Anahí

Anahí es un nombre propio femenino de origen guaraní. Alude a la flor del ceibo. El nombre significa "que es bella como la flor de ceibo", una de las especies arbóreas más vistosas de la región que habita el pueblo guaraní. En relación con el origen del nombre Anahí, es necesario referirse a la leyenda de la flor de ceibo.

La leyenda de Anahí de luna menguante

Es conocida la fiereza de la tribu "Guayaquí", de la familia de los guaraníes. Sus hombres y sus mujeres eran belicosos y celosos defensores de sus tierras, de su hogar. Los conquistadores españoles los creían muchas veces verdaderos brujos, y los castigaban como se los castigaba en España por aquellos días a los sospechosos de brujería, es decir, con la hoguera. Las luchas entre indios y españoles dieron lugar a una de las más bellas leyendas de las tierras que bañan los ríos Paraná y Paraguay. Había en la tribu Guayaquí una niña que amaba su tierra natal al extremo de recorrer sola los bosques conversando con las aves, con las flores, con los animales que poblaban el bosque. Era conocida por la dulzura de su voz que de continuo entonaba los cánticos propios de su raza. Cuando ella cantaba, hasta el río rumoroso parecía callar para escucharla.

Flores de ceibo .

Un día, por el río llegaron los conquistadores, con sus armas y sus caballos. La tribu de Anahí decidió defender la tierra nativa superando el terror que los embargaba ante aquellos seres desconocidos. Pelearon durante varios días y semanas enteras. Pero iban siendo echados poco a poco de sus bosques, de sus ríos, de sus tierras. Anahí, pese a su juventud luchaba como los más valientes. Su voz ya no cantaba más, gritaba la venganza y la guerra y animaba a los hombres y mujeres de la tribu. Pero un día cayó prisionera. Llevada al campamento español, logró en la noche zafar sus ligaduras y golpeando a un centinela ganó nuevamente el bosque, con tan poca suerte que volvió a caer en manos de sus captores. El soldado herido por Anahí murió. Sospechosa de ser bruja, porque nadie podía admitir que con aquel pequeño cuerpo y con su juventud pudiera haber dado muerte de un golpe al soldado; y atribuyéndole ayuda diabólica, fue condenada a morir en la hoguera.

Atada al palo de la ejecución y prendido el fuego de los leños, las llamas comenzaron a abrazarla. Pero Anahí, en medio de las llamas, en vez de gemir comenzó a cantar una canción en la que pedía a su Dios por su tierra, por su tribu, por sus bosques y por sus ríos. Su voz se elevó al cielo, y al nacer el día, el cuerpo de Anahí se había convertido en un robusto tronco de un árbol hermoso del que pendían racimos de rojas flores, tan rojas como las llamas que habían consumido a Anahí, y que se mostraba en todo su esplendor, como símbolo de valentía y fortaleza ante el sufrimiento.

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