Agustín Bejarano

Agustín Bejarano (n. 1964 en Camagüey, Cuba). El pintor y grabador Agustín Bejarano Caballero, uno de los más prestigiosos exponentes de los jóvenes artistas de las artes plásticas en Cuba, es capaz de hacer sentir en su obra una filosofía de luz.

Para su ciudad natal, Camagüey, ubicada a más de 500 kilómetros de la Habana, la capital del país, preparó veintitrés de sus grabados, realizados entre 1993 y 1999; sobresalen "Las Coquetas", "Harakiri" y "Torre de merengue tropical".

Prestigian al artista de la plástica, Agustín Bejarano obras como: "Lección de cultura doméstica"; "La dulce idea de existir", "Adorable retozo", "Monasterio de tolerancia", "Torre de merengue tropical", "Aroma pastoril", "Voluntad de silencio", "Danza loca" y "La vida en cifras con paisaje desde mi cama". También sobresalen: "Pieza ceremonial para una edad de la ternura", "La raza maldita, fin del hechizo", "El patriotismo", "Ecología terapéutica nacional", "Maquina JP con alas diminutas", "Harakiri" y la serie de grabados "La coqueta".

Su visión del arte

Bejarano, a decir del importante crítico cubano Rufo Caballero "con su estilo de sobriedad y síntesis, desautoriza el jubileo del estereotipo según el cual el Caribe es puro colorido, fiesta y pachanga, abanico y hamaca. Por lo contrario, él emprende un viaje al rostro mismo de una identidad que se reconoce en el padecimiento y la contención de la euforia”

El crítico de arte, David Mateo apunta que "... en la pintura de Agustín Bejarano es imposible prescindir de los dictados del dibujo. Ella es en sí misma subterfugio, pretexto de sus procedimientos y sistemas". Y agrega que "... si con el grabado esa capacidad para el dibujo alcanzó su máximo poder de resolución, con la pintura se fue haciendo cada vez más perfectible, a la par que compleja". David Mateo, reconoce que Bejarano refleja una "... innata inclinación hacia el artilugio, hacia lo procesal o metódico dentro del acto creativo; y aún más, su perenne afición por el dibujo, lo llevaran a ratos de vuelta hacia el grabado..." "Agustín Bejarano alcanzó a legitimar sus grabados entre finales de la década del ochenta y principios del noventa, formando parte de un grupo de creadores egresados del Instituto Superior de Arte que, sin tener mucha conciencia acerca de la trascendencia verdadera de su conformidad, propiciaron una serie de innovaciones en los procedimientos y modos representativos de la manifestación, al punto de llegar a colocarla en los niveles protagónicos que disfrutaban hasta entonces manifestaciones como la pintura y la instalación".

A decir del crítico de arte Rufo Caballero, "Por mucho que cautive el sereno clasicismo de su belleza, resulta una obra de percepción tan difícil cuando sus ideas principales brotan de los significantes mismos y no de los significados primarios a que pudiera conducir el repertorio temático de la representación. Ahí está el reto interpretativo del trabajo actual de Agustín Bejarano".

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