Alianza Internacional de la Democracia Socialista

Carné de la Alianza

La Alianza Internacional de la Democracia Socialista fue una organización anarquista fundada el 25 de septiembre de 1868 por Mijaíl Bakunin en Ginebra, Suiza. Pretendía convertirse en el núcleo dirigente y secreto de la Primera Internacional pero el Consejo General, de mayoría marxista, se opuso y en el Congreso de La Haya de 1872 logró que fueran expulsados Bakunin y sus seguidores «antiautoritarios». Estos fundaron inmediatamente después la Internacional de Saint-Imier que se presentó como la verdadera continuadora de la Internacional. La Alianza perdió entonces su razón de existir y desapareció.

Historia

La Alianza y la Internacional: bakuninistas frente a marxistas

En 1867 Mijail Bakunin se estableció en Ginebra y allí fundó la Alianza de la Democracia Socialista en la que se integraron otros exiliados rusos y también exiliados polacos, franceses, italianos y de otros países. La Alianza contó con la colaboración de la Federación del Jura —dirigida por James Guillaume y Adhemar Schwitzguebel— en la que logró que triunfaran sus tesis apolicistas contrarias a la participación en las elecciones y en las instituciones «burguesas». Los partidarios de la intervención en política, siguiendo las tesis aprobadas a propuesta de Marx en los Congresos de la Internacional, formaron la Federación de Ginebra.[1]

La Alianza pidió el ingreso en la Internacional pero el Consejo General le respondió que sus estatutos no lo permitían al tratarse de una organización de ámbito internacional, por lo que la Alianza acordó disolverse formalmente en abril de 1869, pasando sus miembros de Ginebra a integrarse en la Federación del Jura. El resto de grupos de la Alianza hicieron lo mismo pero el español encabezado por Rafael Farga Pellicer y Gaspar Sentiñón hacia abril de 1870 fundó en Barcelona un grupo secreto al que llamaron Alianza de la Democracia Socialista, dotado de un programa y unos reglamentos que eran los mismos que los de la Alianza de Ginebra. Según el historiador Josep Termes, «seguramente, esta Alianza nació con objeto de conseguir —mediante este grupo coherente y secreto— que el Congreso de Barcelona, que se celebraría dos meses más tarde, se pronunciase decididamente por el anarquismo colectivista y apolítico, poniendo fin al predominio de las corrientes societarias, cooperativistas y politicistas». Tras el Congreso de Barcelona se constituyeron grupos de la Alianza en otras localidades, especialmente cuando el gobierno español empezó a tomar medidas contra la Internacional a causa del «pánico» provocado por la Comuna de París.[2]

Para evitar ser condenada en la Conferencia de la Internacional que se iba a celebrar en Londres a mediados de septiembre de 1871,[4]

Siguiendo el ejemplo de la Alianza de Ginebra, la Alianza española decidió disolverse formalmente días antes de que se celebrara el Congreso de Zaragoza de la FRE-AIT en abril de 1872. Sin embargo, como ha señalado Josep Termes, el grupo siguió funcionando como tal aunque hubiese desaparecido la organización burocrática, «ya que era imposible que los lazos ideológicos y personales dejasen de influir en su conducta. En la práctica no existía ninguna diferencia entre la actuación del grupo bakuninista después de la disolución o antes de ésta».[3]

La ruptura entre bakuninistas y marxistas

Los marxistas estaban convencidos que la Alianza internacional seguía existiendo y las pruebas las creyeron encontrar en los escritos y la conducta del propio Bakunin, que no se había resignado a la disolución de la organización. De hecho Bakunin estaba convencido de que no había desaparecido y así lo escribió en algunas cartas que luego serían utilizadas por el Consejo General como pruebas en contra suya en el Congreso de La Haya de 1872. El 5 de abril de 1872 le escribió al aliancista español Francisco Mora Méndez: «Sabéis sin duda que en Italia, la Internacional y nuestra querida Alianza han adquirido un gran desarrollo...». Aunque Bakunin también estaba convencido de que los partidarios del Consejo General militaban en un partido secreto que era la sociedad de Comunistas Alemanes fundada en 1847 por Marx y Engels —aunque ésta se había disuelto en 1852—.[5]

El 24 de julio de 1874, poco después de que los socialistas marxistas de la FRE-AIT fueran expulsados de la organización, Friedrich Engels escribió en nombre del Consejo General al Consejo de la Federación española pidiéndole los nombres, las actividades y los cargos que ostentaban los miembros de la Alianza, añadiendo a continuación que si el Consejo español no respondía el Consejo General denunciaría a sus integrantes «por violadores del espíritu y la letra de los Estatutos Generales y traidores a la Internacional... en beneficio de una sociedad secreta no solamente ajena a ella, sino hostil». El Consejo Federal no dio los nombres alegando que sólo rendía cuentas ante los Congresos de la FRE. Además el grupo aliancista de Barcelona aseguró que su Alianza no había «que confundirla con la Alianza de la Democracia Socialista, sección pública de Ginebra, que tenía miembros en varios países, pues la Alianza que fundamos en España no tenía de común con aquella sino la conformidad de ideas».[6]

Entre el 2 y el 7 de septiembre de 1872 se celebró el Congreso de La Haya en el que se produjo la ruptura definitiva entre marxistas y bakuninistas. La mayoría de los delegados apoyaron las tesis marxistas aprobadas en los anteriores congresos como las relativas a «la constitución del proletariado en partido político» y la conexión entre la lucha económica y la lucha política. Y además acordaron la expulsión de la Internacional de Bakunin y de su aliado suizo James Guillaume por no haber disuelto la Alianza. Los delegados favorables a las posiciones «antiautoritarias» firmaron un manifiesto mostrando su disconformidad con la expulsión y decidieron reunirse en Saint-Imier ( Suiza) para celebrar un Congreso aparte en el que dejaron sin efecto la expulsión de Bakunin y de Guillaume, no reconocieron al Consejo General nombrado en La Haya y aprobaron una resolución que recogía las tesis bakuninistas insistiendo en que «la destrucción de todo poder político es el primer deber del proletariado» y que «todo poder político pretendidamente provisional y revolucionario… no puede ser más que un engaño».[8]

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