Agua y Saneamientos Argentinos

Agua y Saneamientos Argentinos (AySA)
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Logo de la empresa.
Toma de agua Río de la Plata Aysa 02.JPG
Toma De Agua En El Rio de la Plata
Tipo Pública
Industria Saneamiento
Fundación 1912
Sede central Bandera de Argentina Buenos Aires, Argentina
Productos Agua
Cloacas
Empleados 5.154
Sitio web www.aysa.com.ar
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Agua y Saneamientos Argentinos (AySA) es una empresa pública argentina dedicada a la prestación de servicio de agua corriente y cloacas. Fundada oficialmente como Obras Sanitarias de la Nación (OSN), el 18 de julio de 1912, la actual Agua y Saneamientos Argentinos brinda servicios a la población de Capital Federal y de varios partidos de la Provincia de Buenos Aires.

La empresa tuvo diversas denominaciones y fue privatizada durante la presidencia de Carlos Menem, quedando la mayor parte en manos del grupo francés Suez, de la empresa española Aguas de Barcelona y de otros grupos privados nacionales, como el Banco Galicia. Tras varios años en poder del capital privado, sin que esto mejorara la calidad del servicio, Agua y Saneamientos Argentinos fue reestatizada el 21 de marzo de 2006 por el entonces presidente Néstor Kirchner, que rescindió el contrato. De esta forma, el 90% de la compañía quedó en manos del Estado nacional y el 10% restante siguió en poder de los trabajadores, mientras el control operativo quedó a cargo de la Federación Nacional de Trabajadores de Obras Sanitarias.[1]

Historia

Antecedentes

En 1824 las autoridades de Buenos Aires, bajo el auspicio de Bernardino Rivadavia contrajeron un préstamo internacional con la Baring Brothers, para la construcción del puerto de la ciudad, la colonización rural y la instalación de un sistema de aguas corrientes en la ciudad. Dicho episodio formó parte del famoso empréstito de la Baring Brothers, el primer hito de una serie de deudas que contrajo el Estado para realizar obras que nunca se concretaron.[2]

En 1867 la epidemia de fiebre amarilla, que diezmó la población, conllevó a la urgente realización de una infraestructura para el saneamiento. El Gobierno, entonces, le encomendó al ingeniero irlandés John Coghlan el proyecto del sistema de saneamiento de la ciudad (agua, cloacas y desagües pluviales). Aquel sistema se iniciaba en el Bajo de la Recoleta y consistía en dos caños de hierro fundido que se internaban 600 metros en el río para captar y transportar el agua que, luego de ser purificada, era enviada por máquinas de impulsión a la red de provisión de la ciudad.[3]

Entrada principal al edificio de Obras Sanitarias de la Nación, llamado Palacio de las Aguas Corrientes, en Buenos Aires.

Los trabajos se iniciaron en 1868 y el 4 de abril de 1869 se libró el servicio público de abastecimiento. De este modo, Buenos Aires se convertía en la primera ciudad de América con instalaciones de filtros para agua purificada (las ciudades de Estados Unidos, por ejemplo, recién gozaron de este adelanto a partir de 1872). Por aquella época, Buenos Aires tenía 177.000 habitantes.[4]

Estas obras proyectadas por Coghlan en pocos años resultaron insuficientes para cubrir las necesidades de la ciudad más poblada del país: Buenos Aires exigía, consecuentemente, una escala de mejoras del sistema cada vez mayor.[3]

A fines de 1870, durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento, se resolvió encargar un nuevo proyecto de saneamiento para el cual se convocó a John Frederick Bateman, un ingeniero inglés especialista en hidráulica. El objetivo de este nuevo plan era ampliar la provisión de agua, estimando que la ciudad en 20 años duplicaría su población (cálculo que resultó conservador).[3]

Los terrenos iniciales de la primera casa de bombas, proyectada por Coghlan, se fueron ampliando y allí se ubicaron filtros y depósitos. La piedra fundamental de este nuevo establecimiento —que alcanzaría una escala inusitada para aquella zona de la ciudad— se colocó el 15 de mayo de 1874: nacía la Planta Recoleta (hoy Museo Nacional de Bellas Artes).[3]

En 1887, durante el gobierno de Miguel Juárez Celman, la operación de los servicios fue privatizada mediante la concesión a una empresa británica, la Buenos Aires Water Supply. La privatización dio lugar a debates parlamentarios protagonizados, sobre todo, por Aristóbulo del Valle, rechazándola. Sin embargo, a raíz de la crisis económica de 1890, el contrato fue rescindido un año después.

Una de las principales cuestiones en torno a la privatización fue la compra de caños importados del Reino Unido. Se trataba de cañerías construidas de barro que bien podían haberse producido en el país.

En 1892 asumió el Estado nacional la responsabilidad del saneamiento urbano, mediante la promulgación de la Ley N°. 2927 del 30 de diciembre de ese mismo año y se creó la Comisión de Obras de Salubridad. Poco después, en la primera década del siglo XX, se llevaron los mismos servicios a las capitales de provincias y a la mayor parte de las ciudades del interior del país.

Por aquellos años, el consumo de agua se cobraba a los usuarios mediante medidores domiciliarios. En 1904, uno de los puntos de la campaña de Palacios incluía la eliminación de los medidores que afectaban a los sectores de menores ingresos, motivo por el cual recorría los conventillos del barrio de La Boca y rompía esos aparatos a patadas.

En 1905, el proyecto de Bateman para el Radio Antiguo estaba concluido. Se habían terminado el Establecimiento de Aguas Corrientes de Recoleta, el Gran Depósito de Avenida Córdoba (popularmente conocido como Palacio de las Aguas Corrientes), las redes de cañerías maestras y distribuidoras de agua potable, las cloacas externas de la mayor parte de los distritos, el sifón de la cloaca máxima bajo el Riachuelo y cinco de los grandes conductos de desagüe pluvial.[3]

Cuando se habían proyectado estas obras, Buenos Aires tenía 180.000 habitantes y se consideraba más que improbable que pudiese superar los 400.000 en menos de 40 años. Sin embargo, en 1908 la población superó el millón de habitantes. Buenos Aires se había transformado en una de las capitales centrales de América, era la principal plaza de comercio del país y una de las más importantes ciudades sobre el Atlántico a raíz del fluido intercambio que mantenía con Europa. Estos factores, sumados a un explosivo crecimiento demográfico, hicieron que alcanzara un auge y una concentración urbana no prevista.[3]

Creación de la Empresa

Finalmente, la empresa Obras Sanitarias de la Nación (OSN) fue creada el 18 de julio de 1912 mediante la promulgación de la Ley 8.889, en el marco del primer Plan Nacional de Saneamiento, de 1909. Ésta empresa pública de saneamiento apareció, por un lado, por los serios problemas de dimensionamiento del sistema, pero por otro, como una manifestación del modelo de país que impulsaban los gobernantes de la época, basado en la trilogía «civilización, modernidad y progreso».[5]

Otra vista del edificio.

Según su ley constitutiva, la finalidad de Obras Sanitarias de la Nación era el estudio, construcción y administración de obras que permitieran la provisión de agua corriente «en las ciudades, pueblos y colonias de la Nación». OSN empezó a desarrollar sus tareas, manteniendo y expandiendo la red de agua corriente y desagües de la Ciudad de Buenos Aires y asesorando a ciudades del interior del país para el desarrollo de sus propias redes. En 1910, 14 capitales de provincia tenían una red de agua corriente y cuatro de ellas contaban con un sistema de cloacas.

OSN heredó los bienes y asumió las funciones que hasta entonces desempeñaba la Dirección General de Obras de Salubridad. Entre estos bienes, se hallaba la Planta Recoleta, siempre al límite de producción, y un legado importante de obras realizadas. Sin iniciar se hallaba un nuevo proyecto coordinado por el ingeniero Agustín González.

Concebido para toda la extensión de la Capital, este plan de saneamiento comprendía la construcción de una nueva torre y túnel de toma en el Río de la Plata (realizados en 1913), la formación de un nuevo establecimiento de potabilizar agua en Palermo (inaugurado en 1928), dos nuevos depósitos de gravitación ( Caballito y Devoto, habilitados en 1915 y 1917, respectivamente), la ampliación de las redes de cañerías maestras y distribuidoras de agua potable, la ampliación de las redes colectoras de las cloacas con estaciones de bombeo en los distritos bajos, la construcción de una segunda cloaca máxima con sus ramales y sifón bajo el Riachuelo, la ampliación de las instalaciones de bombeo en el trayecto de dicho emisario, una nueva casa de bombas elevadoras en la planta de tratamiento de Wilde y toda la red de colectoras del Radio Nuevo de la ciudad.[3]

Al estallar la Primera Guerra Mundial ( 1914- 1918), OSN ya había contratado e iniciado muchas de estas grandes obras para la Capital y otras ciudades en el interior. Los efectos de este acontecimiento provocarían la restricción de la importación de materiales y la toma de empréstitos en el exterior, lo que hizo disminuir la capacidad de trabajo de los contratistas en 50%. La ejecución de este ambicioso programa se vio entonces afectada. Sin embargo, pese a la alteración que se produjo, los trabajos solo se suspendieron parcialmente y las obras continuaron desarrollándose. Muchas de las carencias que se generaron a partir del conflicto bélico fueron resueltas por la naciente industria nacional y por el excelente trabajo de los talleres que OSN poseía en el establecimiento Recoleta.[3]

Junto a la creación de OSN, se estableció una escuela de ingeniería sanitaria que alcanzó su máximo desarrollo en el año 1940, convirtiéndose en líder en América Latina.

La guerra hizo que las principales metas del plan no se concluyeran en 1918, sino en 1922, año en que la población beneficiada llegó a 1.700.000 habitantes. Sin embargo, el crecimiento demográfico y edilicio de Buenos Aires no se detenía.

Crecimiento

En 1923, se diseñó un proyecto de ampliación más ambicioso: alcanzar los 500 litros diarios por habitante, con instalaciones que permitiesen servir durante los siguientes 40 años a una población de seis millones de personas. Este trabajo, elaborado bajo la dirección del ingeniero Antonio Paitoví, constituyó el núcleo en torno al cual giró la acción de OSN en la Capital durante los 30 años venideros, con obras de provisión de agua potable, cloacas y desagües pluviales para todo su territorio y localidades vecinas, y la ampliación de la capacidad del establecimiento de Palermo.[3]

Torre de Reserva de Agua Potable de Mar del Plata, construido por OSN en 1943.

El impulso que tomaron los trabajos en los años 1927 y 1928 permitió dejar de utilizar definitivamente al primitivo establecimiento de Recoleta. Sin embargo, hasta avanzada la década de 1940, continuó agrupando una variedad de depósitos, talleres y otras instalaciones de carácter industrial.[3]

A esta altura, la modernización tecnológica ya era evidente en los distintos establecimientos de OSN. En Palermo, se habían sustituido los filtros lentos por rápidos, se habilitó una central eléctrica y se inauguró un laboratorio, considerado entonces el más importante del país.[3]

A la vez que ampliaba sus prestaciones a nuevas zonas de la Capital y del país, OSN creaba servicios auxiliares: industrias de elaboración, de transporte, laboratorios, talleres de construcción y reparaciones, servicio médico, etcétera.[3]

En este período, las obras de ampliación del Radio Nuevo monopolizaron gran parte de la acción de OSN, orientadas fundamentalmente a eliminar el uso de pozos a medio surgir y evitar peligros de contaminación.[3]

La crisis de los años 1930 afectó el ritmo de las obras, aunque no las detuvo. En este periodo adquirió importancia el Aglomerado Bonaerense, por lo que se desarrollaron estudios tendientes a identificar con precisión sus límites y su problemática, para adoptar las medidas necesarias para un saneamiento adecuado. También se atendió la situación del interior del país.[3]

En este contexto de creciente actividad, en 1939 se creó el Área Sanitaria Metropolitana, que aglomeraba a la Ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires en una sola unidad administrativa. En 1940 se empezaron a prestar servicios en 14 partidos de la Provincia de Buenos Aires, marcando por un lado la máxima expansión de la red en el área metropolitana y por otro la época de mayor actividad de Obras Sanitarias de la Nación.

En 1943 la empresa fue renombrada a Administración General de Obras Sanitarias de la Nación. Al año siguiente el Poder Ejecutivo institucionalizó el Área Sanitaria Metropolitana, que existió en tal carácter hasta la disolución de OSN, hecho que tendría lugar casi cinco décadas más tarde.

Auge

Palacio de Aguas Corrientes, OSN.

En 1946, el gobierno de Juan Domingo Perón lanzó el Plan Quinquenal, un programa de obras para el periodo 1947- 1951 que preveía la construcción de grandes diques, el regadío de extensas zonas, la provisión de agua y la ejecución de desagües de cloacas y pluviales para numerosas ciudades y pueblos del territorio nacional. Para la Capital, contemplaba la construcción del Gran Depósito Constitución, con su estación elevadora y un conducto alimentador a la zona de Avellaneda.[3]

En aquella época, la industrialización acelerada del país produjo un explosivo crecimiento de asentamientos demográficos en torno al cordón industrial que había surgido en la Capital, lo que obligó a modificar los planes de saneamiento, que habían sido elaborados durante las décadas pasadas.[3]

OSN llegó así durante la década de los años 1940 «después de haber realizado importantes construcciones, de contar entre sus servicios con una de las plantas de provisión central de agua potable más grandes del mundo; con un personal de más de 10 mil funcionarios, empleados y obreros de toda categoría; con una obra realizada en pro de la salubridad, que se traduce en la notable reducción de los índices de mortalidad relativa, en el progreso de la higiene, de la salubridad y del confort, que alejan cada vez más el peligro de cruentas epidemias; con un prestigio que surge de esa obra, de la propia magnitud de los servicios que atiende, del patrimonio que posee y con un auspicioso porvenir (...) con todo ello como bagaje material y espiritual, Obras Sanitarias de la Nación es una entidad que tiene un lugar destacado entre las instituciones que sirven a la Nación y al pueblo argentino».[3]

Antiguo logo de Obras Sanitarias de la Nación.

Para abastecer estas poblaciones, comenzaron a construirse ríos subterráneos, que facilitaban la provisión de agua al Gran Buenos Aires. Estos ríos eran un sistema de canalizaciones profundas, construidas en túnel de entre 25 y 30 metros por debajo de la superficie, con diámetros que alcanzaban los cinco metros.[3]

En forma paralela al crecimiento de las poblaciones atendidas en todo el país y al mejoramiento de las condiciones sanitarias del Aglomerado Bonaerense, OSN destinó grandes esfuerzos al mejoramiento de las condiciones sociales de su personal promoviendo la mejora salarial, procurándole asistencia médica y farmacéutica, construyendo comedores para los operarios en sus talleres y fábricas, y atendiendo necesidades de descanso y recreación.

En 1949, la Ley 13.577 lanzada durante la presidencia de Perón volvió a definir los objetivos de la Administración General de Obras Sanitarias de la Nación, descritos como «el estudio, proyecto, construcción, renovación, ampliación y explotación de obras de provisión de agua, saneamiento urbano en la Capital Federal y ciudades y pueblos de la República y la exploración, alumbramiento y utilización de aguas subterráneas». Para ese momento, OSN abarcaba aproximadamente el 85% del sector, desarrollando actividades en todo el territorio argentino. Durante esa presidencia a través de la empresa estatal Obras Sanitarias de la Nación, se llevó a cabo un programa de obras, para el periodo 1947-51. En 1942 unos 6,5 millones de habitantes tenían provisión de agua corriente y 4 millones, servicios de cloacas, y en 1955 los beneficiarios se ampliaron a 10 millones y 5,5 millones respectivamente.[6]

Décadas 50 y 60

En 1955, tras instalarse la dictadura autodenominada Revolución Libertadora el crecimiento de la empresa se desaceleró y comenzó a sufrir la economía a partir del régimen militar. Se dejó de lado el mantenimiento preventivo, reparándose sólo el equipamiento que sufría averías. Cayó la inversión y la compra de equipamiento nuevo fue prácticamente nula, comenzó un paulatino deterioro de la calidad del servicio afectada a partir de allí por problemas inflacionarios y políticos.

Décadas del 70 y 80

A partir de la década del 60, “Aguas Argentinas” nuevamente comenzó a realizar importantes inversiones, pero sin llegar a alcanzar el récord de la etapa peronista, las inversiones se dieron a través de las cooperativas de agua y saneamiento que se crearon durante las décadas de los 60 y los 70 eran responsables del suministro de agua en la mayoría de las localidades de menos de 50.000 habitantes, prestando servicios a más de 4 millones de habitantes. Gracias a estas cooperativas, asociadas con la empresa, se logró llegar a cientos de localidades medianas y pequeñas.

La Ley 20.324 del 27 de abril de 1973 cambió el tipo societario de la entonces Administración de Obras Sanitarias de la Nación, que pasó a llamarse oficialmente Empresa Obras Sanitarias de la Nación. Al año siguiente pasó a conformar, junto con todas las empresas públicas, la Corporación de Empresas Nacionales, en 1973 el gobierno de Héctor José Cámpora lanza la construcción de la planta de General Belgrano, destinada a potabilizar el agua superficial proveniente principalmente del Río de la Plata y, en proporción inferior, mediante agua subterránea del Acuífero Puelche. La potabilización del agua superficial para el área de servicio del sur del Gran Buenos Aires, [8]

Cuatro años más tarde, en 1980, durante la dictadura militar pasaron a la órbita de las provincias los servicios de agua corriente y desagües, a excepción del Área Sanitaria Metropolitana que su operación siguió a cargo de Obras Sanitarias.

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