Alfredo Espino

Alfredo Espino
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Información personal
Nombre de nacimientoEdgardo Alfredo Espino Najarro Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacimiento8 de enero de 1900 Ver y modificar los datos en Wikidata
Ahuachapán, El Salvador Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento24 de mayo de 1928 Ver y modificar los datos en Wikidata (28 años)
San Salvador, El Salvador Ver y modificar los datos en Wikidata
Lugar de sepulturaCementerio de Los Ilustres Ver y modificar los datos en Wikidata
NacionalidadSalvadoreña Ver y modificar los datos en Wikidata
Lengua maternaEspañol Ver y modificar los datos en Wikidata
Familia
PadresAlfonso Espino
Enriqueta Najarro de Espino
FamiliaresMiguel Ángel Espino Najarro
Educación
Alma máter
Información profesional
OcupaciónPoeta Ver y modificar los datos en Wikidata
Años activo1920–1928
GéneroPoesía Ver y modificar los datos en Wikidata
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Edgardo Alfredo Espino Najarro (Ahuachapán; 8 de enero de 1900-San Salvador; 24 de mayo de 1928),[1]​ conocido como Alfredo Espino, fue un poeta salvadoreño.

Biografía

Nació en el Departamento de Ahuachapán, zona occidental de El Salvador, el 8 de enero de 1900. Hijo de Enriqueta Najarro de Espino y Alfonso Espino, ambos profesores y poetas,[3]

En 1920 ingresó a la Universidad de El Salvador, inscribiéndose en la Facultad de Jurisprudencia.[4]

Los últimos años de su vida se volvieron muy adversos; la negativa de sus padres para consentir su casamiento con ciertas jóvenes lo condujo a constantes desequilibrios emocionales y amorosos.[4]

Fue durante una de estas crisis alcohólicas que él mismo puso fin a su vida, en la madrugada del 24 de mayo de 1928 en la ciudad de San Salvador.[4]

Sepultado primero en el Cementerio General capitalino —donde los discursos de estilo corrieron a cargo del doctor y escritor Julio Enrique Ávila y los entonces bachilleres Manuel F. Chavarría y Rafael Vásquez—, desde hace unos años los restos de Espino fueron trasladados a la Cripta de los Poetas, en el camposanto privado Jardines del Recuerdo, al sur de la ciudad de San Salvador.

Su único libro, Jícaras tristes,[7]

Tiene una poética delicada; buscó plasmar su terruño con una visión lírica; la que presentó con un estilo sencillo, fácil de captar, por lo tanto, sin complicaciones formales;[5]

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