Altar de Pérgamo

Altar de Pérgamo
Pergamonaltar
Berlin - Pergamonmuseum - Altar 01.jpg
Altar de Zeus en el Museo de Pérgamo
Localización
PaísBandera de AlemaniaAlemania
Municipio(s)Flag of Berlin.svgBerlín
UbicaciónMuseo de Pérgamo (Isla de los Museos)
Información general
UsoMuseo
Sitio web[2]
Historia del edificio/monumento
Construcción188 a. C.
Características
TipoMonumento religioso
Estilo(s)Barroco helenístico
MaterialesMármol
Longitud69 metros (original)
36.44 metros (parte conservada)[1]
Anchura77 metros (original)
34.29 metros (parte conservada)[1]
Altura9.70 metros[2]
Coordenadas52°31′16″N 13°23′49″E / 52°31′16″N 13°23′49″E / 13.396944444444
[editar datos en Wikidata]

El altar de Pérgamo es un monumento religioso de la época helenística construido originalmente en la acrópolis de Pérgamo, a principios del reinado de Eumenes II (197-159 a. C.). Sus frisos monumentales representan en su parte exterior una Gigantomaquia o lucha entre dioses y gigantes, y en la cara interior la historia de Télefo, el legendario fundador de la ciudad.[3]​Estos frisos están considerados una de las obras maestras de la escultura griega antigua y representan la culminación del llamado barroco helenístico.

La tipología del edificio no era la de un templo, sino que probablemente era el altar de un templo. Se cree que su referencia de culto fue el templo de Atenea,[5]

El altar era un edificio rectangular en forma de U que se elevaba sobre un gran podio, al cual se accedía a través de una escalinata monumental. Tenía dos niveles: el inferior, formado por un muro continuo donde se representó el friso de la Gigantomaquia, y el superior, constituido por una doble fila de columnas de orden jónico. La escalera quedaba cerrada por dos cuerpos laterales que avanzaban hacia el frente del edificio. Al acceder al interior se atravesaba otra doble columnata jónica hasta llegar a un patio cerrado donde se hallaba el altar de los sacrificios. Las dimensiones originales del altar eran de 69 metros de longitud, 77 metros de anchura y 9.70 metros de altura. La parte que se conserva mide 36.44 metros de ancho por 34.30 metros de profundidad, y la escalera frontal tiene una anchura 20 metros.[1]

Descubierto en 1871 por el arquitecto alemán Carl Humann, el altar fue transportado y reconstruido en Berlín en 1886, en virtud de un acuerdo de 1879 entre Alemania y el Imperio otomano. Desde entonces, el gran friso de esculturas puede contemplarse en el museo de Pérgamo, uno de los Museos Estatales (Staatliche Museen) de la Isla de los Museos de la ciudad. Desde hace algunas décadas el Estado turco reclama su restitución sin éxito.[6]

El 30 de septiembre de 2014 se cerraron casi todas sus salas para reformarlas.[8]

Historia

Pérgamo

Maqueta de la acrópolis de Pérgamo del siglo II a. C. que incluye los añadidos romanos. El altar se sitúa en una terraza cercana al centro, con su escalinata mirando a la izquierda (oeste). Museo de Pérgamo, Berlín.

Pérgamo fue la capital de los atálidas y una de las ciudades más importantes de los reinos helenísticos que se desarrollaron tras la muerte de Alejandro Magno. Los reyes que le sucedieron ordenaron construir notables monumentos como símbolo de su poder, inspirados por las grandes ciudades de la época clásica.

Sin embargo, al contrario que en las urbes griegas, Pérgamo se situaba en el centro de un gran reino y por lo tanto no era solo una unidad en sí misma, sino el lugar donde se concentraba el poder económico y político de toda una región, lo cual explica su urbanismo, menos funcional pero más monumental. Esta carrera hacia una arquitectura grandiosa se inscribe en un contexto de rivalidad política e intelectual entre las grandes ciudades helenísticas, principalmente con la capital de los Ptolomeos, Alejandría. Así, el altar pudo haberse considerado como el reflejo de la imponente cultura filológica y mitológica mantenida por los sacerdotes y letrados de la corte de los atálidas.

Construida sobre una altitud de 335 metros, la ciudad es la superposición de tres villas, unidas entre sí por medio de escaleras con belvederes y terrazas elevadas sobre pórticos de dos plantas. En la ciudad alta se emplazaban los edificios administrativos y cívicos: el ágora, el palacio, el arsenal, la biblioteca, el teatro, los templos de Dioniso y de Atenea Polias y el gran altar. En la zona media se localizaban un magnífico gimnasio, los templos de Deméter y de Hera Basileia y el pritaneo. La villa baja constituía el núcleo comercial.

La ciudad, además de ser un logro arquitectónico, se situaba en el centro de una rica región dedicada al trigo, a la vid y a la ganadería. La industria estaba diversificada, siendo sus productos principales los perfumes, los paños finos y los pergaminos. Su biblioteca rivalizaba con la de Alejandría, con unos 200 000 volúmenes, y el palacio real albergaba una gran colección de escultura. Además, era célebre por su escuela de oratoria y sus talleres escultóricos, y sus artistas dionisíacos hacían de la urbe el principal centro de arte dramático.[9]

Fecha de construcción del altar

Cabeza esculpida a tamaño mayor que el real de Atalo I, inicios del reinado de Eumenes II.

La datación del altar es motivo de controversia. Se sabe que fue construido durante el siglo II a. C., puesto que uno de los fragmentos de una dedicatoria tiene la inscripción ΒΑΣΙΛΙΣΣ (Α), es decir, «reina». La palabra se refiere casi con seguridad a Apolónide, esposa de Atalo I y madre de Eumenes II y de Atalo II. Puesto que no se conoce ningún epitafio común a Atalo I y a Apolónide, se supone que fue nombrada reina madre. De hecho, Eumenes II y Atalo II son denominados habituralmente los «hijos del rey Atalo y de la reina Apolónide». El gran altar podría entonces datarse en una fecha posterior a 197 a. C., año de la muerte de Atalo I. A partir de varias piezas de cerámica encontradas en la cimentación, los expertos han estimado que la construcción se habría realizado hacia 168 o 166 a. C., fecha del fin de la guerra contra los gálatas. Sin embargo, se admite por lo general que la decisión de iniciar el proyecto se sitúa al principio del reinado de Eumenes II, tras la paz de Apamea de 188 a. C., periodo en el cual el reino de Pérgamo estaba en su máximo apogeo. Se ignora cuanto tiempo duraron los trabajos de construcción. Es probable que la Gigantomaquia fuese realizada en primer lugar, si se tiene en cuenta el perfecto acabado del trabajo. En lo que respecta al friso de Télefo, su inconclusión se explicaría sin duda por el final de la dinastía atálida, en 133 a. C.

Ya en la época de Atalo I se comenzó la remodelación de la acrópolis de Pérgamo. Con el paso del tiempo, a las edificaciones originales se añadieron un templo de Dioniso, un teatro dedicado en su nombre, un heroon, un ágora superior para la ciudad y el gran altar conocido actualmente como el altar de Pérgamo. También se construyeron varios palacios y una biblioteca en el santuario de Atenea.

Época romana

En el siglo II aproximadamente, el escritor romano Lucio Ampelio escribió en su obra Liber Memorialis, en el capítulo VIII (Miracula Mundi) una crónica del altar: «En Pérgamo hay un gran altar de mármol, de 40 pies (12 metros) de altura, con esculturas colosales. También muestra una Gigantomaquia».[10]

Además de un comentario de Pausanias,[12]​Las únicas representaciones gráficas del altar aparecen en monedas del Imperio Romano, las cuales muestran el altar con una forma estilizada.

Alcioneo, Atenea, Gea y Nike, friso de la Gigantomaquia, altar de Pérgamo.

A lo largo del siglo XX, la percepción e interpretación de las antigüedades de otros periodos además del «clásico» han sido de nuevo estudiados. Desde ese momento, resulta incuestionable que el gran altar de Pérgamo es una de las obras más significativas, si no el culmen, del arte helenístico. Actualmente, una opinión desinformada y de bajo nivel sobre el altar resultaría insólita. El Laocoonte y sus hijos, ubicado en los Museos Vaticanos, es una de las pocas esculturas que se consideran hoy en día como grandes ejemplos del arte de la antigüedad. Declarada ya en época romana como «una obra maestra que sobrepasa a todas las demás pinturas y esculturas»,[15]

De la Edad Antigua hasta el siglo XIX

Emplazamiento del altar en la ciudad moderna de Bergama.

El altar perdió su función a finales de la antigüedad tardía, cuando el cristianismo reemplazó y suprimió las religiones politeístas. En el siglo VII la acrópolis de Pérgamo fue fortificada como defensa frente a los árabes. Durante el proceso, el altar de Pérgamo entre otros edificios fue parcialmente destruido para ser reutilizado como material de construcción. Sin embargo, la ciudad fue derrotada en 716 por los árabes, que la ocuparon temporalmente antes de abandonarla por considerarla poco importante. Se refundó en el siglo XII, y en el siglo XIII cayó en manos de los turcos.[16]

En el siglo XIII, Teodoro Láscaris, futuro emperador de Nicea, visitó las ruinas de Pérgamo, aunque no hizo mención alguna del altar en sus cartas. Entre 1431 y 1444, el humanista italiano Ciríaco de Ancona también viajó a la ciudad y la describió en sus commentarii o diario de viaje. En 1625 William Petty, capellán de Thomas Howard, XXI conde de Arundel, coleccionista y mecenas de arte, viajó por Turquía y visitó Pérgamo, llevando consigo de vuelta a Inglaterra dos paneles del altar.[18]

Descubrimiento arqueológico

El arquitecto alemán Carl Humann había ya trabajado en Samos, donde había participado en las excavaciones del Hereo iniciadas en 1861, cuando visitó por primera vez Pérgamo en 1864. Entró al servicio de su hermano Franz, quien había obtenido el derecho de construir unas carreteras en la parte oeste del Imperio otomano. Así, se instaló en Pérgamo en 1868 y pasó a ser el jefe responsable de un equipo formado por 2000 obreros, 1000 bueyes y 500 camellos, caballos y mulas.[19]

Cimientos del Altar de Pérgamo después de la excavación (1880).

En 1871, cuando el conocido arqueólogo alemán Ernst Curtius visitó su excavación, había desenterrado ya un cierto número de esculturas que parecían constituir una serie. Curtius le animó a enviarlas a Berlín, y ese mismo año mandó tres fragmentos de lo que definió como una «batalla entre hombres, caballos y animales salvajes»[20]​Las piezas pasaron desapercibidas durante cinco años en el "Altes Museum" (museo antiguo).

En diciembre de 1871 se encontró en un muro bizantino de la acrópolis de Pérgamo un panel de mármol con la figura esculpida de un gigante. Humann reconoció estar ante una obra maestra, aunque creía que el friso provenía del cercano templo de Atenea. El mural fue enviado inmediatamente a Berlín.[21]​En 1877 Alexander Conze, el nuevo director de la colección de esculturas del Museo de Berlín, halló en la obra de Lucio Ampelio una referencia a un altar de los gigantes, lo cual permitió una identificación más precisa. Conze centró su interés en los fragmentos y se apresuró a escribir a Humann para que iniciase la excavación, pidiendo ser su representante en el lugar con el fin de encontrar las otras partes del altar.

Plano de las excavaciones, 1880-1881

En agosto de 1878, el gobierno alemán obtuvo un firmán de los otomanos que le permitía inspeccionar en la acrópolis de Pérgamo. Se firmó un primer acuerdo, donde un tercio de los hallazgos serían para el propietario del terreno, otro tercio para el descubridor y otra tercera parte para el Estado otomano. El embajador consiguió en principio obtener los dos primeros tercios para Berlín.[4]

Las excavaciones se desarrollaron en tres campañas: 1878-1879, 1880-1881 y 1883-1886. La primera campaña se inició el 9 de septiembre de 1878 con la apertura de una trinchera entre la muralla bizantina y la muralla atálida, al sur de la acrópolis. Los elementos del altar habían sido utilizados para la construcción de la muralla, de tal forma que el relieve quedaba hacia el interior. El 24 de septiembre se habían descubierto ya diecisiete paneles. A finales de diciembre, se habían hallado treinta y nueve paneles de la Gigantomaquia y cuatro del friso de Télefo, cerca de 800 fragmentos, una decena de estatuas y treinta inscripciones. Para ello, se desenterraron 1 800 metros cúbicos de tierra.[25]

Siglo XX

Reconstrucción del altar de Pérgamo en un edificio temporal, parte occidental, anterior a 1908.

Inicialmente, no existía un lugar apropiado donde pudiesen presentarse los paneles del altar y fueron alojados temporalmente en el abarrotado Altes Museum, donde en particular el friso de Télefo no podía exhibirse de manera correcta. Por esta razón, se propuso la construcción de un nuevo museo. El primer Museo de Pérgamo se edificó entre 1897 y 1899 por Fritz Wolff y abrió sus puertas en 1901, con la presentación de un busto de Carl Humann realizado por Adolf Brütt. Este edificio se utilizó hasta 1908, aunque se consideraba únicamente como una solución provisional y fue llamado por tanto el «edificio temporal».

Se proyectaron cuatro museos arqueológicos, en uno de los cuales se instalaría el altar de Pérgamo. Sin embargo, el primer edificio tuvo que ser demolido por problemas en su cimentación. Además, en su interior se consideró que se alojarían los hallazgos que no pudieran presentarse en los otros tres, y por tanto desde un principio el espacio era demasiado pequeño para el altar.

Discurso de inauguración del museo de Pérgamo, septiembre de 1930.

Así, en 1910 se iniciaron las obras de construcción de un nuevo museo de Pérgamo, diseñado por Alfred Messel. Fue inaugurado en 1930, debido a los retrasos causados por la Primera Guerra Mundial, la Revolución de Noviembre y la Hiperinflación en la República de Weimar en 1818-19. El nuevo edificio presentó el altar de una forma similar a la que se puede apreciar actualmente. Una reconstrucción parcial de la galería central permitió la instalación de los fragmentos del friso en los muros perimetrales. A través de las escaleras se llega hasta el friso de Télefo, tal y como ocurría en la construcción original, aunque solo se exhibe una parte del mismo. Se desconoce el motivo por el cual no se reconstruyó el altar completo cuando se edificó el nuevo museo y se instaló el friso. Cuando se ideó la exposición, Theodor Wiegand, director del museo de la época, siguió las ideas de Wilhelm von Bode, quien tenía en mente un gran «Museo Alemán» al estilo del Museo Británico de Londres. Pero obviamente no hubo un planteamiento global, y a pesar de que se pensaba realizar un gran museo de arquitectura, que mostraría ejemplos de toda la cultura mediterránea y del antiguo Oriente Medio, la disposición del altar en el edificio tuvo que ser reducida. Hasta finales de la Segunda Guerra Mundial, solo la parte oriental del museo con las tres amplias galerías era denominada el «Museo de Pérgamo».[27]

El altar de Pérgamo tal y como puede visitarse en la actualidad en el museo de Pérgamo en Berlín. En una primera sala se pueden contemplar, en tres de sus muros, los frisos de la Gigantomaquia de los lados este y parte de los paneles norte y sur. En el cuarto muro está adosada la escalinata, con los frisos del oeste y el resto de los frisos norte y sur en su ubicación original. A través de la escalera se sube a una segunda sala donde se exhiben los frisos de Télefo.

El altar ha permanecido siempre en el interior del museo, a excepción del periodo comprendido entre 1945 y 1959. En 1939, sus puertas se cerraron a causa de la Segunda Guerra Mundial. El altar fue ocultado al principio en los sótanos del Reichsbank, y posteriormente en un refugio antiaéreo en Tiergarten. En 1945, las tropas soviéticas se apoderaron del monumento, lo desmantelaron y se lo llevaron a Rusia como botín de guerra.[29]​En 1990, nueve cabezas del friso de Télefo, que tuvieron que ser trasladadas a la zona oeste de Berlín debido a la guerra, fueron devueltas al museo.

El monumento ha sufrido diversos problemas debido a restauraciones anteriores incorrectas. Las grapas y pasadores que conectaban los fragmentos y anclaban el friso y las esculturas al muro estaban hechos de hierro. Cuando estos comenzaron a oxidarse aumentaron de volumen, con el peligro de rotura del mármol desde el interior. Por lo tanto, desde 1990 era imperativa una intervención de urgencia. De 1994 a 1996 el friso de Télefo fue intervenido, incluso algunas partes que eran inaccesibles en los años 1980.[31]​El 10 de junio de 2004 el friso, totalmente restaurado, fue presentado de nuevo al público.

En 1998 y posteriormente en 2001 el Ministro de Cultura turco, Istemihan Talay, pidió el retorno del altar y otros objetos a su país. Sin embargo, esta petición no tenía carácter oficial y no sería aplicable bajo los estándares actuales.[33]​Actualmente, la mayor parte de la cimentación y diversos restos de los muros del altar permanecen en su emplazamiento original. Asimismo, se conservan en Turquía varias piezas del friso de pequeñas dimensiones, que fueron encontradas posteriormente.

Other Languages