]

Si bien Perón era militar y hubo muchos militares peronistas, también el antiperonismo tuvo una gran presencia en las Fuerzas Armadas[cita requerida], y muy especialmente en la Armada. Entre los militares que gobernaron el país (por ejemplo el almirante Isaac Rojas)[18]​mantuvieron una estricta posición antiperonista.

En el año 1955, los comandos civiles antiperonistas cometerían fuertes actos de violencia, colocando bombas en abril en la Confederación General Universitaria (CGU), o el mismo mes en Mar del Plata sobre la CGT y el Partido Peronista, como asimismo en los meses sucesivos en las Embajadas de Yugoslavia e Israel, provocan al mismo tiempo serios destrozos en la ciudad, como en el Banco Nación, la Lotería Nacional, el Ministerio de Asistencia Social y Salud Pública, YPF, etc. También cabe mencionar que ante en la desconcentración de un acto peronista en el Congreso en junio del 1955 le arrojan agua hirviente a los manifestantes.[22]

Oscar Camilión, que fue ministro de Defensa del Proceso de Reorganización Nacional y del presidente peronista Carlos Menem, afirmó que el denominador común del rechazo al peronismo comenzó de 1946 en adelante y que

no eran necesariamente las ideas económicas de Perón, ni las ideas sociales, sino ciertamente su autoritarismo y la obsecuencia que habían caracterizado de un modo muy profundo su sistema.[23]

Lexicología

Algunos sectores antiperonistas desarrollaron posiciones racistas de alto contenido emocional y gran difusión, en la que se considera a los peronistas como “negros”, dándole a la palabra “negro” un sentido peyorativo. También formaron parte del léxico antiperonista apelativos despectivos como “cabecita negra”, “grasa”, ”descamisado”, o “groncho”. También se hizo famoso el término “aluvión zoológico”, utilizado para definir la llegada del peronismo al poder, creado por el diputado radical Ernesto Sammartino, quien por sus discursos en las sesiones del Congreso enfrentó varias denuncias por desacato y debió finalmente exiliarse.

En esta posición racista antiperonista se destaca el rechazo a un amplio sector social denominado peyorativamente “cabecitas negras” y que fue una consecuencia de la política clasista del propio Perón al dirigir sus discursos y acción de gobierno a sus "descamisados" y generar una división que alcanzó a toda la sociedad argentina. [cita requerida]

El término “cabecita negra” fue aplicado para designar a las personas que migraron a partir de la década de 1930 desde las zonas rurales y más atrasadas del país hacia las grandes ciudades y en especial Buenos Aires y se incorporaron como obreros industriales en las nuevas fábricas abiertas por el proceso de industrialización, dando lugar luego a las denominadas “villas” en el conurbano bonaerense a partir de la década de 1930. También se crearon fenómenos similares en las zonas aledañas a las demás ciudades más pobladas del país: Córdoba y Rosario principalmente. Formando así los conglomerados denominados Gran Buenos Aires, Gran Córdoba y Gran Rosario, que son constituidos entonces, por la periferia de estas grandes ciudades. Social y culturalmente se diferenciaban de los trabajadores inmigrantes europeos que habían llegado a la Argentina en las décadas anteriores.

El escritor Julio Cortázar, en su novela El examen, de 1950, recreó el siguiente diálogo entre un grupo de jóvenes antiperonistas que asisten a una manifestación peronista en la plaza de Mayo:

No me importan ellos -dijo Juan-. Me importan mis roces con ellos... Me jode no poder convivir, entendés. No-poder-con-vivir. Y esto ya no es un asunto de cultura intelectual, de si Braque o Matisse o los doce tomos o los genes o la archimedusa. Esto es una cosa de la piel y de la sangre. Te voy a decir una cosa horrible, cronista. Te voy a decir que cada vez que veo un pelo negro lacio, unos ojos alargados, una piel oscura, una tonada provinciana, me da asco.[24]

La frase "¡Viva el cáncer!", pintada en las paredes de las ciudades cuando Eva Perón, la segunda esposa del líder peronista moría de esa enfermedad, constituyó una manifestación extrema del antiperonismo.[26]​ La periodista Patricia Sández ha relatado en un artículo titulado "Viva el cáncer, paredón y después..." y publicado en el diario La Nación que personalmente recogió testimonios que acreditan el hecho.[27]

El historiador antiperonista Hugo Gambini ha cuestionado la veracidad de esta inscripción, sosteniendo que no hay pruebas de que tal grafiti hubiera sido escrito.[28]

En 2017, el economista libertario y antiperonista Javier Milei, retomó la relación haciendo un chiste en el programa televisivo Animales sueltos, conducido por Alejandro Fantino, sobre un ramal ferroviario llamado Eva Perón, diciendo que con ese nombre no podía funcionar bien, porque "ese tren es un cáncer", desatando las risas de los participantes.[30]​ en el que se vuelve a utilizar la frase para insultar a Eva Perón:

Cortala con Eva Perón, hermano. No te vende, boludo. Es una puta, una ramera. Usted es peronista del peronismo, no de Evita. Lo respeto por eso, pero Evita no vende nada. No me mande fotos de Evita porque Evita es un cáncer. Viva el cáncer.[31]

Partidos políticos

Con la llegada del peronismo al poder los partidos políticos argentinos tendieron a dividirse en un sector abiertamente antiperonista y un sector más orientado a la convivencia y a establecer acuerdos con el peronismo.

La Unión Cívica Radical se dividió en 1957 y el sector más antiperonista se organizó en la Unión Cívica Radical del Pueblo, UCRP, liderada por Ricardo Balbín. El otro sector, desarrollista y proclive al diálogo con el peronismo, especialmente por razones de estrategia electoral, fue la Unión Cívica Radical Intransigente, UCRI, estuvo encabezado por Arturo Frondizi, quien fue presidente con el apoyo de los votos peronistas.

El conservador Partido Demócrata Nacional también se dividió entre los que mantenían una dura posición antiperonista, encabezados por Horacio Thedy, y los que no se oponían al peronismo, encabezado por Vicente Solano Lima.

Asimismo el Partido Socialista se dividió muchos dirigentes sindicales socialistas se sumaron a las filas del peronismo, como Ángel Borlenghi, quien fuera secretario general de la CGT socialista y llegó a ser el segundo hombre en importancia del gobierno peronista, ocupando el cargo de ministro del Interior. El sector más antiperonista de Américo Ghioldi se organizó como Partido Socialista Democrático. En 1953 se funda el Partido Socialista de la Revolución Nacional, dirigido por Jorge Abelardo Ramos, Enrique Rivera, Jorge Enea Spilimbergo, Esteban Rey, Enrique Fernández y Alberto Converti entre otros, y que en las elecciones legislativas de 1954, a pesar de los ínfimos recursos, obtuvo 100 000 votos, apoyando este grupo al peronismo.

El Partido Comunista se dividió entre una posición radicalmente antiperonista, representada por Victorio Coddovila, y un sector del comunismo más cercano al peronismo, representado por Rodolfo Puiggrós. Durante los primeros gobiernos peronistas, muchos grupos de izquierda sostuvieron que la base del justicialismo era ampliamente popular, y por lo tanto no se le podía enfrentar, sino que se debía realizar una apertura hacia él y ubicarse en un apoyo crítico. En esta posición se ubicaron algunos sectores del trotskismo y de la izquierda independiente. Esta misma concepción fue sostenida por un dirigente tradicional del Partido Socialista, Enrique Dickman, quién formó el Partido Socialista de la Revolución Nacional (PSRN), que fue integrado por algunos militantes tradicionales, y recibió apoyo de la izquierda independiente.

Ante el avance de una corriente interna de la juventud radical progresista, Balbín prefirió concordar con Perón. Balbín a su vez había apoyado la Revolución Libertadora en 1955, la ilegalización del peronismo y la anulación de las elecciones provinciales ganadas por el peronismo en 1962, que llevaron al derrocamiento de Arturo Frondizi.

Un hecho de cierta importancia histórica en el conflicto peronismo-antiperonismo fue la alianza personal entre 1972 y 1974 y el histórico abrazo entre Ricardo Balbín y Juan Domingo Perón. El abrazo entre Balbín y Perón sucedió en un momento histórico de alta violencia política en la Argentina, y presuntamente abrió una cultura de diálogo democrático, que recién se concretó en 1983.

Violencia política

El antiperonismo está muy relacionado con la violencia política que afectó a la Argentina entre 1945 y 1983. El periodista Blas García considera que "el antiperonismo fue terrorista y golpista desde su origen".[32]

Entre los actos de violencia cometidos por grupos antiperonistas se destacaron los atentados realizados por los llamados comandos civiles, entre los que sobresalió el atentado en la plaza de Mayo del 15 de abril de 1953.[33]​ El 16 de junio de 1955 diversos grupos de militares y civiles antiperonistas produjeron el bombardeo de la plaza de Mayo, asesinando más de 300 personas y dejando heridas a otras 800.

Los grupos antiperonistas también participaron activamente en los golpes de Estado del 28 de septiembre de 1951, y 16 de septiembre de 1955 (Revolución Libertadora) y 24 de marzo de 1976 (Proceso de Reorganización Nacional).

La autodenominada "Revolución Libertadora" inició una política para "desperonizar" el país, que incluyó una política represiva sistemática contra ciudadanos peronistas, con fusilamientos, detenciones, cesantías, discriminación política y proscripciones electorales que continuó hasta 1973. En especial se cuestionan los fusilamientos de 1956 contra el general Juan José Valle y otros militares y civiles peronistas que se habían levantado contra la dictadura, incluyendo los fusilamientos clandestinos de José León Suárez.

Durante el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional se cuestiona la política sistemática de terrorismo de Estado, dentro de la cual tuvo un papel importante la organización terrorista Triple A creada por el ministro de Bienestar Social de las presidencias peronistas de 1973 en adelante.[34]

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