Amadeo Jacques

Amadeo Jacques.

Amadeo Florentino Jacques ( París, Francia, 4 de julio de 1813; Buenos Aires, Argentina, 13 de octubre de 1865 ) fue uno de los educadores de más prestigio de su época en la Argentina. Tuvo a su cargo la cátedra de física de la Universidad de Buenos Aires, actuó como director del Colegio San Miguel de Tucumán y como director de estudios del Colegio Nacional de Buenos Aires. Fue un verdadero maestro que sus discípulos veneraban, tanto por sus conocimientos como por su presencia. Es recordado en la novela Juvenilia, de Miguel Cané.

Biografía

Nacido como Amédée Florentin, era hijo de Nicolás Jacques y María Gérard, estudió en el Liceo de Borbón y en la Escuela Normal Superior.

Se doctoró en letras en la Sorbona a los 24 años y poco después de licenciado en Ciencias Naturales en la Universidad de París. Fue docente en la Escuela Normal Superior y en el Liceo Louis-le-Grand de París. Colaboró en el Diccionario de Ciencias Filosóficas de Franck, en 1843, además de trabajar en la edición de obras. Escribió las partes de Introducción y Sicología, en el Manual de Filosofía de Jules Simon y Émile Saisset que fue muy utilizado en colegios europeos.

Tuvo problemas políticos con el ministro de Instrucción Pública, Victor Cousin, y con los coautores del mencionado Manual, fundó la revista La Libertad de Pensar (1847), que luego le fue clausurada además de destituirle de sus cátedras.

Emigró entonces a Montevideo, llevando una recomendación de Alejandro Humboldt, donde intentó reorganizar la Universidad Mayor, pero sus iniciativas no fueron apoyadas. Atraído por el progreso cultural que el gobernador Justo José de Urquiza le estaba dando a la provincia argentina de Entre Ríos decidió trasladarse a la ciudad de Paraná, donde vendió sus instrumentos científicos al Colegio local, y adquirió elementos para daguerrotipia y agrimensura a fin de ganarse la vida. Viajó luego a Buenos Aires para dar cursos libres y gratuitos de física, pero estos no prosperaron. Con Alfredo Cosson, se trasladó a Rosario y Entre Ríos haciendo daguerrotipia.

En 1854, el ya presidente Urquiza, le confió la Dirección de Catastro. Estuvo luego en Córdoba y vivió varios años en Santiago del Estero, donde se casó: fue agrimensor oficial de la provincia, expedicionario al río Salado y al Chaco, panadero, y hasta intentó plantar caña de azúcar. Publicó su excursión al río Salado y al Chaco en la obra Excursion au Rio Salado et dans le Chaco (París, 1857), en la que describió los sucesos de los que fue testigo, así como los paisajes y las costumbres de los pobladores.

Viajó luego a Tucumán, donde puso una panadería e hizo mensuras y daguerrotipos, entre otros muchos oficios, hasta que el gobierno de la provincia (cuyo gobernador por entonces era Marcos Paz) le dio en 1858 la dirección del Colegio de San Miguel, que funcionaba en los antiguos claustros de La Merced y cuyos profesores se habían retirado a Buenos Aires, dejándolo acéfalo. Entre 1858 y 1862 Jacques proyectó dotarlo de un museo, un laboratorio de química, una estación meteorológica y una biblioteca pública. El colegio fue el primer establecimiento de enseñanza superior que tuvo Tucumán y sus planes sirvieron de base para lo que después sería la Universidad de Tucumán. Muy elogiado, entre otros, por Germán Burmeister, se formaron en él destacados tucumanos como Delfín Gallo o Sixto Terán. En los diarios El Eco del Norte y El Liberal, ambos de Tucumán, Jacques publicó importantes artículos sobre su ideario educativo.

Amadeo Jacques, su tumba en el cementerio de la Recoleta.

En 1862, debido a los conflictos políticos, dejó Tucumán y se trasladó a Buenos Aires, donde el tucumano Marcos Paz, en ese entonces vicepresidente de la Nación, lo hizo designar primero profesor del Colegio Nacional de Buenos Aires, y después de la muerte de José Eusebio Agüero, rector. Su paso por el Colegio ha quedado perpetuado en las páginas de Juvenilia, de Miguel Cané, y en la Memoria que Jacques redactara en 1865, verdadero testamento pedagógico que su muerte repentina dejó inconcluso. Allí se advierte el impulso transformador que dio a la enseñanza introduciendo las nuevas ideas cientificistas que provenían de Europa y planeando la educación a partir de una enseñanza que buscaba preparar al alumno para «aprender todo».

Junto con Juan María Gutiérrez preparó una obra de suma importancia, el Plan de Instrucción Pública, que tuvo importante influencia en los planes educativos. Fue además profesor de física experimental y química, y escribió un Curso de Filosofía, editado en Francia, que fue base de la enseñanza de esa disciplina en Argentina.

Murió repentinamente en Buenos Aires, Argentina el 13 de octubre de 1865 de un derrame cerebral. Sus restos se encuentran en el Cementerio de La Recoleta.

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