Américo Ghioldi

Américo Ghioldi
Américo Ghioldi.JPG

Coat of arms of Argentina.svg
Diputado de la Nación Argentina
por la Ciudad de Buenos Aires
20 de febrero de 1932-4 de junio de 1943

12 de octubre de 1963-28 de junio de 1966

Embajador de Argentina en Portugal
Bandera de ArgentinaBandera de Portugal
Presidente Jorge Rafael Videla

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Convencional Constituyente de la Nación Argentina
por la Ciudad de Buenos Aires
30 de agosto de 1957-23 de septiembre de 1957

Información personal
Nacimiento 23 de mayo de 1899 Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento 1984 Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Argentina Ver y modificar los datos en Wikidata
Familia
Familiares Rodolfo José Ghioldi (hermano)
Orestes Tomás Ghioldi (hermano)
Información profesional
Ocupación Político y periodista Ver y modificar los datos en Wikidata
Empleador
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Américo Antonio Ghioldi ( Buenos Aires, 23 de mayo de 1899 - Buenos Aires, 21 de diciembre de 1984)[1] fue un político y maestro argentino del Partido Socialista. Fue embajador en Portugal durante la dictadura de Videla (1976-1983).

Trayectoria política

Era hermano de los dirigentes comunistas Rodolfo (1897-1985) y Orestes Ghioldi (1901-1982).

En 1927, cuando tenía 28 años, el Partido Socialista lo designó director del diario La Vanguardia.

En las elecciones de 1931 fue elegido concejal de la ciudad de Buenos Aires, y en las elecciones de 1938 y 1942 fue elegido diputado nacional.

En 1951, Ghioldi formó parte de un grupo que buscaba instalar un Gobierno cívico militar con participación del Ejército, la Marina y la Aeronáutica y con políticos como el unionista Miguel Ángel Zavala Ortiz, el conservador Adolfo Vicchi.[2]

Al fracasar el golpe de Estado del 28 de septiembre de 1951, el Gobierno ordenó su captura. Escapó por la azotea de la « Casa del Pueblo» socialista y luego un lanchero lo llevó desde Punta Lara (provincia de Buenos Aires) hasta las cercanías de Colonia de Sacramento (en Uruguay, país donde obtuvo asilo político).[3]

El 16 de junio de 1955 ―con el objetivo de matar al propio presidente constitucional Juan Domingo Perón―, aviones sublevados bombardearon y ametrallaron la Plaza de Mayo, con el saldo de más de 350 muertos y más de 700 heridos. Ghioldi publicó una editorial en el periódico socialista La Vanguardia, que estuvo dedicada ―a modo de homenaje― a ese atentado terrorista. En esa contratapa se reproducía facsimilarmente la aparecida en Montevideo el 22 de junio de 1955, donde el mismo Américo Ghioldi exaltaba el atentado.[5]

El 20 de octubre de 1955, Ghioldi ―a través de las páginas de La Vanguardia― brindó su apoyo al golpe de Estado autodenominado Revolución Libertadora:

Nos encontramos ante una revolución limpia, sin intervenciones que pudieran herir la sensibilidad nacional, sin espúreos(sic) contactos con formas del empresismo(sic) internacional, sin posibilidad de que nadie, así sea de la misma índole del tirano que huyó, pueda aplicar los desgastados moldes de «vendidos al oro extranjero», «agentes del imperialismo», tan usados por el terrorismo totalitario de uno y otro color para infundir pavor a los democráticos. La revolución fue argentina por su largo aliento, por la conciencia que la preparó, por los corazones que la ejecutaron, y por el sentido democrático de su proclama. [...] Su profundo significado histórico reside en que es una revolución libertadora que separó la cabeza enferma del cuerpo sano de la nación, y abre cauces a las múltiples energías creadoras de los hombres, de los partidos, de las iglesias, de las escuelas, para que en concurrencia cooperativa de esfuerzos salven a la Argentina de la miseria, aumenten la riqueza, distribuyan mejor la renta nacional, fortalezcan la democracia, den sentido y contenido social a la libertad del hombre, fuente de eterno rejuvenecimiento. [...] La revolución es, por de pronto, un hecho histórico de enorme trascendencia. El gobierno que surgió de ella se desenvuelve dentro del orden común propio de hombres que no buscan oprimir, engañar o asaltar. La nueva era es un frente de separación. Debemos desterrar el pasado tiránico y al mismo tiempo construir la democracia futura. El deber es, pues, doble, enterrar y plantar. Todos debemos enterrar el pasado. La revolución tiene que llegar a todos los sectores, organismos, instituciones, leyes y reglamentaciones. Todos debemos plantar. Deberá crecer la democracia. Hay que preparar el terreno, seleccionar la semilla y regar.

Américo Ghioldi[6]

Sin embargo, debido a su postura antidemocrática, en diciembre de 1955 Ghioldi fue reemplazado en la dirección de La Vanguardia por Alicia Moreau de Justo ―con quien estaba enfrentado internamente―.

El 9 de junio de 1956, la dictadura de Aramburu hizo fusilar extrajudicialmente en los basurales de José León Suárez (en las afueras de Buenos Aires) a varios militares y civiles que se habían sublevado contra la dictadura. Américo Ghioldi justificó la masacre, y escribió su frase más conocida (una mención a Macbeth, de Shakespeare):[7]

Los hechos de la noche del sábado 9 y domingo 10, dentro de su inmensa tragedia, definen circunstancias y posiciones sobre las cuales parece necesario detenerse a pensar hondamente. En primer lugar, es dato fundamental de los hechos acaecidos, la absoluta y total determinación del Gobierno de reprimir con energía todo intento de volver al pasado. Se acabó la leche de clemencia. Ahora todos saben que nadie intentará, sin riesgo de vida, alterar el orden porque es impedir la vuelta a la democracia.

Américo Ghioldi[8]

En 1957 fue convencional constituyente que realizó la contrarreforma constitucional de 1957 (que derogó los cambios a la Constitución realizados legalmente en 1949).

En 1958, el Partido Socialista se dividió en un ala liberal y derechista, que luego se denominaría Partido Socialista Democrático ―liderado por Ghioldi―, y otra ala socialista de izquierda, que derivaría en el Partido Socialista Argentino.[6]

En 1963 se celebraron elecciones con la proscripción del Partido Peronista y Ghioldi fue elegido nuevamente diputado nacional por la Capital Federal.

Fue designado como miembro de número de la Academia Nacional de Educación. Participó en la Confederación Nacional de Maestros. Fue profesor en las Universidades de Buenos Aires y La Plata.

En 1976, apoyó la dictadura de Videla ―autodenominada Proceso de «Reorganización» Nacional (1976-1983)― y aceptó la designación como embajador en Portugal.[10]

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