Alianza franco-rusa

Puente Alejandro III en París levantado como símbolo de la alianza franco-rusa.

La alianza franco-rusa fue una alianza militar entre la Tercera República Francesa y el Imperio ruso, que se mantuvo en vigor desde 1892 hasta 1917. La alianza terminó con el aislamiento diplomático de Francia fruto de la elaborada política diplomática del canciller alemán Bismarck. Para el Imperio ruso significó un aliado frente a las pretensiones balcánicas de Austria-Hungría, aliada del Imperio alemán, y una contraposición a los intereses coloniales británicos. Francia seguirá siendo el principal aliado de Rusia hasta 1917, desde el punto de vista económico, financiero y militar.

Antecedentes

Las relaciones internacionales entre las potencias europeas de 1871 a 1893 giran entorno al complejo sistema de alianzas impuesto por Bismarck gracias a la preponderancia del Imperio alemán a raíz de su unificación estatal y la derrota francesa en la guerra franco-prusiana. El sistema bismarckiano tenía como objetivo conservar el statu quo europeo a la vez que favorecía los intereses de Alemania convirtiéndola en una potencia europea.

El aislamiento francés 1871-1886

La derrota de Francia en la guerra de 1871 supuso un trauma nacional para la sociedad francesa que le llevó a perder territorio nacional y a un claro deseo de revancha contra el Imperio alemán. Para evitar este resentimiento francés, la política de alianzas llevada a cabo por Bismarck buscaba aislar a Francia diplomáticamente. En primer lugar, superados los problemas con el Imperio austrohúngaro, se acordó la Doble Alianza en 1879 renovada sin problemas hasta 1918. Los acuerdos con el Imperio ruso alejaban una posible aliado de Francia, difícil a priori si tenemos en cuenta el antagonismo entre la monarquía autócrata de Rusia y el nuevo gobierno republicano francés.

El gobierno de París había visto prioritario a partir de 1880 crear un imperio colonial que mejorara el prestigio y la economía nacional, Alemania favoreció y alentó empresas coloniales como una forma de que Francia estuviera entretenida y obviara de momento el revanchismo. Sin embargo la creación de este imperio no estuvo exenta de problemas, así, la ocupación de Túnez por parte de Francia en 1881 conllevó la enemistad de Italia que creía tener derechos históricos sobre esa área, y lanzarla a los brazos de Alemania con la que concretó la Triple Alianza (1882) junto a Austria-Hungría. A la guerra arancelaria entre Italia y Francia en 1882 se unió el establecimiento de un protectorado británico en Egipto, sobre la que Francia tenía intereses desde la apertura del Canal de Suez en 1869 y que supuso el debilitamiento de las relaciones franco-británicas.

Las relaciones germano-rusas 1872-1886

Zar Alejandro III (1881-1894).

Desde la derrota de Napoleón en 1815 las relaciones entre las monarquías absolutistas de Europa giraron entre la amistad y la desconfianza mutua, esta última se acrecentó a partir de la segunda mitad del siglo XIX al interponerse los intereses rusos y austriacos en varios frentes tales como la cuestión de Oriente o los Balcanes. En 1872 el gobierno de Berlín favoreció la creación de la Liga de los Tres Emperadores entre los imperios alemán, ruso y austrohúngaro. Pese a esta alianza las tensiones entre rusos y austriacos con intereses contrapuestos en los Balcanes acabaron con la liga en 1878, a raíz de la falta de apoyo del Imperio alemán y Austria-Hungría al proyecto de la Gran Bulgaria impuesto por el zar Alejandro II como consecuencia de la guerra ruso-turca.

El aislamiento de Rusia podía ser perjudicial para el Imperio alemán dado que la rivalidad en la frontera común entre ambas naciones podía transformarse en una guerra, por lo que Bismarck volvió a reactivar la alianza con Rusia a través de la Alianza de los Tres Emperadores el 18 de junio de 1881. Con este nuevo tratado Alemania se aseguraba en caso de guerra con Francia la neutralidad rusa, y ésta se aseguraba que los austriacos no ayudarían a Gran Bretaña en una hipotética guerra con Rusia. La iniciativa alemana contravenía la Doble Alianza con Austria-Hungría cuyo principal objetivo era una alianza militar contra Rusia.

Tensiones diplomáticas 1885-1890

La crisis búlgara

Mientras que el Imperio alemán se atraía a Rumanía y al entonces Principado de Serbia mediante sendos tratados en 1881 y 1883, Rusia jugaba la baza de Bulgaria, principado autónomo, que tras el Congreso de Berlín estaba gobernado por un príncipe alemán, Alejandro de Battenberg. Bulgaria intentó, desde el principio, desprenderse de la tutela rusa y orbitar hacia Austria-Hungría lo que contravenía el principio de neutralidad del renovado acuerdo de 1881. La ruptura a raíz de la guerra serbo-búlgara provocó un intento de golpe de estado el 20 de agosto de 1886 apoyado por Rusia; pese a salvarse con un contragolpe nacionalista Alejandro fue depuesto ocho días después. El gobierno del zar Alejandro III se negó a reconocer al nuevo príncipe, Fernando de Sajonia-Coburgo, de origen alemán y que con la ayuda del primer ministro nacionalista, Stambolov buscó la alianza con Austria-Hungría. La negativa de Berlín[1]​ a reconocer el nuevo gobierno búlgaro no impidió que los aliados del Imperio alemán si lo hicieran dejando a Rusia sin su principal aliado balcánico.

Ante el peligro de ruptura con el Imperio ruso, Bismarck intentó acercarse al zar mediante la firma del ultra-secreto Tratado de Reaseguro (18 de junio de 1887) en el que Berlín y San Petersburgo se aseguraban la neutralidad mutua frente a sus enemigos (Francia y Austria-Hungría respectivamente) y reconocía los derechos rusos sobre los Balcanes, los estrechos y Bulgaria. Este acuerdo suponía una contradicción a los Acuerdos del Mediterráneo (febrero-diciembre de 1887) y la Doble Alianza (1879) firmados ambos por Alemania. Lo que evidentemente interesó a Bismarck para firmar el acuerdo con Rusia era alejarla de la frontera occidental y tenerla ocupada en disputas balcánicas y mediterráneas donde encontraría enfrente a las potencias firmantes del Acuerdo de 1887[2]

Sin embargo el gobierno ruso comenzó a desconfiar de las promesas alemanas dada la falta de apoyo a las pretensiones rusas en la cuestión búlgara o la creciente influencia alemana sobre el Imperio otomano a través del envio de instructores militares y la construcción de ferrocarriles con capital alemán. En otoño de 1887 las tropas rusas realizan una serie de maniobras militares en la frontera occidental lo que hace desconfiar a Berlín tanto que generales como Alfred von Waldersee hablen de guerra preventiva contra Rusia.[3]​ El canciller Bismarck actuó negando títulos de deuda pública rusa dañando con ello al crédito ruso, la decisión obligó al zar Alejandro III a realizar una visita a Berlín.[4]​ Durante la reunión el zar criticó el doble juego del canciller, y este le reprochó la tendencia paneslavista y la aproximación a Francia. En noviembre de 1887 Bismarck emite unas disposiciones que prohibían al Banco del Reich y el Banco del estado prusiano la inversión en papel ruso, provocando el resentimiento de las relaciones germano-rusas.

El nacionalismo francés

Pese a la política colonial, Francia, no había olvidado el deseo de revancha, el sentimiento nacional fue explotado por algunos sectores de la sociedad francesa. La política alemana de acercamiento a Francia no dio sus frutos y Bismarck había concluido en 1886: abandono mi intento de conseguir la reconciliación con Francia.[5]​ El presidente de la República Jules Grévy y su ministro de asuntos extranjeros Freycinet había intentado mantener una política de apaciguamiento evitando la confrontación con Alemania como demostró el hecho de retirar a su embajador en la corte del zar que era favorable a la alianza con Rusia.[6]

Charles de Freycinet, Primer ministro francés durante las negociaciones con el Imperio Ruso.

Las tensiones con Alemania se agudizaron en 1887 con una serie de incidentes. En primer lugar la asistencia de diputados de Alsacia-Lorena al funeral del primer ministro Léon Gambetta (1882) y los resultados electorales pro-franceses en esa provincia (1887) provocaron que en marzo de 1887 el Reichstag impusiera visado a los franceses que visitaran las provincias arrebatas a Francia en 1871. En segundo lugar el incidente fronterizo de abril, cuando un funcionario francés fue atraído a la frontera por policías alemanes y apresado bajo acusación de espionaje. El nacionalismo francés reclamó una acción gubernamental a esta ofensa y el general nacionalista Georges Boulanger, ministro de Guerra desde 1886, que con sus discursos nacionalistas y belicistas llamaba a lanzar un ultimátum al gobierno alemán y reforzar la frontera con tropas.

El revanchismo francés había encontrado eco el ministro Boulanger que unido al periodista Paul Déroulède, presidente de la Liga de los patriotas, causaron un periodo turbulento en la vida pública francesa entre 1887 y 1889. La acción del boulangerismo se encaminó a denunciar la debilidad del gobierno frente a Alemania abogando por una doctrina antiparlamentaria, reaccionaria y nacionalista. Ante este panorama las medidas tomadas por el gobierno francés fueron encaminadas a apaciguar a Alemania, Bismarck declaró al embajador francés en Berlín:[7]

Puede ser, mientras gobierne este gabinete u hombres eiusdem farinae, como Ferry o Freycinet. Pero el día que Boulanger llegue a ser primer ministro o presidente de la República, ce sera la guerre.

Pese a las pasiones sociales agravadas por los casos de corrupción, Francia, no quería verse arrastrada por la vorágine nacionalista a una nueva guerra con Alemania sin apoyo de otras naciones. La medida aprobada fue no renovar a Boulanger para el siguiente gabinete. Francia necesitaba evitar la guerra pero sin parecer débil a ojos de Berlín. La elección del presidente Sadi Carnot imprimió una nueva dimensión a la política exterior francesa intentando romper el aislamiento diplomático a través del acercamiento a Rusia, éste giro francés coincide con los inicios del acercamiento del imperio alemán al Reino Unido utilizando la misma táctica que había intentado con Francia, apoyando su política colonial.

El Imperio alemán se sentía fuerte dentro del equilibrio europeo, como potencia continental buscaba mantener el aislamiento francés y la tranquilidad de Rusia con una política mediadora entre las naciones enfrentadas: Francia-Reino Unido por cuestiones coloniales y Rusia-Austria-Hungría por los Balcanes.

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