Alodia y Nunilo

Si se busca información atinente al reino africano conocido según algunas fuentes como Alodia véase: Aloa.
Relieve de las santas Nunilo y Alodia en la colegiata de Alquézar, en el lugar en el que se supone que estuvieron presas.

Santa Alodia y Santa Nunilo (también conocidas como Alodía o Elodia y Nunilón o Nunilona) forman parte del martirologio medieval español durante la invasión musulmana de la península.

Vírgenes y mártires, de padre musulmán y madre cristiana, murieron decapitadas en Alquézar el jueves 21 de octubre del año 851 por un delito de apostasía tras negarse a confesar la fe mahometana ante un juez (ya que, según la ley existente, los hijos de matrimonios mixtos eran musulmanes desde el momento mismo de su nacimiento), en una época de general tolerancia religiosa.

Las investigaciones existentes sobre los códices medievales que narran su historia parecen indicar que nacieron en el siglo IX en la localidad de Adahuesca, dentro de la provincia de Huesca. Contamos con una crónica latina escrita en 851 en el antiguo Condado de Aragón, la Passio beatissimarum birginum Nunilonis atque Alodie, que narra su juicio y martirio. Existen otras interpretaciones de los códices que afirman, con menor rigor histórico, que las Santas nacieron y murieron en otros lugares de Aragón, La Rioja o incluso Granada.

Sus reliquias descansaron en el monasterio de San Salvador de Leyre ( Navarra) desde el año 860, aunque una pequeña parte de estas fueron llevadas a Adahuesca en 1672. Tras la desamortización de Mendizábal, las reliquias viajaron en su totalidad a Adahuesca, donde reposan casi en tu totalidad. Pequeños fragmentos se repartieron al Monasterio de Leyre, Huéscar y la Puebla de Don Fadrique ( Granada).

Historia

Hijas de padre musulmán y madre cristiana, las gemelas Nunilo y Alodia fueron educadas en el cristianismo tras morir su padre siendo todavía muy niñas, aún estando obligadas a profesar la fe de Mahoma. Al fallecer su madre, un pariente que pretendía conseguir el patrimonio perteneciente a las niñas las denunció a las autoridades y fueron hechas prisioneras en los calabozos del castillo de Alquézar.

Jalaf ibn Rasid, máximo poder musulmán de la región, fue quien las juzgó, y viendo las intenciones del pariente y la indefensión de las niñas, resolvió ponerlas en libertad. Pero el familiar no se contentó y las denunció ante el gobernador de Huesca, quien las condenó a muerte. Fueron decapitadas el 21 ó 22 de octubre de 851.

Dice la leyenda que tras arrojar sus cuerpos en un lugar alejado de las murallas, las aves rapaces no los tocaron, sino que más bien fueron sus cuidadores. Y lo más sorprendente es que a lo largo de una noche, unos cristianos vieron destellos luminosos que salían del mismo lugar donde fueron arrojadas las santas.

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