Alce

Alce
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Bandera
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Escudo
Datos generales
 • Región Carpetania[1]
Eventos históricos
Habitantes Propuesta simbolo carpetanos-01.svg Carpetanos
Fundación Anterior al 179 a. C. (año de la campaña de Graco en Carpetania)
Desaparición Posterior al siglo III (redacción del “Itinerario de Antonino”)
Administración
Correspondencia actual Paraje “La Hidalga”, Término municipal de Campo de Criptana, provincia de Ciudad Real, Flag of Spain.svg  España
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Alce o Alces fue una población de Carpetania de cuya existencia se tiene constancia gracias la información transmitida por Tito Livio al narrar la campaña militar de Graco durante el 179 a. C. en el interior peninsular. Además de la cita en este relato, la población de Alce es reseñada con el nombre de Alces en una recopilación de rutas del Imperio Romano denominada Itinerario de Antonio, en concreto, al detallar la vía Per Lusitaniam ab Emerita Caesarea Augusta a su paso por la actual provincia de Ciudad Real, tras la población de Laminio.

No se han encontrado hasta ahora elementos arqueológicos tales como miliarios, epígrafes o monedas que nos permitan establecer sin ningún género de dudas la ubicación actual de esta ciudad por lo que es necesario recurrir a la interpretación de ambas fuentes clásicas para determinar su localización. Debido a que el referido relato de Tito Livio ha sido objeto de diferentes valoraciones a lo largo del tiempo y que tampoco ha sido unánime la equivalencia de la Alces del Itinerario con la Alce indicada por Livio, las propuestas para situar geográficamente esta población han sido diversas con el tiempo.

Alce fue la última ciudad carpetana en luchar contra los romanos siendo protagonista del suceso bélico que en el 179 a. C., puso fin al proceso de conquista de este territorio iniciado catorce años antes con la lucha por la ciudad de Toletum.

Mapa de los territorios tribales prerromanos de Castilla-La Mancha y Madrid. Alce (destacado en color azul) se situaba en el extremo suroriental de Carpetania cerca de Cértima.

Fuentes clásicas

Tito Livio

Alce aparece citada en el relato que el historiador romano hizo sobre la campaña de Tiberio Sempronio Graco durante el 179 a. C., concretamente en los párrafos 47, 48, 49 y 50 de su Ab urbe condita, libro XL :

Los propretores en Hispania, Lucio Postumio y Tiberio Sempronio, acordaron un plan conjunto de operaciones: Albino marcharía a través de la Lusitania contra los vacceos y regresaría luego a la Celtiberia; de estallar una guerra más importante, Graco se encontraría en las fronteras más lejanas de la Celtiberia. Este se apoderó al asalto de la ciudad de Munda, mediante un ataque nocturno por sorpresa. Después de tomar rehenes y poner una guarnición en la ciudad, siguió su marcha, asaltando los castillos y quemando los cultivos, hasta llegar a otra ciudad de excepcional fuerza, a la que los celtíberos llamaban Cértima. Se encontraba ya aproximando sus máquinas contra las murallas cuando llegó una delegación de la ciudad. Sus palabras mostraban la sencillez de los antiguos, pues no trataron de ocultar su intención de seguir la lucha si disponían de los medios. Pidieron permiso para visitar el campamento celtíbero y pedir ayuda; si se les rehusaba, decidirían por sí mismos. Graco les dio permiso y regresaron a los pocos días, trayendo con ellos diez enviados. Era el mediodía, y la primera petición que hicieron al pretor fue que ordenara que se les diera algo para beber. Después de vaciar las tazas pidieron más, ante lo que los presentes estallaron en carcajadas por su rudeza e ignorancia del comportamiento adecuado. A continuación, los más ancianos entre ellos hablaron así: "Hemos sido enviados por nuestro pueblo -dijeron- para averiguar qué es lo que te hace sentir confianza para atacarnos". Graco les contestó diciéndoles que él confiaba en su espléndido ejército y que si deseaban verlo por sí mismos, para poder dar completa cuenta a los suyos de él, les daría la oportunidad de hacerlo. Dio luego orden a los tribunos militares para que todas las fuerzas, tanto de infantería como de caballería, se equiparan al completo y maniobrasen con sus armas. Después de esta exposición, se despidió a los enviados y estos disuadieron a sus compatriotas de enviar cualquier tipo de socorro a la ciudad sitiada. Los habitantes de la ciudad, después de tener fuegos encendidos en lo alto de las torres de vigilancia, que era la señal acordada, viendo que era en vano y que les había fallado su única esperanza de ayuda, se rindieron. Se les impuso un tributo de guerra de dos millones cuatrocientos mil sestercios. Asimismo, debían renunciar a cuarenta de sus más nobles jóvenes caballeros; pero no como rehenes, pues iban a servir en el ejército romano, sino como garantía de su fidelidad.

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Desde allí avanzó hasta la ciudad de Alce, donde estaba el campamento de los celtíberos del que habían llegado poco tiempo atrás los enviados. Durante algunos días se limitó a hostigar al enemigo mediante el envío de escaramuzadores contra sus puestos avanzados, pero cada día los enviaba en mayor cantidad para intentar sacar todas las fuerzas enemigas fuera de sus fortificaciones. Cuando vio que había logrado su objetivo, ordenó a los prefectos de las tropas auxiliares que presentaran poca resistencia y luego se dieran la vuelta, huyendo precipitadamente hacia su campamento, como si fueran superados numéricamente. Él, mientras tanto, dispuso a sus hombres en cada una de las puertas del campamento. No había pasado mucho tiempo cuando vio a sus hombres huyendo de vuelta, con los bárbaros persiguiéndoles en desorden. Mantuvo hasta este punto a sus hombres detrás de su empalizada y entonces, esperando únicamente hasta que los fugitivos encontraron refugio en el campamento, lanzó el grito de guerra y los romanos irrumpieron por todas las puertas de forma simultánea. El enemigo no pudo hacer frente a este ataque inesperado. Habían llegado para asaltar el campamento romano y ahora ni siquiera pudieron defender el suyo. Derrotados, puestos en fuga e impulsados por el pánico detrás de sus empalizadas, perdieron finalmente su campamento. Aquel día murieron nueve mil hombres, fueron capturados trescientos veinte prisioneros y se tomaron ciento doce caballos y treinta y siete estandartes militares. Del ejército romano, cayeron ciento nueve hombres.

[3]

Después de esta batalla, Graco llevó las legiones a la Celtiberia, que devastó y saqueó. Cuando los nativos vieron tomados sus bienes y ganados, sometiéndose voluntariamente algunas tribus y otras por miedo, en pocos días aceptó la rendición de ciento tres ciudades y consiguió una enorme cantidad de botín. Marchó después de vuelta a Alce y comenzó el asedio de aquel lugar. Al principio los habitantes resistieron los asaltos, pero cuando se vieron atacados por máquinas de asedio además de por armas, dejaron de confiar en la protección de sus murallas y se retiraron todos a la ciudadela. Por último, enviaron emisarios poniéndose ellos y todos sus bienes a merced de los romanos. Aquí se capturó una gran cantidad de botín, así como muchos de sus nobles, entre los que se encontraban dos hijos y la hija de Turro. Este hombre era el régulo de aquellos pueblos, y con mucho el hombre más poderoso de Hispania. Al enterarse del desastre a sus compatriotas, mandó a solicitar un salvoconducto para visitar a Graco en su campamento. Cuando llegó, su primera pregunta fue si se les permitiría vivir a su familia y a él. Al responderle el pretor que sus vidas estarían a salvo, le preguntó, además, si se le permitiría luchar del lado de los romanos. Graco también le concedió esa petición y él le dijo: "Te seguiré contra mis antiguos aliados, ya que ellos no han querido tomar las armas para defenderme". A partir de entonces, estuvo junto a los romanos y en muchas ocasiones sus valientes y fieles servicios resultaron útiles a la causa romana.

[4]

Tras esto, la noble y poderosa ciudad de Ercávica, alarmada por los desastres sufridos por sus vecinos, abrió sus puertas a los romanos. Algunos autores afirman que aquellas rendiciones no se hicieron de buena fe y que una vez Graco retiraba sus legiones, se renovaban las hostilidades; cuentan además que él libró una gran batalla contra los celtíberos en el monte Cauno, que duró desde el amanecer hasta el medio día, con muchas bajas por ambos lados. No se debe suponer de esto que los romanos hubieran alcanzado ninguna gran victoria, más allá del hecho de que, al día siguiente, desafiaron al enemigo que se mantenía detrás de su empalizada y pasaron la jornada recogiendo despojos. Afirman, además, que al tercer día se libró una batalla aún mayor y que entonces, por fin, los celtíberos sufrieron una derrota decisiva; su campamento fue capturado y saqueado, murieron veintidós mil enemigos, se tomaron más de trescientos prisioneros y casi el mismo número de caballos, así como setenta y dos estandartes militares. Esto dio fin a la guerra y se firmó una paz real, no indecisa como antes, con los celtíberos. Según estos autores, Lucio Postumio luchó dos veces con éxito aquel verano contra los vacceos, en la Hispania Ulterior, matando a treinta y cinco mil enemigos y apoderándose de su campamento. Se acerca más a la verdad la versión que cuenta que llegó a su provincia demasiado avanzado el verano como para llevar a cabo una campaña.

[5]

Este relato ha sido una de las fuentes antiguas sobre Hispania con la interpretación más polémica a lo largo del tiempo.[8]

Itinerario de Antonino

El denominado Itinerario de Antonino es una recopilación de vías dentro del Imperio romano en la que para cada ruta, se indicaban las mansiones y localidades significativas por donde discurría la calzada así como la distancia entre ellas. Gracias a esta información es posible intentar la localización de las poblaciones indicadas en el trazado a partir de cualquiera de ellas para la que se tenga una ubicación segura.

Una de las rutas, la número XXIX, descrita en este documento es la denominada Per Lusitaniam ab Emerita Caesarea Augusta que discurría desde Augusta Emerita (la actual Mérida) hasta Caesaraugusta (la actual Zaragoza) para la que a su paso por el ámbito de la actual provincia de Ciudad Real el Itinerario cita las siguientes poblaciones:[9]

La denominación que hace este texto de algunas de sus poblaciones difiere levemente de la que conocemos de ellas por otras fuentes. Así, “Sisalone”, es denominada en otros textos como “ Sisapo” y “Lamini” es mencionada como “ Laminio”. Estas leves variaciones hace que se haya equiparado tradicionalmente la indicada población de “Alces” con la “Alce” presente en el relato de Livio. A pesar de que esta asimilación es bastante verosímil,[10] ya que impide que se pueda ubicar a Alce fuera de la posición que le correspondería según el Itinerario. Por este motivo, algunas teorías sobre su localización necesitan que se rechace equiparar “Alces” con “Alce”.

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