Alejandro Magno

Alejandro III de Macedonia
Μέγας Αλέξανδρος
Rey de Macedonia
Hegemón de Grecia
Gran Rey de Media y Persia
Faraón de la Dinastía Macedónica de Egipto
Bust Alexander BM 1857.jpg
Busto en mármol de Alejandro Magno, siglo II a.C. Obra helenística original de Alejandría ( Egipto).
Información personal
Nombre secular Αλέξανδρος
Reinado Rey de Macedonia ( 336 a. C. a 323 a. C.)
Hegemón de Grecia ( 336 a. C. a 323 a. C.)
Rey de Media y Persia ( 330 a. C. a 323 a. C.)
Faraón de Egipto ( 332 a. C. a 323 a. C.)
Nacimiento 20 o 21 de julio, 291 a. C.
Pela, Macedonia
Fallecimiento 10 o 13 de junio, 323 a. C. (32 años)
Babilonia
Predecesor Filipo II (como rey de Macedonia)
Darío III (como rey de Media y Persia; y como faraón de Egipto)
Sucesor Alejandro IV (como rey de Macedonia; y como rey de Media y Persia)
Filipo III (como faraón de Egipto)
Familia
Dinastía Argéadas
Padre Filipo II de Macedonia
Madre Olimpia de Epiro
Consorte Roxana de Bactriana, Estateira y Parysatis
Descendencia Heracles de Macedonia y Alejandro IV de Macedonia
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Alejandro III de Macedonia ( Pela, Grecia, 20 o 21 de julio de 356 a. C.[2]

En su reinado de trece años, cambió por completo la estructura política y cultural de la zona al conquistar el Imperio aqueménida y dar inicio a una época de extraordinario intercambio cultural, en la que los griegos se expandieron por los ámbitos mediterráneo y próximoriental. Es el llamado Período helenístico ( 323 a. C.- 30 a. C.) Tanto es así, que sus hazañas lo han convertido en un mito y, en algunos momentos, en casi una figura divina, posiblemente por la profunda religiosidad que manifestó a lo largo de su vida.[3]

Tras consolidar la frontera de los Balcanes y la hegemonía macedonia sobre las ciudades-estado de la antigua Grecia, poniendo fin a la rebelión que se produjo tras la muerte de su padre, Alejandro cruzó el Helesponto hacia Asia Menor ( 334 a. C.) y comenzó la conquista del Imperio persa, regido por Darío III. Victorioso en las batallas del Gránico ( 334 a. C.), Issos ( 333 a. C.), Gaugamela ( 331 a. C.) y de la Puerta Persa ( 330 a. C.), se hizo con un dominio que se extendía por la Hélade, Egipto, Anatolia, Oriente Próximo y Asia Central, hasta los ríos Indo y Oxus. Habiendo avanzado hasta la India, donde derrotó al rey Poro en la batalla del Hidaspes ( 326 a. C.), la negativa de sus tropas a continuar hacia Oriente le obligó a retornar a Babilonia, donde falleció sin completar sus planes de conquista de la península arábica. Con la llamada "política de fusión", Alejandro promovió la integración de los pueblos sometidos a la dominación macedonia promoviendo su incorporación al ejército y favoreciendo los matrimonios mixtos. Él mismo se casó con dos mujeres persas de noble cuna.

Estatua de Alejandro del siglo III a.C, Museo Arqueológico de Estambul (Turquía)

En sus 32 años de vida, su Imperio se extendió desde Grecia, hasta el valle del Indo por el Este y hasta Egipto por el Oeste, donde fundó la ciudad de Alejandría[4] (hoy Al-Iskandría, الاسكندرية). Fundador prolífico de ciudades, esta ciudad egipcia habría de ser con mucho la más famosa de todas las Alejandrías fundadas por el también faraón Alejandro. De las 70 ciudades que fundó, 50 de ellas llevaban su nombre.

El conquistador macedonio falleció en circunstancias oscuras -los escritos mas antiguos dejan clara evidencia de una muerte lenta producto de un envenenamiento- dejando un imperio sin consolidar. El control sobre diversas regiones era débil en el mejor de los casos, y había regiones del norte de Asia Menor que jamás se hallaron bajo dominio macedonio. Al morir sin nombrar claramente un heredero, le sucedió su medio hermano Filipo III Arrideo (323-317 a. C.), que era una persona con discapacidad intelectual,[5] y su hijo póstumo Alejandro IV (323- 309 a. C.). El verdadero poder estuvo en manos de sus generales, los llamados diádocos (sucesores), que iniciaron una lucha despiadada por la supremacía que conduciría al reparto del imperio de Alejandro y su fraccionamiento en una serie de reinos, entre los cuales acabarían imponiéndose el Egipto Ptolemaico, el Imperio seléucida y la Macedonia antigónida.

Alejandro es el mayor de los iconos culturales de la Antigüedad, ensalzado como el más heroico de los grandes conquistadores, un segundo Aquiles ("soldado y semidiós"), para los griegos su héroe nacional y libertador, o vilipendiado como un tirano megalómano que destruyó la estabilidad creada por los persas. Su figura y legado han estado presentes en la historia y la cultura, tanto de Occidente como de Oriente, a lo largo de más de dos milenios, y ha inspirado a los grandes conquistadores de todos los tiempos, desde Julio César hasta Napoleón Bonaparte.

Mapa de la máxima extensión del imperio de Alejandro, con hoja de ruta. Desde Grecia, Mar Egeo y Mediterráneo, Asia Menor, Media, Egipto, Mesopotamia, Persia, Asia Central e India.

Vida

Nacimiento e infancia

Filipo II de Macedonia, padre de Alejandro.

Hijo de Filipo II, rey de Macedonia (dinastía de los Argéadas), y de Olimpia, hija de Neoptólemo I de Epiro, según Plutarco, el día de su nacimiento se tuvo noticia en la capital de tres triunfos: el del general Parmenión frente a los Ilirios, la victoria del sitio a una ciudad portuaria por su padre y la victoria del carro del rey en competición, que fueron considerados increíbles augurios en aquel tiempo,[6] aunque quizá fueran meras invenciones posteriores creadas bajo la aureola de grandeza de este personaje.

Existen dudas sobre la paternidad de Filipo sobre Alejandro, ya que hay otras dos versiones, y posiblemente haya existido una infidelidad por parte de su madre. Plutarco refiere que su madre Olimpia quedó encinta luego que un rayo cayera sobre su vientre. Filipo notó que en su abdomen apareció una figura del rostro de un león y la acusó de adulterio. Es una de las razones por la que el rey macedonio deseaba contraer matrimonio con otra mujer. En tanto, Pseudo Calístenes narra que la vinculación de Alejandro con el dios Amon y la posterior visita al oráculo está relacionada con su verdadero padre, el faraón egipcio Nectanebo I, que huyó a Grecia al ser invadido su país nuevamente por los persas. Según el relato histórico Nectanebo fue recibido en la corte de Filipo como "mago".

Olimpia y Nectanebo conciben a Alejandro. Pintura antigua de la colección de Historia de British Library Royal.

Personificado bajo la serpiente de Amon, convenció a Olimpia de engendrar un hijo que ponga a salvo a las dos naciones, a lo cual ella accedió. Se ha mantenido varios años en la corte, hasta que murió en una caminata nocturna junto a "su hijo". Alejandro, según Calistenes, supo que su verdadero padre era Nectanebo esa misma noche, razón por la que, descreyendo de él lo empujó a un pozo y murió. Hay vertientes que pueden indicar una cosa como la otra. Lo cierto es que los autores mas antiguos que escribieron sobre él dan por válido un adulterio de Olimpia. Y no es para nada desechable la relación de Amon dios que "engendró" a Alejandro, ya que según relatos en el oráculo de Amon, lo trataron como hijo de Zeus ("el rayo").

Alejandro Magno tenía el hábito de inclinar ligeramente la cabeza sobre el hombro derecho,[7] era físicamente de hermosa presencia, de baja estatura con cutis blanco, cabello ondulado de color castaño claro y ojos heterócromos (el izquierdo marrón y el derecho gris), que no se sabe si eran así de nacimiento o como consecuencia de un traumatismo craneal.

Alejandro junto a su madre Olimpia (réplica ubicada en Viena)

Su educación fue inicialmente dirigida por Leónidas,[9] También leyó con avidez a Heródoto y a Píndaro.

Se cuentan numerosas anécdotas de su niñez, siendo la más referida aquella que narra Plutarco:[10] Filipo II había comprado un gran caballo al que nadie conseguía montar ni domar. Alejandro, aún siendo un niño, se dio cuenta de que el caballo se asustaba de su propia sombra y lo montó dirigiendo su vista hacia el Sol. Tras domar a Bucéfalo, su caballo, su padre le dijo: «Búscate otro reino, hijo, pues Macedonia no es lo suficientemente grande para ti».

Según coinciden algunos historiadores antiguos, especialmente Calístenes, quien narra la participación de Alejandro en su adolescencia de los Juegos Olímpicos (a pedir de Filipo), en la cual obtuvo victorias en competencias de carros.

A los trece años fue puesto bajo la tutela de Aristóteles, el filósofo que mas influyó en la filosofía y las ciencias. Durante cinco años sería su maestro, en un retiro de la ciudad macedonia de Mieza. Aristóteles le daría una amplia formación intelectual y científica en las ramas que éste abordó, como filosofía, lógica, retórica, metafísica, estética, ética, política, biología, y otras tantas áreas.

Alejandro y Aristóteles. El notable filósofo se ocupó de la formación intelectual y académica de Magno por 5 años.

Muy pronto ( 340 a. C.) su padre lo asoció a tareas del gobierno nombrándolo regente, a pesar de su juventud.[11] Se afirma que Aristóteles le aconsejó esperar para participar en batallas, pero Alejandro le respondió: «Si espero perderé la audacia de la juventud».

Un nuevo matrimonio de su padre, que podría llegar a poner en peligro su derecho al trono (no conviene olvidar que el mismo Filipo fue regente de su sobrino Amintas IV —hijo de Pérdicas III—, hasta la mayoría de edad, pero se adueñó del trono), hizo que Alejandro se enemistara con Filipo. Es famosa la anécdota de cómo, en la celebración de la boda, el nuevo suegro de Filipo (un poderoso noble macedonio llamado Átalo) rogó porque el matrimonio diera un heredero legítimo al rey, en alusión a que la madre de Alejandro era una princesa de Epiro y que la nueva esposa de Filipo, siendo macedonia, daría a luz a un heredero totalmente macedonio y no mitad macedonio y mitad epirota como Alejandro, con lo cual sería posible que se relegara a este último de la sucesión. Alejandro se enfureció y le lanzó una copa, espetándole: «Y yo ¿qué soy? ¿un bastardo?». En ese momento Filipo se acercó a poner orden, pero debido a su estado de embriaguez, se tropezó y cayó al suelo, lo que le granjeó una burla de Alejandro: «Quiere cruzar Asia, pero ni siquiera es capaz de pasar de un lecho a otro sin caerse.» La historia le valió la ira de su padre, por lo que Alejandro tuvo que irse a Epiro junto con su madre. Para evitar un complot, Filipo ordenó el exilio de todos sus amigos, siendo Frigio uno de los mas cercanos. Sin embargo, Filipo terminaría por perdonarle.[11]

Ascenso al poder

Busto de Alejandro

Después del asesinato de Filipo en el año 336 a. C. por Pausanias, un capitán de su guardia, como resultado de una conspiración que es atribuida generalmente a una historia amorosa de Filipo pero que se sospecha pudo ser planeada por Olimpia, madre de Alejandro, o por los persas, Alejandro tomaría las riendas de Macedonia a la edad de 20 años.[13]

Tras suceder a su padre, Alejandro se encontró con que debía gobernar un país radicalmente distinto de aquel que heredó Filipo II 23 años antes, ya que Macedonia había pasado de ser un reino fronterizo, pobre y desdeñado por los griegos, a un territorio que tras el reinado de Filipo se consideraba como parte de la Hélade y un poderoso Estado militar de fronteras consolidadas con un ejército experimentado que dominaba indirectamente a Grecia a través de la Liga de Corinto. En un discurso, puesto en boca de Alejandro por el filósofo e historiador griego Flavio Arriano, se describía la transformación del pueblo macedonio en los siguientes términos:

«Filipo os encontró como vagabundos y pobres, la mayoría de vosotros llevaba por vestidos pieles de ovejas, erais pastores de parvos ganados en las montañas y solo podíais oponer escasas fuerzas para defenderos de los ilirios, los tribalios y los tracios en vuestras fronteras. Él os dio capas en lugar de pieles de oveja y os trajo desde las cimas de las montañas a las llanuras, él hizo que presentarais batalla a los bárbaros que eran vecinos vuestros, de tal modo que ahora confiáis en vuestro propio coraje y no en las fortificaciones. Él os convirtió en moradores de ciudades y os civilizó merced al don de leyes excelentes y buenas costumbres» (Alejandro Magno)

La muerte del gran Filipo supuso que algunas polis griegas sometidas por él se alzasen en armas contra Alejandro ante la aparente debilidad de la monarquía macedonia. Alejandro debía resolver dos puntos importantes: mantener el control de las ciudades y reclutar mercenarios de las polis para su campaña contra Persia.

En la primavera del 335 a.C. lanza una exitosa campaña al norte, Iliria (hoy Albania y FYROM) y Tracia (hasta las inmediaciones del río Danubio, hoy Rumania), donde es avisado que Tebas se había sublevado, tomando una guarnición macedonia.

Alejandro, con una reacción relámpago, demostró rápidamente su destreza estratégica y militar: viajó casi 600 kilómetros hasta Tesalia para reafirmar el dominio en la región[14] que opuso una feroz resistencia, reduciendo la ciudad a escombros. Luego de ajusticiar a los sublevados, entrevistó a una parte de la población, ordenando mas tarde la reconstrucción de la ciudad. Uno de los perjudicados era un deportista tebano de los Juegos Olímpicos, a quien Alejandro felicitó durante el desarrollo de estos, y otro relato cuenta que una mujer que mató a un general tracio durante la contienda, fue liberada luego de haber hecho una "defensa sincera".

Camino al sur del Ática, visitó el gran oráculo de Delfos, donde un general ateniense había depuesto a la pitonisa del templo, y que luego Alejandro restableció a la misma en su puesto. Allí tuvo en dos ocasiones sus oráculos. La primer visita fue bastante errática, teniendo los sacerdotes que irrumpir en varias ocasiones. "Alejandro, no puedes entrar con espadas aquí. Y tampoco puedes llevarte las cosas". En la segunda, fue a pedir el oráculo, pero en la residencia la pitia (sacerdotisa), que forcejeando le dijo "hijo mío, eres invencible" .

Su paso por Atenas fue por demás totalmente atípica. Los atenienses cerraron sus puertas, no por sublevación, sinó por temor por lo ocurrido en Tebas. Alejandro, que sentía un gran respeto por los filósofos, el arte y la cultura de la ciudad, envió entonces una primer carta (era su estilo), a lo que respondieron: «estamos debatiendo si presentarte batalla o dejarte entrar». Por lo que Alejandro, a traves de otra carta propuso dejar a su ejército fuera y entrar solo. Dejó que solamente lo acompañaran algunos de sus amigos, los hetaroi. Una vez allí, Atenas reconoció su supremacía[17] consolidando así la hegemonía macedónica, tras lo cual Alejandro se dispuso a cumplir su siguiente proyecto: conquistar el Imperio persa.

Diógenes a Alejandro: "Quitate de ahí, me tapas el sol"

Una conocida anécdota fue, de visita en Corinto (al sur de Atenas), durante los juegos ístmicos, se encontró con el filósofo Diógenes, que se encontraba sentado en una gran vasija o barril reflexionando, preguntandole «oh, Diógenes, dime que puedo hacer por ti?». A lo que éste le respondió con una ironía: «si, te corres de ahí, que me tapas el sol». La elocuente respuesta le valió las bromas de sus amigos allí presentes. Asombrado por la elocuencia, Alejandro exclamó «si no fuera yo Alejandro me gustaría ser Diógenes». Esto trascendió en los manuscritos de los filosofos y sofistas de toda Grecia.

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