Androcentrismo

La palabra androcentrismo hace referencia a la práctica, consciente o no, de otorgar al varón y a su punto de vista una posición central en el mundo, las sociedades, la cultura y la historia. Desde una perspectiva androcéntrica, los hombres constituyen el sujeto de referencia y las mujeres quedan invisibilizadas o excluidas.[2]​ El antónimo de androcentrismo es ginocentrismo.

El término androcentrism, construido sobre la raíz griega andro- (ἀνδρός, «Hombre, varón»), fue introducido en el debate sociológico por la estadounidense Charlotte Perkins Gilman con su obra de investigación The Man-Made World; or, Our Androcentric Culture, publicada en 1911. En ella, Perkins Gilman describía las prácticas sociales que definía como androcéntricas y los problemas derivados de dichas prácticas.

El concepto de androcentrismo está muy relacionado con el origen y desarrollo posterior en la historia del patriarcado así como en la discriminación que existe hacia la mujer en el mundo educativo, legal, laboral o personal.

En ocasiones se alega que la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de la Revolución francesa es androcéntrica, ya que defiende las libertades de los hombres sin proteger explícitamente las de las mujeres. La filósofa política francesa Olympe de Gouges lo creyó así y reclamó a través de su Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana los mismos derechos para el género femenino.

Asimismo, el lenguaje que se utiliza de manera habitual es androcéntrico, puesto que es frecuente que se considere el masculino como genérico. Según Montserrat Moreno, profesora del Departamento de Psicología Básica de la Universidad de Barcelona (España), el androcentrismo «impregna el pensamiento científico, filosófico, religioso y político desde hace milenios».

Por su parte, Amparo Moreno Sardà (Universitat Autònoma de Barcelona) señala que el sustento de androcentrismo se encuentra en el sistema de valores del "arquetipo viril" que se generaliza como sinónimo de "lo humano", es decir, el varón adulto, blanco, heterosexual y propietario. Por ello, pone especial atención en no restringir la crítica al sexismo, para poner el acento en el carácter sexista/adulto/racista/clasista/fascista/ que se resume en la palabra androcentrismo.[3]

Educación

En el pasado, los muchachos y los adultos varones debían tener mejor educación formal que las niñas y mujeres. Era menos frecuente ver a muchachas y mujeres que sabían leer y escribir, por lo tanto, los escritos de la época tienden a reflejar el punto de vista masculino, ya que eran los que recibían la educación de leer y escribir. Bien entrada la segunda mitad del siglo XX, los jóvenes ingresaban en universidades en cantidades superiormente lejanas a las jóvenes de la época. Algunas universidades, conscientemente, practicaban un numerus clausus (proveniente del latín, que significa que solo existían un número limitado de plazas en universidades), limitando la entrada de mujeres jóvenes. Por lo tanto la opinión de la educación estaba siendo androcéntrica. Hoy en día, las mujeres de los países más desarrollados, tienen el mismo acceso a la educación que los hombres.

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