Agrosistemas tradicionales de Canarias

Las Islas Canarias se caracterizan por un relieve muy accidentado que dificulta la agricultura extensiva, si no es en terrenos llanos próximos del mar (zona que se conoce como isla baja). En este contexto, los agricultores canarios han ideado un conjunto de sistemas agrícolas que les permiten cultivar en terrenos donde el suelo es escaso o incluso inexistente, bien a causa de su acusada pendiente, del material del suelo de origen o de las coladas volcánicas que cubren su superficie.[1]​ Entre estos sistemas podemos distinguir los que están dedicados a la agricultura intensiva (las sorribas) y los propios de la agricultura de conservación (cadenas, gavias y arenados, con sus diversas variantes). Los sistemas de conservación juegan un destacado papel ecológico al establecer los suelos y evitar la erosión, además de tener un importante valor cultural.

Terrazas

Cultivos en terrazas en La Palma.

Las terrazas, cadenas o bancales son uno de los sistemas más extendidos en Canarias. Consisten en una serie de muros de piedra, construidos sin usar cemento ni otros materiales de sujeción, que mantienen una masa de tierra de relleno sobre la cual pueden crecer diferentes plantas. Su propagación se debió en parte a que permitía desarrollar el cultivo del plátano de Canarias, principal producto agrícola de las islas desde finales del siglo XIX. Esta fruta requiere mucha agua para crecer, de manera que el método más usado para suministrársela era inundar las fincas gracias a un sistema de acequias. La ventaja del mismo era que permitía lavar los suelos de sal, uno de los principales enemigos de las plantas en las zonas costeras, y que a veces se encuentra presente en el propia agua de riego. Y la principal desventaja, aparte del derroche considerable de agua, es el lavado de nutrientes del suelo, que se empobrece rápidamente hasta volverse improductivo si no se utilizan fertilizantes.

En la actualidad algunas de estas fincas están dedicadas a otros cultivos, con métodos de riego más eficientes, como el riego por goteo. En terrenos muy abruptos (como los de la isla de La Gomera) las cadenas pueden ser muy estrechas, dejando apenas espacio para plantar una hilera o dos de plantas, y el paso de una sola persona. Estos métodos agrícolas extremos se hicieron necesarios para que los isleños obtuvieran alimentos en épocas de gran escasez.

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