Ansiolítico

Un ansiolítico o tranquilizante menor es un fármaco psicotrópico con acción depresora del sistema nervioso central, destinado a disminuir o eliminar los síntomas de la ansiedad sin producir sedación o sueño. Su efecto inhibidor de la ansiedad se contrapone al de los fármacos ansiogénicos que generan ansiedad. Ambos fármacos ansiolíticos y ansiogénicos, se incluyen dentro de la categoría de fármacos ansiotrópicos.

Un fármaco ansiolítico ideal es aquel que alivia o suprime los síntomas de la ansiedad, calmando la hiperexcitabilidad nerviosa y disminuyendo la actividad sin producir sedación o sueño, como en el caso de los hipnóticos. Los hipnóticos a dosis menores actuarán como sedantes, por lo que se emplean corrientemente como ansiolíticos, que en la mayoría de las ocasiones se pueden utilizar para ambos efectos.[1]

Algunas drogas recreacionales, como el etanol, inducen un efecto ansiolítico. Los fármacos ansiolíticos se utilizan para el tratamiento de las manifestaciones psicológicas y somáticas de la ansiedad y su cuadro patológico, los trastornos de ansiedad.[3]

Los ansiolíticos son también conocidos como tranquilizantes menores.[4] El término se utiliza menos en contextos modernos, y fue originalmente derivado de una dicotomía respecto a los tranquilizantes mayores, conocidos como neurolépticos o antipsicóticos.

Concepto de ansiedad y trastorno de ansiedad

La ansiedad es el sentimiento desagradable de sentirse amenazado por algo inconcreto, acompañado de sensaciones somáticas de tensión generalizada, falta de aire, sobresalto y búsqueda de una solución al peligro. Es importante recalcar que no debe confundirse con miedo ni con angustia.[5] Es similar a la angustia, aunque en esta las sensaciones son diferentes, y se diferencia del miedo en que en este existe un peligro definido y conciencia del mismo. Se puede manifestar con inquietud, insomnio, hiperactividad, irritabilidad y miedo. Muchas veces, los síntomas son tan intensos que pueden provocar manifestaciones psicosomáticas como hiperventilación, palpitaciones, calambres, manifestaciones gastrointestinales, cardíacas o genitourinarias. Es un síntoma importante en medicina y en ocasiones constituye además una entidad nosológica.

Se pueden agrupar los síntomas como sigue: neuromusculares (temblor, tensión muscular, cefaleas, parestesias); cardiovasculares (palpitaciones, taquicardias, dolor precordial); respiratorios ( disnea); digestivos (náuseas, vómitos, dispepsia, diarrea, estreñimiento, aerofagia, meteorismo); y genitourinarios (micción frecuente, problemas de la esfera sexual). Los síntomas psíquicos o psicológicos incluyen estados de preocupación, aprensión, dificultad de concentración, irritabilidad, inquietud, desasosiego, y conductas de evitación, inhibición y bloqueo psicomotor.[6]

La ansiedad es una reacción emocional normal necesaria para la supervivencia de los individuos y de nuestra especie. No obstante, las reacciones de ansiedad pueden alcanzar niveles excesivamente altos o pueden ser poco adaptativas en determinadas situaciones. En este caso la reacción deja de ser normal y se considera patológica.[7]

Un trastorno de ansiedad es una condición crónica caracterizada por un sentimiento de ansiedad, miedo, aprehensión y preocupación excesivo y persistente, sobre eventos actuales o futuros, con síntomas físicos tales como sudoración, palpitaciones y sensación de estrés.

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