Alfonso VI de Portugal

Alfonso VI de Portugal
Rey de Portugal
Afonsoviportugal.jpg
Alfonso VI de Portugal
Información personal
Reinado 1656 - 1683
Nacimiento 24 de agosto de 1643
Lisboa
Fallecimiento 12 de septiembre de 1683 (40 años)
Sintra
Predecesor Juan IV de Portugal
Sucesor Pedro II de Portugal
Familia
Casa real Casa de Braganza
Padre Juan IV de Portugal
Madre Luisa de Guzmán
Consorte
Regente Luisa de Guzmán (1656-1662)
Pedro de Braganza (1667-1683)

Coat of arms of the Kingdom of Portugal (Enciclopedie Diderot).svg
Escudo de Alfonso VI de Portugal

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Alfonso VI de Portugal, apodado el Victorioso, ( 24 de agosto de 1643[1] - 12 de septiembre de 1683) fue rey de Portugal, el segundo de la Casa de Braganza. Sexto de los 8 hijos del duque Juan II de Braganza -luego rey Juan IV de Portugal- y de Luisa Francisca de Guzmán. Por parte de madre era un 2º bisnieto del santo Francisco de Borja y Aragón; y, consiguientemente, descendiente directo del papa Alejandro VI (Rodrigo Borja o Borgia).

Biografía

Alfonso no estaba destinado a reinar y, por lo tanto, no estaba preparado para ello, ya que el heredero de la corona era su hermano mayor, el príncipe Teodosio.[2]

Al contrario que sus hermanos, Alfonso pasó su infancia y su juventud en Lisboa en un ambiente de tensión salpicado de preocupaciones políticas, gubernamentales y militares.[3]

Su hermano Teodosio fallece el 13 de mayo de 1653 y su hermana Juana el 17 de noviembre de ese mismo año. Alfonso se convierte entonces en el heredero al trono de Portugal siendo jurado como tal el 22 de octubre del mismo año.[4]

Creación de la Casa del Infantado

Juan IV pocos años antes de fallecer decide cederle al infante Pedro (futuro Pedro II) un vasto patrimonio de señoríos, la mayoría usurpados a los nobles contrarios a la Restauración que habían salido hacia España. Estos señoríos se extendían a lo largo del territorio portugués, del norte al sur del Alentejo, y son el origen de la Casa.

Se garantiza así, no sólo "el mantenimiento de los hijos segundos de la corona", en palabras del historiador Veríssimo Serrão, sino también de su descendencia con el fin de perpetuar la dinastía real portuguesa todo lo que se pudiese.[5] incluso para tener descendencia, esta medida ponía en manos de la familia real un vasto de patrimonio que garantizaba su importancia señorial.

La Casa del Infantado y la Casa de Cadaval con quien la monarquía más tarde se aliaría, formaban la cúspide de la nobiliarquía portuguesa y, aunque tuvieran todos esas relaciones con la Corona, sus posesiones estaban separadas del patrimonio del Estado.[5]

Subida al trono y regencia de Luisa de Guzmán

Cuando tenía trece años, fallece su padre el rey Juan IV y él se convierte en su sucesor. No obstante su edad no le permitía reinar y, además, se dudaba de su capacidad mental para asumir el reinado. Fue aclamado y entronizado el 15 de noviembre de 1656.[6] El rumor de que padecía una enfermedad mental hizo que se pensara en atrasar la ceremonia pero la reina se opuso. El discurso de la ceremonia correspondió a António de Sousa Macedo, jurisconsulto y diplomático, que no destacó la figura de Alfonso sino la de su padre al que definió como "una persona casi divina" así como la de los reyes anteriores, probablemente con la idea de despertar el valor del joven monarca, cuya nación se preparaba para la contraofensiva española y a quien le incumbía el deber de unir a todas las fuerzas vivas con el fin, tras 16 años de guerra, no comprometer la independencia del país vecino y todo el proceso de restauración.

Retrato de Luisa de Guzmán, reina de Portugal, regente al principio del reinado de Alfonso VI.

Ese mismo día empezó la regencia de Luisa de Guzmán.[7]

La regencia de Luisa de Guzmán se centró, inicialmente, en la organización del gobierno para imponerse a las facciones palaciegas. Nombra a Francisco de Faro, conde de Odemira y uno de los nobles más poderosos de la época debido a sus lazos de parentescos con diversas familiar nobles,[7]

Amistad com António Conti

Con 13 años, según narra Veríssimo Serrão,[3] En los arcos del patio hacia donde daba esa ventana se reunían los mercaderes, entre los que estaban António Conti, que tenía una tienda de cintas, medias y demás adornos femeninos. Este astuto genovés se supo ganar al joven monarca aplaudiendo a los favoritos de este y regalándole baratijas siempre que el rey baja al patio a hablar con él.

Panel de azulejos del siglo XVII, que representan al antiguo palacio da Ribeira, destruido en 1755 debido al terremoto que arrasó Lisboa. Alfonso VI fue el primer infante que vivió en ese palacio.

Cuando tomó posesión de la Casa, el 7 de abril de 1660, introdujo a António en palacio, concidiéndole alojamiento, un cuarto con puerta a la cámara del propio rey, lo que causó un gran escándalo en la corte. Se le nombró mozo de guardarropas del rey y tenía el privilegio de asistir al vestir y desvestir del rey, que también lo designó amo de llaves. António consigue que el rey lo nombre hidalgo, le conceda una encomienda así como el hábito de la orden de Cristo. El monarca también le concede una capilla cuyo rendimiento se acercaba a los 1000 cruzados.[9]

Durante las salidas nocturnas, según las descripciones del conde de Ericeira, que documentó gran parte de la Restauración, el rey no escatimaba esfuerzos para conquistar "el afecto tanto de las mujeres más expuestas, como de las más recatadas y, con el pasar de la noche y con el clarear del día, no perdonaba ni lo más sagrado de las iglesias"[11]

La regente, al principio, intento apaciguar estas actitudes e impedir que el rey mantuviera contacto con estas personas. Sin embargo, Alfonso no la escuchaba ni a ella ni a sus consejeros. Continuaban las bromas de mal gusto y eran motivos de preocupación en la corte y la reina. Luisa tuvo que tomar una medida drástica: Se instauró una pena de azotes a quien con más de quince años "jugase a las guerras de piedras"[3]

Aparecen en ese momento en la vida del joven rey dos jóvenes cortesanos que le hacen recuperar las amistades perdidas. Son Jerónimo de Ataíde (uno de los hijos de la famosa Filipa de Vilhena y Luís de Vasconcelos e Sousa, conde de Castelo Menor. Como afirma Veríssimo Serrão "no [se acercaron a Alfonso VI] porque le conviniese esa vida escandalosa sino porque sentían que podían obtener el favor real una vez que tomaran el poder."[3]

La batalla da Linha de Elvas

Alfonso VI fue apodado El victorioso debido a las victorias de Portugal sobre España durante la Guerra de Restauración portuguesa. Se enfrentaron los portugueses a los españoles en cinco ocasiones durante esta guerra, siempre en minoría.

A principios de 1657, la regente es informada por el conde de Soure de que los españoles estaban reuniendo tropas para invadir Portugal en primavera de ese mismo año.[13]

Piedra conmemorativa de la batalla de las Líneas de Elvas, 1659, con mención a Alfonso VI.

Nombra a los capitanes de Castelo de Vide, Marvão y Vila Viçosa y pide refuerzos de Trás-os-Montes, las Beiras y el Algarve. Los españoles toman la zona del Guadiana a principios del mes de abril y cayeron las plazas de Olivenza y Mourão y en 1658 se sabe de la pretensión de las tropas de Felipe IV de ocupar Vila Viçosa. Es entonces cuando aparece uno de los grandes generales de la Restauración portuguesa, Sancho Manuel de Vilhena, gobernador de Elvas. Luis de Haro y sus tropas, de aproximadamente 20 000 hombres y mucha artillería, cercan Elvas durante tres meses. Debido a la peste, hubo alrededor de 300 muertos al día y los portugueses tuvieron que resistir duros bombardeos. La batalla era decisivia pues se estaba jugando el control de Lisboa. El 14 de enero de 1659 se produce la batalla en los campos de Elvas que se salda con la victoria portuguesa. Sancho recibe, por su valor, el título de conde de Vila Flor. Sin embargo, la batalla no fue definitiva pues el tratado de los Pirineos dejó a España sin otras misiones militares.[3]

(...) rápidamente, el rey volvería a sentir el fantasma de una amenaza, si cabe, aún más grave.

Joaquim Veríssimo Serrão.

Antes de una nueva invasión, se desata una crisis política en el seno de la corte entre la regente Luisa de Guzmán y su hijo Alfonso VI por los resortes del poder. La reina llegó a plantearse que su tercer hijo, Pedro, fuese nombrado heredero al trono por lo que recibió la Casa del Infantado aún en vida de su padre Juan IV. El fracaso del golpe de Estado palaciego de 1662 que buscaba el destierro de António Conti a Brasil y, quizás también, el encarcelamiento del monarca, supuso el fin de la regencia el 23 de junio de 1662 y la entrega del poder al rey.

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