Advocación mariana

Inmaculada Concepción, de Murillo.

En el catolicismo, una advocación mariana es un modo de referirse a misterios, apariciones, dones o atributos de la Virgen María o a circunstancias históricas o geográficas que rodean a la devoción de una imagen determinada[1]​. La Iglesia católica admite numerosas advocaciones que significan la figura de la madre de Jesús o alguna de sus cualidades, a las que se rinde culto de diversas maneras.

Tipos de advocaciones

Podemos agrupar la mayoría de las advocaciones marianas en diversas categorias[2]​:

  1. Relativas a los misterios o pasajes de la vida de la Virgen, como la Anunciación, la Asunción, la Presentación, etc.
  2. Relativas a verdades teológicas abstractas, como la Esperanza, la Caridad, la Consolación, etc.
  3. Relativas a los estados físicos o piscológicos de la Virgen, como los Dolores, la Soledad, etc.
  4. Relativas a su condición de mediadora[3]​ y protectora de la humanidad, como Auxiliadora, las Mercedes, los Remedios, etc.
  5. Relativas a frutos, flores, aves... utilizados como símbolos de sus cualidades, como el Pino, la Granada, la Paloma, etc.
  6. Relativas a accidentes geográficos, generalmente coincidentes con los parajes donde se encuentran sus santuarios, como el Carmen, el Mar, Fátima, Lourdes, etc.

Las advocaciones marianas se suelen nombrar con las fórmulas “Santa María de”, “Virgen de” o “Nuestra Señora de”. Pero también, las advocaciones suelen dar lugar en muchos casos a nombres propios femeninos, compuestos del nombre María y su advocación: María del Carmen, María de los Dolores, María de Lourdes, etc.

Aunque el nombre sea diferente en cuanto al atributo relativo a la Virgen María siempre se refiere únicamente a ella, así se haga mención de varios nombres en un mismo momento, la instancia es la misma, la Virgen María.