Anexo:Sesgos cognitivos

En la obra de Jane Austen Orgullo y prejuicio (1813) se muestra claramente el prejuicio de las clases sociales y cómo el desconocimiento en el protocolo o las costumbres permiten estratificar o encasillar a una persona en un nivel social. El hombre en el centro de la imagen ha cometido un error en sus pasos de baile y choca contra la mujer, que se enoja y los demás murmuran. «¡Para el otro lado, Sr. Collins!».

Sesgo cognitivo, prejuicio cognitivo o predisposición cognitiva son expresiones usadas para describir alteraciones en la mente humana que son moderadamente difíciles de eliminar y que llevan a una distorsión de la percepción, a una distorsión cognitiva, a un juicio impreciso o a una interpretación ilógica.[1]

Se trata de un conjunto de fenómenos, en general, estudiados por la psicología cognitiva, todos con soporte empírico, y no se deben confundir con lo que comúnmente se entiende como « prejuicio». Así, mientras un prejuicio social (por ejemplo, cualquier forma de sexismo) se atribuye a un apasionamiento subjetivo y consciente a favor o en contra de algo sin que existan argumentos suficientes para sustentar esta posición (en tal caso, más bien, objeto de estudio de la ética), un sesgo cognitivo es un fenómeno psicológico principalmente involuntario que distorsiona el procesamiento de la información (como la tendencia inconsciente y generalizada a entender un precio de $999 como inferior a $1000, cuando la diferencia es prácticamente irrelevante a la hora de pagar). Se trata de tendencias y comportamientos inconscientes que nos condicionan al intentar analizar la realidad.

Sesgos en la toma de decisiones y predisposiciones conductuales

En un experimento ideado por Wolfgang Köhler, se pide al sujeto que diga cuál de estas figuras se llama bouba y cuál kiki. La mayoría de los sujetos le asigna el nombre bouba a la figura de la derecha, quizá porque los labios se redondean para producir el sonido o porque en el alfabeto romano, las letras b, o y a tienen una forma más redondeada que k e i (puntiagudas).

Muchos de estos sesgos son estudiados por la manera en que afectan la formación de creencias, las decisiones empresariales y la investigación científica.

  • Anclaje (anchoring), obstinación, terquedad o empecinamiento: la tendencia común a depender demasiado o «anclarse» en un rasgo o parte de la información cuando se toman decisiones. Como si lanzáramos un ancla para estabilizar antes de un proceso racional, nuestra mente tiende a establecer un cierto número de factores, circunstancias, creencias, etc., para hacer comparaciones y jerarquías, que son inamovibles y no negociables. Cuando vamos a una tienda, por ejemplo, y prácticamente el único elemento de comparación entre productos similares es el precio, y todo lo demás desaparece ante nuestros ojos y de nuestro entendimiento.
  • Aversión a la desposesión o aversión a la pérdida (endowment effect): es la tendencia a preferir evitar las pérdidas por la posibilidad de adquirir ganancias ( teoría de las perspectivas). Así, se demandará más para renunciar a un objeto de lo que se estaría dispuesto a pagar para adquirirlo.[2]​. Existe un cambio en la percepción de los individuos cuando algo se presenta como prohibido. Al prohibir algo el individuo pierde el objeto. Debido a la aversión a la pérdida existe un desequilibrio en el deseo experimentado, se infravaloran las conductas permitidas y sobrevaloramos las conductas prohibidas. Sabiendo esto, es posible usar una Psicología inversa para manipular a los individuos en el que se puede negar algo a alguien con el objetivo de que éste lo desee.
  • Descuento hiperbólico: Dadas dos recompensas similares, las personas muestran mayor preferencia por aquella que llegue más pronto que por una posterior. La tendencia se incrementará conforme ambos beneficios estén más cerca al presente.[3]​ En este sentido, se descuenta el valor del beneficio posterior por un factor que aumenta con la duración del tiempo de espera.
  • Efecto Bandwagon o efecto de arrastre: Es la tendencia a hacer (o creer en) algo porque muchas personas lo hacen (o lo creen). Está relacionado con el pensamiento de grupo o el comportamiento gregario. El efecto bandwagon (que tomó su nombre de la carreta que lleva la banda musical de un tren de circo) dicta que la probabilidad de que una persona adopte una creencia o conducta es directamente proporcional a cuántos otros ya la tengan, lo que significa que existe una tendencia psicológica a seguir o imitar las acciones y pensamientos de los demás, porque preferimos ajustarnos a lo pre-existente, ya que es imposible no derivar nueva información de lo que otros piensan y hacen.
  • Efecto espectador: Es un fenómeno psicológico por el cual es menos probable que alguien intervenga en una situación de emergencia cuando hay más personas que cuando se está solo.
  • Efecto denominación: Es la tendencia a gastar más dinero cuando está denominado en pequeñas cantidades (por ejemplo, en monedas) más que en grandes (por ejemplo, billetes).[4]
  • Efecto de encuadre: Es la tendencia a alterar las decisiones según sea presentada una misma opción. Como resultado, se deducirán conclusiones diferentes a partir de la misma información dependiendo de la manera como se presenta la información. En concreto, las personas tienden a seleccionar opciones, dependiendo si la cuestión está enmarcada para concentrarse en las pérdidas o en las ganancias.[5]
  • Ilusión del control: Es la tendencia a sobreestimar el grado de influencia sobre otros eventos externos.[6]​ De esta manera, los seres humanos tienden a creer que pueden controlar o al menos influir en las consecuencias o resultados que claramente no pueden controlar ni influir.
  • Sesgo de atención: La tendencia implícita a que los estímulos emocionalmente relevantes en el propio entorno mantengan o limiten la atención de manera preferencial.
  • Sesgo de confirmación: Es la tendencia de las personas a favorecer la información que confirme sus propios presupuestos o hipótesis,[8]
  • Sesgo de congruencia o sesgo de compatibilidad: La tendencia a comprobar las hipótesis exclusivamente por medio de pruebas directas, en contraste con las pruebas de posibles hipótesis alternativas.
  • Sesgo de distinción: Es la tendencia a ver dos opciones como más diferentes cuando se las evalúa simultáneamente que cuando son evaluadas de manera separada.[9]
  • Sesgo de impacto: Es la tendencia a sobrevalorar la duración e intensidad de los futuros estados emocionales, basándose en experiencias previas.[10]
  • Sesgo de información: Es la tendencia a buscar información, incluso cuando esta no puede afectar a la decisión a tomar. Puede crear la falsa impresión de que, por tener más información, el razonamiento o la conclusión será más veraz.[11]
  • Sesgo del experimentador: Cuando los experimentadores tienden a creer, certificar y publicar datos que concuerdan con sus expectativas con respecto al resultado de un experimento y desechar, desacreditar o infravalorar las ponderaciones correspondientes a los datos que parezcan estar en conflicto con sus expectativas.[12]
  • Sesgo de punto ciego: Es la tendencia a no darse cuenta de los propios prejuicios cognitivos o a verse a sí mismo como menos sesgado que los demás.[13]
  • Sesgo retrospectivo o prejuicio de la elección comprensiva: Es la tendencia a recordar las decisiones propias como mejores de lo que realmente fueron.
  • Prejuicio de desconfirmación o sesgo de disconformidad: Es la tendencia a realizar un crítico escrutinio de la información cuando contradice sus principales creencias y aceptar sin criterio aquella información que es congruente con sus principales creencias.
  • Percepción selectiva: Tendencia en la cual las ansias, esperanzas o ilusiones afectan a la percepción.
  • Efecto del falso consenso: Se refiere al hecho experimentalmente comprobado de que la mayoría de las personas juzgan que sus propios hábitos, valores y creencias están más extendidos entre otras personas de lo que realmente están, ya sean por motivación, sesgo de confirmación o percepción selectiva. Es la tendencia a sobrestimar el grado en el cual los demás coinciden o están de acuerdo con ellos. Las personas cambian rápidamente sus propias opiniones, creencias y predilecciones para parecer más acordes o en sintonía con el público general. Como los miembros de un grupo alcanzan un consenso y raramente encuentran personas que disientan, tienden a creer que todo el mundo piensa del mismo modo.
  • Sesgo de asociación visual: Las personas tienden a asociar una determinada experiencia con ciertas propiedades o condiciones en el entorno que se produce. Si una de estas propiedades en una experiencia B corresponde o se había producido también en una experiencia diferente, digamos experiencia A, la sensación o experiencia B se verá influida por el recuerdo de la experiencia A.
  • Según Betina Piqueras, investigadora de la Universitat Politècnica de València, si un postre se sirve en un plato blanco, parece más dulce. «El blanco del fondo puede que afecte a la percepción del color del postre, haciéndole parecer de un rosa más intenso, de ahí que la gente lo perciba como más intenso en sabor, y consecuentemente, gustará más en comparación al fondo oscuro».
  • Asimismo, una caja negra nos pesa más que una caja blanca, aunque ambas pesen exactamente lo mismo.
  • Además si se usan tenedores grandes, platos pequeños y vasos altos y delgados, se podrá dejar de comer antes, pues la cantidad de comida en relación a los platos parece mayor de la experimentada anteriormente. Este efecto inconsciente ha sido estudiado por Brian Wansink de la Universidad de Cornell. Reducir el tamaño del plato permite reducir el consumo de entre 100 y 200 calorías. El color de las cucharas y su peso también influyen en la percepción del sabor.[14]
  • Efecto de lengua materna o efecto de lengua extranjera: Algunos estudios confirman que el uso de una lengua extranjera minimiza los sesgos cognitivos a la hora de tomar decisiones. Se ha propuesto que este efecto ocurre porque una lengua extranjera proporciona una mayor distancia cognitiva y emocional que la lengua nativa. La lengua extranjera obliga al sujeto a usar una parte más lógica y menos dispuesta a los atajos mentales del cerebro.[15]
  • Efecto contraste: Es el realce o reducción de una cualidad o medida de un objeto cuando la comparamos con otros observados recientemente.
  • Negación del ratio base: Es un error que ocurre cuando dado un dato D, la probabilidad condicional de una hipótesis H es evaluada sin contar suficientemente con el ratio base o probabilidad a priori de H. Por ejemplo, supongamos una ciudad con 100 terroristas y 1 millón de no terroristas. Hay una cámara con detección de caras con un error del 1 % y por tanto también con un 99 % de acierto. Si suena la alarma, ¿cuál es la probabilidad de que sea terrorista? El conjunto total de la población es 1 000 100 personas. Si se aplica el prejuicio de negación del ratio base, se diría que como el ratio de fallos es del 1 %, entonces la cantidad de fallos será 1 vez por cada 100. Así, si la cámara suena, él o ella será con 99 % de seguridad un terrorista. Esta desviación se produce porque igualamos el número de terroristas con el número de no terroristas en la ciudad, y así el error se aplica por igual a la misma cantidad de gente respectivamente, es decir, se obvia la gruesa base de gente que reduce la probabilidad. El verdadero cálculo debería tener en cuenta que en la ciudad solo hay 100 terroristas en un millón de habitantes. La probabilidad de que sea terrorista cuando suene, sería de 0'99•(nterroristas/ntotalenciudad) = 0'99•(100/1.000.100), es decir: 99 en 1.000.100 (99/1.000.100 ~ 1/10.000). De hecho la mayoría de alertas de la cámara serían falsos positivos, siendo la probabilidad de ser realmente terrorista (T) - dado que la cámara lo identifica (I) como posible terrorista - es muy baja, usando el teorema de Bayes:

Es decir, dada la escasez de terroristas en esa ciudad, la utilidad de la cámara detectora es cuestionable (su precisión es demasiado baja).

  • Efecto foco: Desviación de la predicción del resultado; ocurre cuando las personas sitúan mucha más importancia en un determinado punto o aspecto de un evento.
Por ejemplo, si se pregunta primero: «¿En qué medida estás satisfecho con tu vida en general?», y después: «¿Cuántas citas tuviste el mes pasado?», la mayoría de los sujetos no relacionan las citas con su satisfacción. Sin embargo, si las preguntas se hacen en orden inverso, la mayoría focaliza o se centra en el número de citas, con lo que su satisfacción (respuesta a la segunda pregunta) dependerá del número de estas. Este sesgo demuestra lo voluble y manipulable que es nuestro juicio.
  • Deformación profesional: Es la tendencia a mirar las cosas de acuerdo con las convenciones o prisma de nuestra propia profesión, olvidando cualquier otro punto de vista más amplio.
  • Efecto de cesión: Es la tendencia de las personas a dar más valor a algo tan pronto como lo poseen.
  • Defensa de estatus: Es la tendencia de los individuos, cuando estos se sienten amenazados o en evidencia a no pararse a razonar, atender y reconocer los razonamientos de la contra. Es decir, cuando el individuo se considera con cierto estatus, este tenderá a negar y a defenderse de cualquier comentario que le contradiga incluso recurriendo al autoengaño. Algunos autores indican que este comportamiento también puede ser aprendido o potenciado llegando a la negación. Este comportamiento está relacionado con la aversión a la pérdida.
  • Negación de la probabilidad: Es la tendencia a rechazar completamente cualquier probabilidad cuando se realiza la decisión bajo incertidumbre.
  • Efecto laguna de exposición: Tendencia de las personas a expresar apetencias por cosas simplemente porque estas les son familiares.
  • Prejuicio por omisión: Tendencia a juzgar acciones perjudiciales, lesivas o dañinas como peores, o menos morales, que omisiones de acción, igualmente dañinas.
  • Sesgo por resultados o prejuicio por resultados: Tendencia a juzgar una decisión por su resultado final, en lugar de juzgarla por la calidad o acierto de la decisión, cuando fue realizada.
  • Falacia de planificación: Tendencia a desestimar o infravalorar los tiempos de finalización de las tareas.
  • Efecto de pseudocerteza: Tendencia a hacer elecciones adversas y de riesgo si los resultados esperados son positivos, porque realizando búsqueda de las elecciones de riesgo se tiene la preconcepción de evitar resultados negativos o no tan favorables.
  • Tendencia de riesgo cero: Preferencia por reducir un pequeño riesgo hasta cero, en vez de reducir de manera considerable un gran riesgo.
  • Prejuicio de statu quó o defensa del statu quó: Tendencia de algunas personas a valorar o apreciar en mayor medida las cosas que permanecen estables.
  • Efecto de Von Restorff: Tendencia de un individuo a situarse en un modo de queja continua, para que sea recordado más y mejor que el resto. En general, dice que un elemento que destaca o rompe la norma será más recordado que otros elementos.
  • Teoría de la identidad social: Los individuos tienden a anteponer la importancia de pertenencia a un grupo frente a los argumentos sólidos. Las personas adoptan juicios erróneos o falsos solo para permanecer dentro del grupo. El grupo puede llegar a influenciar en la conducta de una persona. Además en la masa el efecto dominó es mayor debido a que, una vez iniciado, la masa es ciega y estólida. La mayoría de los actos de barbarie se llevan a cabo con más facilidad si se perpetran en el mare mágnum de un grupo. Un experimento llevado a cabo entre niños de 11 años de edad en un parque público de Oklahoma, demostró lo sencillo que es inducir a la gente a pertenecer a un grupo concreto y a formarse ideas hostiles o prejuicios hacia los que no formen parte de ese mismo grupo. El fútbol podría adscribirse a esta dinámica. La película La Ola incide en el asunto, desde otro punto de vista: un profesor en Alemania instituye un régimen de extrema disciplina en su clase, restringiéndoles sus libertades y haciéndoles formar en unidad.
  • Poder corrupto: Existe una tendencia demostrada en la que los individuos con poder son fácilmente corrompibles cuando se sienten con plena libertad y sin restricciones. Este sentimiento se ve incrementado si el individuo se ve reforzado con un sentimiento de respaldo moral, se siente atacado o tiende a otros prejuicios que le ayudan a justificarse. El Experimento de la cárcel de Stanford se realizó en una cárcel ficticia en el sótano de la Universidad y se dividió a los voluntarios aleatoriamente entre agentes y prisioneros. Los situados en el grupo de agentes interiorizaron el poder y realizaron fuertes abusos a los prisioneros. Popularmente quizá esta idea ha cuajado con el llamado «síndrome del portero de discoteca».
  • Obediencia a la autoridad: Es la tendencia a seguir el liderazgo o figura de autoridad en un grupo o de una fuerte autoridad (capacidad evolutiva), independientemente de los fuertes argumentos racionales que se tengan en contra. El individuo puede admirar, temer, autoengañarse o simplemente acatar las normas por el mero hecho de cumplimiento del deber, es decir, tiene una propensión o tendencia a hacerlo. También denominada capacidad humana para la crueldad. Si una autoridad nos permite violar la ley e incluso traspasar la frontera de nuestra moralidad, sentimos propensión a hacerlo, tal y como intentó demostrar el experimento de Milgram en 1963. Existe también en la otra vertiente denominada prejuicios de amor propio o egoísmo lógico, que hace que se desprecie el juicio de los demás, como criterio superfluo. Estos prejuicios son opuestos a los de la autoridad, puesto que consisten en una cierta predilección por lo que es un producto de nuestro propio entendimiento, por ejemplo, por un sistema que nos pertenece. Lo que se hace es basar las propias decisiones no en argumentos fuertes que las soporten, sino en el origen o fuente de la proposición.[16]
  • Sesgo de la responsabilidad externa: El ser humano tiene tendencia a disfrutar, a sentirse reforzado y en calma cuando toma consciencia de que no es responsable de sus actos. Aunque pudiera parecer extraordinario, la consciencia de los individuos tiende a depositar las decisiones en agentes externos. Esta tendencia se debe a aspectos evolutivos. Algunos autores argumentan que este comportamiento se debe a que las consciencias que permiten ser dominadas por un ente considerado superior, sobreviven y las que no lo permiten desaparecen. La capacidad para parecer superior y no controlable por los demás no es otra que la capacidad para ser líder, incluso si este toma malas decisiones o es un mal gestor. El líder además se caracteriza principalmente por su capacidad de influir en las emociones de los que le rodean. Estas emociones pueden ser miedo-deseo, ira/odio-compasión/tranquilidad. Un líder es manipulador y motivador al mismo tiempo porque mueve usando emociones. El líder usa fundamentalmente, adjetivos abstractos (honor,bondad,compañerismo,patria) y la capacidad de sugestionar, es decir, «dar a entender algo» pero no decirlo. Esto es así pues la fuerza de sus palabras es mayor cuando el sujeto termina sus deducciones pues las cree suyas. Un líder, en el sentido de este sesgo, debe evitar los hechos y la argumentación lógica o práctica pues si quiere sacar ventaja de este sesgo debe acceder a los valores y emociones de las personas. La capacidad para ser líder puede haber sido motivada por una aversión a la pérdida de control. Un líder será fuerte en cuanto, independientemente de los argumentos, sea valorado como más fuerte o superior. Para ello la manipulación, empequeñecimiento continuo de los subordinados, rituales de poder e incluso la fuerza es el mecanismo de defensa para ser considerado superior. Estos comportamientos se encuentran en los comportamientos evolutivos heredados de las asociaciones en manadas, luego tribales y más tarde en organismos de poder. Aquellos que no fueran capaces de derrocar al líder o estamento de poder deberían estar con él. Por otro lado, las probabilidades de supervivencia fuera del grupo son reducidas. Esto lleva a pensar que la consciencia ha evolucionado para crear un mecanismo que facilite la asimilación y permanencia agradable con los líderes, entregando y facilitando la propia voluntad. Asimismo, los líderes han sido premiados evolutivamente aunque en menor medida numérica, sobre todo en las agrupaciones pequeñas; más tarde, los rasgos personales de líder han sido substituidos por rituales y organismos de control que aseguran los cargos vitalicios. Esta tendencia humana se observa en otros sesgos como el de Obediencia a la autoridad, también en muchos aspectos documentados en los que una persona elige libremente el estado de esclavitud (véase también síndrome de Estocolmo o la frase española « ¡Vivan las cadenas!»). En otros casos, los individuos rechazan la libre elección y ponen voluntariamente en manos de otros su libertad o poder de decisión democrática favoreciendo dictaduras. Otras veces, es respaldada solo si la dictadura demuestra fortaleza o dotes de liderazgo aunque otras razones más fuertes la contradigan. También se observa en el placer que experimentan algunos individuos al entregarse completamente a otra persona, ya sea su pareja en el amor, o en versiones extremas en masoquismo. Todas estas actividades son de extrema importancia para la evolución. Asimismo, la religión es otra variante en la que los humanos encontramos paz, al entregar nuestras responsabilidades y destinos a un ser siempre considerado supremo. Otros autores indican que un exceso de libertad de elección provoca un estrés en el individuo debido a la diferencia entre las expectativas de resultados que el individuo deposita en las ventajas de la libre elección y los resultados obtenidos. Objetivamente, los resultados de la libre elección son mejores y más afinados que sin la elección; sin embargo esto es obviado. Esto es así debido a que la libre elección crea, cuando los resultados son recordados, un sentimiento de culpa autoinfligida por la tendencia de poner unas mayores expectativas cuando existe libre elección. Sin libertad de elección, el individuo se libera de culparse y de la responsabilidad incluso cuando los resultados fueron menores a los esperados. Estos dos factores, sesgo en las expectativas y selección de pertenencia al grupo, explican por qué independientemente del lugar en el que nos encontremos todas las comunidades poseen figuras líder, y es porque la evolución ha propiciado una consciencia que alimenta y gratifica positivamente la sumisión a este.
  • Efecto de sobrejustificación: Ocurre cuando un incentivo externo, como el dinero o los premios, reduce la motivación intrínseca a la hora de realizar una tarea. De acuerdo con la teoría de la propia percepción, los individuos prestan mayor atención al incentivo y menor atención a la satisfacción y diversión que se recibe de realizar una actividad. El efecto final es un cambio o desplazamiento de la motivación a factores extrínsecos socavando los preexistentes motivadores intrínsecos. Es decir, se trata de una motivación condicionada que puede desaparecer al eliminar o cambiar el estímulo. Este fenómeno se puede dar en la educación de cualquier disciplina. Este efecto provoca controversia porque pone a prueba los hallazgos previos sobre teorías de refuerzo y también la aceptada forma de incentivo en las aulas. Algunos autores incluso argumentan que la religión, cuando decide premiar y penalizar los buenos y malos comportamientos, socava de esta manera las verdaderas motivaciones intrínsecas de las personas.
  • Efecto de percepción ambiental: Se ha demostrado que el ambiente produce una gran influencia en el comportamiento de los individuos. Más allá de los genes, educación, un individuo varía su comportamiento en función de cómo percibe su entorno. En un ambiente de caos, deterioro y suciedad, las personas tienden a ser más incívicas, más caóticas y también a cometer más acciones vandálicas o incluso delictivas. Es más importante arreglar con premura el entorno, reprender con premura y continuadamente que una mayor fuerza o dureza de las leyes. Existen varios experimentos que han mostrado dicha correlación.
  • El experimento de la cárcel de Stanford de Philip Zimbardo hizo que un ambiente estresante provocara, en gente pacífica y educada, un comportamiento violento.
  • En un experimento diseñado por Hugo Harsthorne y Mark A. May, en los años veinte en Nueva York, se sometió a 11 000 estudiantes entre 8 y 16 años a un test para medir el grado de honestidad. Se les dio un libro con las soluciones y se les dijo que no las miraran. Lo sorprendente fue que no hallaron pautas fijas ni grupos coherentes. Se volvió a repetir el experimento con los mismos estudiantes, cambiando variables, y de nuevo no hubo pautas. Se observó que cambiaron tanto los tramposos, como las condiciones en las que hicieron trampa. Concluyeron que la honestidad no está unificada. Con frecuencia, una persona puede ser honesta en una situación determinada y no serla en otra situación dependiendo del entorno, las personas tratadas, etc.
  • Existen individuos independientemente de su etnia y cultura, que en su país se comportan cívicamente, en otros ambientes más permisivos o caóticos cambian radicalmente o regularmente. Ej.: Algunos turistas se permiten realizar comportamientos que nunca harían en su país a pesar de conocer que son perjudiciales e igualmente prohibidos en los países de acogida.
  • En 1980 la ciudad de Nueva York era una de las ciudades más inseguras. En lugar de incrementar la dureza de las leyes o la dureza policial, se organizó un potente efectivo de limpieza. Los grafitis no duraban más de una hora, los cristales y arañazos eran arreglados rápidamente. El metro empezó a dar una cara más amable a pesar de los actos vandálicos, que con el tiempo empezaron a disminuir. La dureza penal y la vigilancia policial no se incrementaron. Nueva York pasó a ser una de las ciudades más seguras. Se vio, por tanto, una coherencia entre estos factores que apuntan a dicha causalidad, aunque otros factores no pueden ser desestimados.
  • Tendencia del momento actual: Esta tendencia también podría ser denominado como hedonismo, e incluso parece tener raíces clásicas, filosóficas y poéticas. Según algunos estudios, los seres humanos tienden a dejar el sufrimiento para después y prefieren el placer del ahora, en otras palabras, apenas podemos imaginar situaciones futuras que puedan alterar nuestros comportamientos y expectativas actuales. Así que para un simple ejemplo, un estudio realizado en 1998 demostró que cuando se trata de elegir los alimentos de la próxima semana, 7 de cada 10 personas optan por una fruta, pero si la elección se refiere al día de hoy, 7 de cada 10 se inclinan por un chocolate.
  • Inclinación a la negatividad: Por un mecanismo curioso a la vez mental y social, es muy común que el aspecto negativo de las cosas sea más atractivo que lo positivo. Malas noticias, por ejemplo, son más conocidas que las buenas, en cualquier nivel de socialización. Al parecer no se trata de un problema que se explique únicamente por la morbilidad (esto es solo una consecuencia paralela), sino que culturalmente aprendimos a pensar que la mala noticia es, en esencia, más importante o profunda, según algunos una reminiscencia evolutiva del pasado, en la que saberse mover entre la negatividad del mundo significaba más probabilidades de adaptarse y sobrevivir.