Alea iacta est

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Dado en exhibición en el Museo romano de Lausanne-Vidy.

Alea jacta est (también escrito Alea iacta est o Allea jacta est) es una locución latina de uso actual que significa se echó el dado, el dado fue echado o la suerte está lanzada o, más propiamente en español, la suerte está echada. Es una expresión atribuida, por Suetonio,[1] a Julio César en el momento que este cruzara el río Rubicón en el norte de Italia, límite entre Italia y la Galia Cisalpina, provincia que le había asignado el Senado romano. Es posible que en la obra de Suetonio intitulada Vida de los 12 Césares éste incluía esta muy citada frase célebre.

Mediante este paso se rebeló contra la autoridad del Senado y dio comienzo a la larga guerra civil contra Pompeyo y los Optimates. Según algunas versiones, en lugar del participio pasivo «jacta», César usó el imperativo «jaci»: ¡echad! (la suerte).

Forma de la frase

En realidad, si se cree a Plutarco, pronunció la frase en griego, tomada de un verso del comediógrafo Menandro, con el sentido de «los dados están echados (esperemos ahora la suerte)». Al parecer el escritor era uno de los favoritos de César.

Probablemente, la fuente que usó Plutarco para emitir esta declaración haya sido el del libro de Historias de Asinio Polión, partidario del bando cesariano, quien comentó la anécdota, puesto que, por su cercanía a César, tal vez lo habría escuchado en el momento de cruzar el Rubicón.

Es posible que Horacio haya oído esto al propio Asinio Polión en la «recitatio» (término latino referente a una especie de presentaciones de libros en sociedad, cuya versión final en época de Augusto se debe al propio Polión) de su obra.

La frase en griego (ανερριφθω κυβος anerriphthō kubos) está, pues, en Menandro 65.4 y en Plutarco Caes. 32. En latín tal vez la traducción más rigurosa sería: «jacta esto alea», que equivaldría a «que se lance el dado», o «que esté el dado lanzado», con el sentido arriba comentado.

La oración implica que él había tomado el riesgo y pasado un «punto de no retorno». Es decir, como el jugador que ha apostado todo a una tirada de dados, debía no retroceder de lo que había emprendido. Hoy la frase significa dar un paso irrevocable, generalmente de riesgo o confrontación.

Gramaticalmente está integrada por el nominativo de alea[3] del verbo iacio (echar, ha sido echada).

Sin embargo, se suele traducir por "la suerte está echada" para evitar una construcción como la voz pasiva, que en castellano no es de uso común y da un aspecto forzado a la traducción. Además, en castellano no se suele mantener la metonimia implícita en latín por la que se hace referencia a la suerte de los dados.

  • Se emplea esta frase para aludir a una decisión extrema que se asume, después de haber meditado bastante.[4]

Esta frase la usó Miguel Hidalgo antes del Grito de Dolores, momento de arranque de la Independencia de México.

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