Agar Delós

La actriz y comediante boliviana Agar Antequera, nacida en 1937 y conocida artísticamente como Agar Delós, se inició en el teatro actuando en una obra del dramaturgo boliviano Raúl Salmón llamada Los hijos del alcohol, en 1953.

Posteriormente, se hizo más conocida por su participación en una serie teatral llevada a la televisión boliviana por el autor y director Antonio Díaz Villamil, la obra se llamaba La niña de sus ojos. También trabajó en una película boliviana titulada Para recibir el canto de los pájaros (de Jorge Sanjinés). Sin embargo, en ambas producciones solo tuvo un papel secundario, personificando a una de las figuras más representativas (y también cuestionadas) de la cultura indígena boliviana, la Señora de polleras o Chola.

A propósito de la condecoración Pedro Domingo Murillo que en 2004 la municipalidad de La Paz le otorgó por su trabajo artístico y su aporte a la dignificación de los mestizos e indígenas bolivianos (simbolizados en la Chola), Delós recordó en una entrevista que su familia rechazó inicialmente su caracterización y que hasta la recriminaron por ello, pero que con el paso de los años ...la gente ha tomado conciencia de sus raíces y de su cultura. Ha entendido que el hecho de ser chola debe ser un motivo de orgullo, no de vergüenza.[1]

La mayor parte de las obras teatrales y producciones televisivas en que se ha desempeñado Delós han sido comedias, por lo que, gracias a su talento y entrañables personificaciones, se ganó el afecto del público boliviano.

ARTICULO PUBLICADO EN EL DIARIO LA RAZON

Agar Delós, una vida entregada al teatro boliviano Su nombre de ficción desplazó al del bautismo Mabel Franco, La Razón /La Paz

Si a alguien le quedara duda acerca de cuánto se ha entregado esta mujer al teatro, baste con saber dos detalles de su vida: Agar Delós, el nombre que el director y dramaturgo Raúl Salmón escogió para ella, es el que se ha impuesto por encima del Agar Antequera que se lee en su certificado de nacimiento. Por otro lado, le gustaría mucho cortarse el cabello, corto, muy corto, “por el peso me estoy quedando calva”, bromea; pero sabe que en el moño que peina están escondidas las trenzas que en cualquier momento deberá dejar caer cual criolla Rapunzel y, con ello, hacerse cargo del personaje que ha hecho propio: la chola.

Agar se recuerda por vez primera en un escenario cuando era una colegial de 9 ó 10 años. La maestra de la escuela Natalia Palacios, que se llamaba Agar como ella, le dio un papelito de anciana en alguna obra infantil. Ella se lo tomó en serio y cogió un traje de su madre para caracterizarse. El vestido, nuevo y de seda, resultó muy maltrecho y “mi mamá me dio un tirón de orejas; pero los aplausos ya me los había ganado”.

Lejos estaba entonces la niña de sospechar que la experiencia de los aplausos se repetiría una y otra vez a lo largo de 57 años, los que acaba de cumplir la actriz paceña en su profesión que le ha llevado de la radio al teatro y de éste al cine.

Su debut, como ella ha contado muchas veces, fue absolutamente casual. Siendo una estudiante de secundaria, del liceo Venezuela, cierto día acompañó a su hermana —la locutora Elsa Antequera— a una prueba radial. Una emergencia radionovelera y don Carlos Cervantes le pidió —la empujó— dejar de lado el cuaderno —que había llevado Agar para aprovechar el tiempo estudiando— y tomar un libreto.

Salmón de la Barra —radialista, autor, actor, director teatral— la fichó de inmediato. La puso a actuar en Los hijos del alcohol (1953), donde Agar hizo de una joven con problemas de drogas.

Su abuela, cuenta la actriz, era una mujer muy estricta. “Todo el tiempo nos estaba diciendo cómo caminar, cómo hablar, cómo portarnos decentemente”, cuando ser decente implicaba marcar distancia con lo indígena. Así que “echó el grito al cielo” cuando supo que la nieta actuaba y “peor cuando se enteró que iba a representar a una chola”. Tal fue la indignación de la señora que jamás fue a verla al teatro.

De cualquier manera, Agar Delós, de la mano de “mi padre teatral”, Salmón, vestiría las polleras una y otra vez. En comedias, en dramas, desnudando a ese personaje en sus virtudes y defectos.

La actriz Maritza Wilde destaca de su colega la dignidad con que ésta ha representado a la chola; nada de ridiculizarla o hacer caricatura, dice en el video de homenaje que el Espacio Patiño acaba de presentar, rindiendo su homenaje a Delós.

Agar nació al sur de La Paz, en una finca que perteneció al presidente José Manuel Pando. Allí, en el valle de Araca (cerca de Viloco), se fue a trabajar su padre, agrónomo de profesión. Cuando llegó la hora de ingresar a la escuela, la familia Antequera se trasladó a la ciudad de La Paz, a la casa de la abuela en la calle Pisagua (plaza Riosinho).

La actriz recuerda que fue entonces que se produjo el acercamiento a una mujer de pollera, una chola, pues hasta entonces vivió viendo a los campesinos en tareas rurales. “La sirvienta, como se la llamaba entonces, formó parte de la familia. Yo la observaba. Aprendí mucho de ella, lo que me sirvió para cuando tuve que dar vida a un personaje. Eso sí, nunca imité pues tengo claro aún ahora que toda imitación es siempre burda”.

Una de las escenas más bellas del teatro boliviano la ha protagonizado Agar Delós en la obra Cuando vuelva mi hijo, de Antonio Díaz Villamil. En ella, la madre a la que da vida está desesperada por no recibir noticias del hijo al que envió a Argentina para que se convierta en un doctor. Ella trabaja muy duro para pagarle los gastos a ese hijo, mientras apenas aprecia al que se ha quedado a su lado y que es todo nobleza. Analfabeta, se le ocurre que va a enviar una carta al ingrato, así que pide la ayuda del otro vástago. Y se produce la magia teatral: fuera luces, apenas una vertical que ilumina una mesa humilde en la que están sentados madre e hijo. Ella dicta, él intenta traducir las palabras. “Pon kholila”, pide. “Cómo pues, no queda bien”, se queja el escribidor. “Pon te he dicho”, insiste la madre sabiendo que ninguna otra palabra sino ese amoroso kholila, en aymara, expresa su amor infinito.

Doña Agar ha dado clases a jóvenes aspirantes a teatristas. “No quiero llevarme a la tumba todo lo que he aprendido. Quiero de alguna manera contribuir a que nazcan nuevos valores que logren darle al teatro boliviano una identidad”, aspira.

“¿Retirarme de la actuación? No ... a veces me lo planteo; pero no, mientras haya una persona aplaudiendo lo que uno hace sobre el escenario, sentiré que tengo que seguir”.


Notas

  1. Agar Delós entre las bambalinas y el hogar artículo y entrevista en Bolivia.com
Other Languages