Agapito Marazuela

Escultura de Agapito Marazuela en la plazuela de la judería de Segovia (obra de José María Moro).

Agapito Marazuela Albornos (Valverde del Majano (Segovia), 20 de noviembre de 1891 - Segovia, 24 de febrero de 1983) fue músico y folclorista español, concertista de guitarra y dulzaina.[1]

Dedicó gran parte de su vida a la recuperación del folclore musical castellano (canciones populares, tonadas y romances, melodías para tamboril y dulzaina, y bailes populares).[3]

Biografía

Único superviviente de once hermanos, nace en el seno de una familia pobre. A los 7 años, por una meningitis mal tratada, pierde un ojo y gran parte de la vista del otro, hecho que marcará toda su vida.

Recibe lecciones de solfeo y guitarra en Segovia, y a los trece años pasa dos breves temporadas aprendiendo del gran maestro de la dulzaina de la época, Ángel Velasco, dulzainero de Renedo de Esgueva, localidad de la provincia de Valladolid.

A los catorce años se ganaba ya la vida como dulzainero, y ésta fue su profesión durante los dos primeros decenios del siglo XX. Contrajo matrimonio el 12 de diciembre de 1917 con Isabel Gilmartín Rodríguez, hija de Leonor Rodríguez, maestra por entonces del barrio de San Marcos de Segovia y posteriormente de Madrona. De este matrimonio nació una hija, Blanca, que falleció a los 4 meses de edad en febrero de 1919.

En 1920 se trasladó a Madrid donde inició su actividad como guitarrista concertista en España y en París, actividad que alterna dando clases de guitarra (entre sus discípulos estuvieron Eugenio Urrialde y José María de Andrés Maldonado).[1]

En 1932 ingresó en el PCE. Ese mismo año ganó el segundo premio nacional de Folklore convocado por el Ministerio de Instrucción pública y Bellas Artes, con su Cancionero de Castilla la Vieja, que no sería publicado hasta 32 años después.[6]​ Por encargo del Gobierno de la República acudió a la Exposición Internacional de París de 1937, en calidad de director de los grupos folklóricos españoles.

Al terminar la guerra civil fue depurado por el franquismo y pasó gran parte de la posguerra en cárceles de Madrid, Burgos, Ocaña y Vitoria. En 1964 publicó su Cancionero de Castilla la Vieja de 1932 con el título de Cancionero Segoviano, patrocinado paradójicamente (teniendo en cuenta su pasado comprometido con la República) por la Jefatura provincial del Movimiento de Segovia, que reconocía con ello su meritoria labor como folklorista.[7]

Con la transición democrática española, fundó la Cátedra de Folklore y la Escuela de Dulzaina en Segovia, en reconocimiento a toda una vida dedicada a la preservación del patrimonio cultural inmaterial castellano. En su memoria se concede anualmente en Segovia el Premio Nacional de Folklore "Agapito Marazuela".[8]

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