Anticomunismo

Cartel del Partido Conservador en 1909, en la que el socialismo está representado por la bestia que ahoga a Britania.
La hoz y el martillo tachados es el principal símbolo del anticomunismo.

El anticomunismo es una corriente ideológica históricamente opuesta de manera activa al comunismo. A través del tiempo, la palabra «comunismo» ha sido usada para referirse a varios tipos de organización social y sus partidarios, pero, desde mediados el siglo XIX, la corriente dominante del comunismo en el mundo ha sido el marxismo. El comunismo marxista consiguió muchos más seguidores y oponentes que todas las demás formas de comunismo juntas. Así mismo, el término «anticomunismo» se emplea principalmente para referirse a la oposición activa a tal movimiento político.

El marxismo, y la forma de comunismo asociado a él, alcanzó su apogeo en el siglo XX. El anticomunismo organizado se desarrolló como reacción a la creciente popularidad del movimiento comunista, y adoptó muchas formas a lo largo del siglo XX. Los monárquicos conservadores europeos se opusieron a las primeras oleadas de revoluciones comunistas desde 1917 a 1922. El fascismo y el nazismo se basaron en una forma violenta de anticomunismo; incitaban el miedo a la revolución comunista para obtener poder político, e intentaron destruir el comunismo en la Segunda Guerra Mundial. Los nacionalistas lucharon contra los comunistas en numerosas guerras civiles por todo el mundo. Tanto el conservadurismo como el liberalismo clásico conformaron gran parte de las políticas exteriores anticomunistas de las potencias occidentales, y dominaron el pensamiento intelectual anticomunista en la segunda mitad del siglo XX. Actualmente, buena parte de la crítica al comunismo viene de los sectores libertarios y anarquistas de libre mercado.

Tras la Revolución de Octubre en Rusia, el comunismo marxista quedó principalmente asociado a la Unión Soviética en la imaginación pública (aunque había muchos marxistas y comunistas que no apoyaban a la Unión Soviética y sus políticas.).[1] Como resultado, el anticomunismo y la oposición a la Unión Soviética se hicieron prácticamente indistinguibles, especialmente en política exterior. El anticomunismo fue un elemento importante en la política exterior de las Potencias del Eje durante los años 30 ( Pacto Antikomintern) y de los Estados Unidos, el Reino Unido, Japón, Corea del Sur, Australia, Canadá, Colombia, Israel, y otros países capitalistas durante la Guerra Fría.

Casos extremos de anticomunismo fueron las matanzas anticomunistas, es decir, asesinatos en masa de personas comunistas o sospechosas de serlo.

Anticomunismo conservador

Manifestación de 1959 a favor de la segregación racial en las escuelas, donde se tacha la prohibición de dicha segregación en las escuelas de "comunismo". Históricamente los ultraconservadores estadounidenses han tachado de "comunista" un buen número de actitudes, creencias o valores que les disgustaban.

Ha habido numerosos conflictos entre los comunistas y los conservadores. La mayoría de las revoluciones comunistas han tenido lugar en países relativamente conservadores, y la mayoría de los gobiernos derrocados por los comunistas han sido gobiernos conservadores. El nacionalismo anticomunista ha aparecido generalmente por tres razones: defensa de los valores tradicionales, de la identidad nacional y de las estructuras sociales como parte del programa de los nacionalistas para preservar el poder y el prestigio nacional.

Dado que los comunistas dicen aspirar a una igualdad social extrema, son teóricamente opuestos a la monarquía, la aristocracia, y otras formas de privilegio hereditario. Al final del siglo XIX y al principio del XX, el primitivo movimiento comunista se enfrentó a las monarquías tradicionales que gobernaban en la mayoría de los países de Europa. Por entonces, los monárquicos eran los anticomunistas más prominentes, y muchas monarquías europeas ilegalizaron la expresión pública de ideas comunistas. La defensa del comunismo era ilegal en el Imperio ruso, el Imperio Alemán y el Imperio austrohúngaro, las tres monarquías más poderosas de Europa continental antes de la Primera Guerra Mundial. Hasta el final del siglo XIX los monárquicos (excepto los constitucionalistas) creían que la desigualdad en la riqueza y en los derechos políticos formaban parte del orden divino.

Durante la Primera Guerra Mundial, en la mayor parte de las monarquías Europeas, estas ideas habían sido sustituidas por los movimientos liberales y nacionalistas que creían que los monarcas deberían ser cabezas simbólicas de la nación mientras que el poder real quedaría en manos de gobiernos elegidos. La monarquía más conservadora de Europa, el Imperio Ruso, fue reemplazada por la comunista Unión Soviética. La Revolución Bolchevique inspiró otras revoluciones comunistas por toda Europa durante los años 1917 a 1922. Muchas de ellas, como el Levantamiento Espartaquista en Alemania, fueron sofocadas por unidades militares monárquicas.

Los años 20 y 30 vieron el declive del conservadurismo tradicional. La primera línea del anticomunismo fue tomada por los entonces ascendentes movimientos fascistas por un lado, y por los conservadores liberales inspirados por Estados Unidos por otro. El comunismo siguió siendo un fenómeno fundamentalmente europeo, por lo que el anticomunismo estuvo también concentrado en Europa. Cuando grupos y partidos políticos comunistas empezaron a aparecer por todo el mundo, como en el República de China a finales de los años 20, sus oponentes fueron generalmente las autoridades coloniales o los movimientos nacionalistas locales.

Después de la Segunda Guerra Mundial, el comunismo se convirtió en un fenómeno global, y el anticomunismo en parte integral de las políticas exterior e interior de los Estados Unidos y sus aliados de la OTAN. Los conservadores de posguerra abandonaron sus raíces monárquicas y aristocráticas, centrándose en la defensa del mercado libre, la propiedad privada, la cooperación entre las diferentes clases y la defensa de costumbres, valores y normas sociales tradicionales. Para esos conservadores el comunismo es peligroso por su intención de abolir la propiedad privada y su deseo de destruir las normas culturales tradicionales.

Los Estados Unidos nunca tuvieron un conservadurismo tradicional en el siglo XX. Por tanto, la ideología llamada conservadurismo americano no comparte el legado monárquico de sus equivalentes europeos. Por el contrario, está basado en el individualismo y una visión de la competición económica como beneficiosa para la sociedad, todo acompañado por fuertes sentimientos religiosos y de defensa de la familia tradicional. Los conservadores estadounidenses siempre se opusieron al comunismo, pero esta oposición sólo se convirtió en una piedra angular del conservadurismo en los años 40 y 50. Los Estados Unidos hicieron del anticomunismo la principal prioridad de su política exterior, y muchos conservadores estadounidenses combatieron en su país todo aquello que les parecía influencia comunista. Esto llevó a la adopción de un conjunto de medidas en política interior conocidas colectivamente como « macarthismo».

Durante la Guerra Fría, los gobiernos conservadores en Asia, África e Hispanoamérica buscaron al apoyo político y económico de los Estados Unidos. Algunos de éstos eran regímenes autoritarios que, según sus críticos, usaron el miedo al comunismo como medio de legitimar la represión, la supresión de los derechos individuales y la abolición de la democracia. Como ejemplos se podría citar Corea del Sur durante el mandato de Syngman Rhee, la República de China durante el de Chiang Kai-shek, Vietnam del Sur durante el de Ngo Dinh Diem, Indonesia durante el del general Suharto, Zaire durante el de Mobutu Sese Seko, Paraguay durante el de Alfredo Stroessner y Chile durante el de Augusto Pinochet

En los años 80, los gobiernos conservadores de Ronald Reagan en los Estados Unidos, Margaret Thatcher en Gran Bretaña y Brian Mulroney en Canadá siguieron una política exterior claramente antisoviética que es considerada por muchos como la causa principal de la caída de la Unión Soviética y de la llegada del capitalismo a Europa Oriental y a otros países revolucionarios.

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