Américo Castro

Américo Castro
Información personal
Nacimiento 4 de mayo de 1885 Ver y modificar los datos en Wikidata
Cantagalo, Brasil Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento 25 de julio de 1972 Ver y modificar los datos en Wikidata (87 años)
Lloret de Mar, España Ver y modificar los datos en Wikidata
Lugar de sepultura Cementerio civil de Madrid Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Española Ver y modificar los datos en Wikidata
Educación
Alma máter
Información profesional
Ocupación Diplomático, historiador de la cultura, historiador de la literatura, , historiador, escritor, crítico literario y profesor universitario Ver y modificar los datos en Wikidata
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Miembro de
Distinciones
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Américo Castro Quesada ( Cantagalo, Estado de Río de Janeiro, Brasil, 4 de mayo de 1885 - Lloret de Mar, 25 de julio de 1972) fue un , cervantista e historiador cultural español perteneciente a la generación del 14 o Novecentismo.

Biografía

Nació en Cantagalo (Brasil), donde sus padres poseían un negocio, y el futuro filólogo allí pasó sus primeros cinco años, tras los cuales volvieron sus padres a España en 1890, y compraron unas tierras en el municipio granadino de Huétor Tájar.

Se graduó en Letras y Derecho en la Universidad de Granada en 1904, e hizo el doctorado en Madrid, donde conoció y fue discípulo de Ramón Menéndez Pidal; luego pasó a Francia para estudiar en La Sorbona (1905-1907) y, al quedar huérfano, tuvo que sustentarse dando clases de español en París. Estudió también en Alemania, pero volvió a Madrid para hacer el servicio militar, y entonces comenzó a colaborar con Ramón Menéndez Pidal en el Centro de Estudios Históricos, así como con la Institución Libre de Enseñanza, con cuyo grupo estaba relacionado.

En 1910 ayudó a organizar el Centro de Estudios Históricos en Madrid, sirviendo como jefe del departamento de lexicografía; luego seguiría vinculado a esta institución incluso después de que se convirtiera en catedrático de Historia de la Lengua Española en la universidad madrileña en 1915. Dos años antes se había adherido al manifiesto publicado en 1913 por Ortega y Gasset en defensa de una salida «superadora del pesimismo noventaiochista» para España, lo que le vinculó definitivamente al Novecentismo. También siguió estrechando sus lazos con Ramón Menéndez Pidal, así como con Francisco Giner de los Ríos, acercándose a las ideas krausistas. Frecuentaba también a José María de Cossío, al novelista Benjamín Jarnés, al poeta Juan Ramón Jiménez, y al pintor Sorolla. Estaba casado con Carmen Madinaveitia, hija del médico guipuzcoano Juan Madinaveitia, muy vinculado al krausismo.

Castro viajó conferenciando por Europa y América, y participó en la fundación de la Revista de Filología Española, donde publicó algunos de sus estudios más importantes. Dentro de este período tradujo a Wilhelm Meyer-Lübke, realizó una edición junto con — Federico de Onís— de los Fueros leoneses (1916), y escribió una importante introducción para El burlador de Sevilla de Tirso de Molina (1922). Su interés por el Erasmismo se tradujo en uno de sus estudios más importantes, El pensamiento de Cervantes (1925), donde analiza la relación del autor del Quijote con el Renacimiento y esta rama del Humanismo ecléctico; también de estos estudios se derivaron otros dos trabajos, Santa Teresa y otros ensayos (1929) y Lo hispánico y el erasmismo (1940-42).

Américo Castro fue profesor honorario de las universidades de La Plata, Santiago de Chile, y México, así como de la Universidad de Columbia en Nueva York. En cuanto a distinciones le distinguieron como oficial de la Legión de Honor, y fue académico correspondiente de la de Buenas Letras de Barcelona.

Liberal en política, fue nombrado embajador en Berlín en 1931, apenas declarada la República. Cuando estalló la Guerra Civil, marchó a San Sebastián, donde estaba su familia. Republicano hasta la médula, fue nombrado cónsul en Hendaya, y desde allí pudo salvar a buena parte del cuerpo diplomático mientras bombardeaban San Sebastián; y por fin se marchó él mismo en un automóvil con Azorín.

En 1938 se exilió en los Estados Unidos; allí enseñó literatura en la Universidad de Wisconsin (1937-39), Texas (1939-40), y Princeton (1940-53), donde ocupó la cátedra de lengua y literatura española que lleva el nombre de Emory L. Ford, y creó una escuela de importantes discípulos en el Hispanismo que prosiguieron sus ideas, como por ejemplo Russell P. Sebold o Stephen Gilman.

Publicó en las principales revistas del exilio cultural hispánico: Realidad /Revista de Ideas, Las Españas, Los Sesenta, Cabalgata, Cuadernos del Congreso por la Libertad de la Cultura...

En 1953 fue nombrado profesor emérito de la Universidad de Princeton, y pasó sus últimos años en la Universidad de California, San Diego, en la costa oeste, antes de volver a España por razones familiares en 1970 y amistar a regañadientes con Camilo José Cela.

En España, su hija Carmen Castro había padecido persecución política, y fue separada de su cátedra de Instituto de Lengua y Literatura, hasta que Joaquín Ruiz-Giménez, a mediados de los cincuenta, arregló esta situación.

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