Antimilitarismo

El Fusil roto, logotipo de las organizaciones antimilitaristas, y objetores de conciencia al servicio militar y el alistamiento para la guerra como la Internacional de Resistentes a la Guerra.
It Shoots Further Than He Dreams (Dispara más lejos de lo que sueña) viñeta antimilitarista de John F. Knott. Publicada por primera vez en marzo de 1918.

El antimilitarismo es la ideología que se opone al militarismo, el ejército, las fuerzas armadas así como cualquier otra forma de ejercicio de la violencia o planificación de la agresión por parte del Estado, considerándolas como instrumentos de opresión. La oposición principal es contra la existencia del ejército, máxima expresión del militarismo, y también por los valores que generalmente representa y fomenta como la xenofobia, sexismo, homofobia, jerarquización, sumisión, dominación, opresión, dependencia y nacionalismo que desembocan en la guerra.[1]

La oposición al militarismo, los ejércitos y la guerra implica la defensa de valores como la participación, la democracia participativa, el apoyo mutuo y el necesario entre las personas y sociedades, imprescindibles para una convivencia en paz.

El antimilitarismo identifica los aspectos de la vida cotidiana en los que se han producido procesos de militarización y aquellos espacios desde los que se promueve el militarismo, para cuestionarlos, reducir su capacidad de influencia e incluso hacerlos desaparecer. Desde el momento en que el militarismo es la ideología que promueve los valores militares y la influencia de lo militar en el máximo de aspectos de la sociedad, la política y la economía, el antimilitarismo persigue el fin del militarismo y responde con propuestas desmilitarizadoras a los procesos de militarización existentes.

El antimilitarismo cuestiona, por tanto, las Fuerzas Armadas y los ejércitos, pero también aquellos cuerpos con métodos y maneras militarizadas, aunque tengan funciones policiales. De hecho, los movimientos antimilitaristas contabilizan como gasto militar no solo todo aquello relacionado con la defensa, sino también los cuerpos de seguridad, incluyendo las policías civiles, ya que consideran que utilizan medios asimilables a los militares y tienen objetivos también semejantes a los de las denominadas como funciones internas de los ejércitos, por las que pueden ser un medio de disuasión y represión de movilizaciones y procesos de cambio social. Es decir, los antimilitaristas consideran el control ejercido a la sociedad desde diferentes espacios del Estado, como los cuerpos de seguridad, como otro aspecto militar de la sociedad.

El antimilitarismo reivindica la horizontalidad frente a las relaciones jerárquicas; la igualdad entre hombres y mujeres frente al sexismo imperante en las estructuras militares; la tolerancia y respeto por el diferente frente al racismo y xenofobia presentes en los procesos militarizadores; el internacionalismo o ciudadanía del mundo frente al patriotismo y exaltación de valores nacionalistas de superioridad de una identidad nacional sobre el resto, necesarios para mantener estructuras militares compuestas por personas dispuestas a utilizar la violencia contra nacionales de otro país.

El antimilitarismo se opone a la violencia del Estado contra sus ciudadanos e incluso, en algunos casos, a la existencia del propio Estado, mostrando así cercanía con el anarquismo. Sin embargo no todas las personas antimilitaristas son anarquistas. Del mismo modo que su oposición a la violencia no supone un planteamiento necesariamente noviolento. Si bien una buena parte de los movimientos antimilitaristas se definen noviolentos y/o pacifistas, hay quienes abogan por la revolución o la autodefensa con medios violentos. En algunos casos el término antimilitarismo puede llegar a ser utilizado también por grupos de ideología muy distante a la del antimilitarismo noviolento, como en EEUU, donde hay quien se define como antimilitarista como oposición a la existencia de un ejército estatal, pero propone como alternativa la existencia de milicias ciudadanas armadas.

El antimilitarismo identifica los aspectos de la vida cotidiana en los que se han producido procesos de militarización y aquellos espacios desde los que se promueve el militarismo, para cuestionarlos, reducir su capacidad de influencia e incluso hacerlos desaparecer. Desde el momento en que el militarismo es la ideología que promueve los valores militares y la influencia de lo militar en el máximo de aspectos de la sociedad, la política y la economía, el antimilitarismo persigue el fin del militarismo y responde con propuestas desmilitarizadoras a los procesos de militarización existentes.

El antimilitarismo cuestiona, por tanto, las Fuerzas Armadas y los ejércitos, pero también aquellos cuerpos con métodos y maneras militarizadas, aunque tengan funciones policiales. De hecho, los movimientos antimilitaristas contabilizan como gasto militar no solo todo aquello relacionado con la defensa, sino también los cuerpos de seguridad, incluyendo las policías civiles, ya que consideran que utilizan medios asimilables a los militares y tienen objetivos también semejantes a los de las denominadas como funciones internas de los ejércitos, por las que pueden ser un medio de disuasión y represión de movilizaciones y procesos de cambio social. Es decir, los antimilitaristas consideran el control ejercido a la sociedad desde diferentes espacios del Estado, como los cuerpos de seguridad, como otro aspecto militar de la sociedad.

El antimilitarismo reivindica la horizontalidad frente a las relaciones jerárquicas; la igualdad entre hombres y mujeres frente al sexismo imperante en las estructuras militares; la tolerancia y respeto por el diferente frente al racismo y xenofobia presentes en los procesos militarizadores; el internacionalismo o ciudadanía del mundo frente al patriotismo y exaltación de valores nacionalistas de superioridad de una identidad nacional sobre el resto, necesarios para mantener estructuras militares compuestas por personas dispuestas a utilizar la violencia contra nacionales de otro país.

El antimilitarismo se opone a la violencia del Estado contra sus ciudadanos e incluso, en algunos casos, a la existencia del propio Estado, mostrando así cercanía con el anarquismo. Sin embargo no todas las personas antimilitaristas son anarquistas. Del mismo modo que su oposición a la violencia no supone un planteamiento necesariamente noviolento. Si bien una buena parte de los movimientos antimilitaristas se definen noviolentos y/o pacifistas, hay quienes abogan por la revolución o la autodefensa con medios violentos. En algunos casos el término antimilitarismo puede llegar a ser utilizado también por grupos de ideología muy distante a la del antimilitarismo noviolento, como en EEUU, donde hay quien se define como antimilitarista como oposición a la existencia de un ejército estatal, pero propone como alternativa la existencia de milicias ciudadanas armadas[2]​.

Movimiento antimilitarista

El movimiento antimilitarista dedica buena parte de sus esfuerzos a la objeción de conciencia y a la insumisión al servicio militar. Su principal exponente es la red antimilitarista Internacional de Resistentes a la Guerra (War Resisters International) y un buen ejemplo de campaña de insumisión exitosa fue la realizada en el Estado español desde los años 70 hasta el año 2002 cuando el servicio militar obligatorio desapareció definitivamente. Si bien los movimientos antimilitaristas comparten estrategias, objetivos y espacios de movilización con los movimientos pacifistas, pueden mostrar cierto distanciamiento y desacuerdo con los posicionamientos y actitudes pacifistas que se muestren colaboradores y participes con las estructuras tradicionales del Estado

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