Acuerdos de Camp David

Se conocen como los acuerdos de Camp David a los que fueron firmados por el presidente egipcio Anwar el-Sadat y el primer ministro israelí Menachem Begin el 17 de septiembre de 1978 tras doce días de negociaciones secretas con la mediación del presidente de los Estados Unidos, Jimmy Carter, y mediante los cuales Egipto e Israel firmaron la paz en los conflictos territoriales entre ambos países.

De izquierda a derecha, Menachem Begin, Jimmy Carter y Anwar el-Sadat en Camp David.

Tras las elecciones presidenciales en Estados Unidos en 1976, Jimmy Carter había iniciado contactos directos entre los dirigentes de Egipto, Siria, Jordania e Israel, junto a representantes palestinos, para impulsar un proceso de paz que pusiera término, al menos, a los enfrentamientos fronterizos entre Israel y sus vecinos árabes, para entrar más tarde en el fondo del problema palestino que se pretendía resolver.

Carter y Cyrus Vance, Secretario de Estado en ese momento, retomaron la iniciativa de las reuniones de Ginebra de 1973 tomando como base la necesidad de que Israel se retirase de los territorios ocupados en las sucesivas guerras desde su independencia. El cambio en la dirección de la política israelí tras las elecciones de mayo de 1978 de Isaac Rabin a Menajem Begin no supuso, en principio, un problema en el proceso exploratorio iniciado por la diplomacia americana.

El punto de partida de Israel era negar la presencia palestina en cualquier conversación y aceptar una posible retirada de la península del Sinaí. Por su parte, Egipto no quería la intervención norteamericana en el proceso y prefería conversaciones bilaterales de Israel con cada uno de los países árabes.

La iniciativa de Sadat

Las diferencias al tiempo de contemplar el proceso de paz entre Egipto y Siria, movió al presidente Sadat a efectuar un viaje por sorpresa a Israel en noviembre de 1977, reconociendo implícitamente por vez primera al estado judío y desvinculándose definitivamente de cualquier iniciativa conjunta con el resto de países árabes y los palestinos. Las razones hay que buscarlas, en parte, en la necesidad de Egipto de mejorar una economía maltrecha que precisaba las inversiones norteamericanas;[ cita requerida] superar un conflicto con su vecino Israel que había consumido el destino de buena parte de los recursos a gastos militares y la impaciencia por la actitud de Siria y los palestinos. Por otra parte, Sadat conocía las repercusiones inmediatas que iba a tener en el mundo árabe la iniciativa, pero confiaba en que el proceso de reconocimiento del estado judío sirviera a su vez para que los palestinos pudieran reclamar un estado propio también.

Por su parte Israel no podía negar en este caso la buena fe de su vecino egipcio al dar el primer paso en la resolución del conflicto, los problemas bilaterales con Egipto no eran los más graves y aseguraban de alguna forma la estabilidad del frente occidental y dividían a los árabes. Los Estados Unidos, sorprendidos al principio por la iniciativa de Sadat, vieron una oportunidad para cambiar la dinámica árabe-israelí, aunque la apuesta inicial fuera un ambicioso acuerdo de paz multilateral.

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