Acueducto de Querétaro

Acueducto de Querétaro
Monumento histórico
(08020)
Acueducto de Querétaro 2.JPG
Localización
Ubicación Calz. de los Arcos s/n, Carretas La cruz
Historia del edificio/monumento
Construcción 1726 - 1735
Características
Tipo Acueducto
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El acueducto de Querétaro, es una monumental edificación actualmente de 74 arcos que alcanzan una altura promedio de 28.5 m y una longitud de 1298 m. Este acueducto es símbolo de la Ciudad de Querétaro y uno de los más grandes de México.

Aunque la gente considera sinónimos "los arcos" y "el acueducto", los arcos son sólo la parte visible y espectacular de un largo acueducto, simple canal oculto y desconocido.

Se debe al benefactor de Querétaro Juan Antonio de Urrutia y Arana, Marqués de la Villa del Villar del Águila, quien lo mandó construir entre 1726 y 1735 para satisfacer una petición de las monjas capuchinas y llevar agua hasta la ciudad.

Construcción

Desde la segunda mitad del siglo XVII, cuando fue nombrada "Tercera Ciudad", la ciudad de Querétaro se había convertido en una de las poblaciones más prósperas y hermosas de la Nueva España, alcanzando en el siglo XVIII su mayor prosperidad y desarrollo urbano. Sin embargo, la ciudad carecía de un eficaz y saludable servicio de agua potable, pues los viejos canales y cañerías que surtían a la ciudad conducían aguas sucias y malsanas, contaminadas por los obrajes. Las monjas capuchinas, protegidas del marqués Juan Antonio, debieron exponerle sus quejas sobre la necesidad que tenían de agua limpia para sus menesteres, porque aunque Querétaro tenía sobrada agua del río, le faltaba pureza y claridad. Alejandro Ibarra hizo la mayor parte del diseño de la construcción.

Acueducto de Queretaro, Mexico, dibujo publicado en 1874

Juan Antonio de Urrutia y Arana (El Marqués) comunicó su resolución al Ayuntamiento, cuyos ediles prometieron ayuda hasta de $25 000, que se proponían recaudar entre los vecinos. El marqués buscó en los alrededores de Querétaro la fuente que había de surtir el preciado líquido. Examinados diversos manantiales, encontró que el más adecuado, por estar su nivel a conveniente altura en relación con el de la ciudad, era el llamado Ojo de Agua del Capulín, por un árbol de ese nombre que ahí estaba, en el poblado de La Cañada. Al principio no era muy grande el caudal de agua que entonces rendía, siendo solamente de un surco; pero después, gracias a las obras que emprendió el Marqués, se aumentó la corriente a cuatro mil pajas, cantidad equivalente más o menos a treinta litros por segundo.

Un detenido estudio del terreno realizado por el ingeniero Miguel Mendoza, hizo ver a don Juan Antonio que brotaban en aquel punto no menos de dieciocho veneros, entre grandes y pequeños, por lo que el marqués decidió construir una gran alberca o poza para captar en ella el agua que en conjunto producían, y de allí conducirla por canal hasta Querétaro. Esta, de forma muy irregular y, según don Heraclio Cabrera, “carente por completo de belleza arquitectónica”, a pesar de que el marqués adornó su frente principal con una estatua de San Antonio, dentro de un nicho, hoy inexistente. En el lado opuesto, se estableció la toma de agua. Una vez terminada la alberca, se construyó una barda alrededor de ella de bastante altura para protegerla y la llave de su última puerta de ingreso se entregó a uno de los regidores.

Imagen de la Fuente o Caja de Agua de la "Virgen del Pilar" en Querétaro
El acueducto a finales del siglo XIX

Del punto de la toma, arranca el canal de cal y canto, que en sí es obra notable, puesto que medía dos leguas de extensión y, como dice el padre Francisco Antonio Navarrete en su Relación peregrina: “unas veces camina por un lado, otras por el otro lado del camino, unas veces por lo empinado de las cuestas, otras por lo profundo de las quebradas; unas veces dejándose ver sobre los arcos, para pasar lo profundo de los barrancos; otras escondiéndose totalmente a la vista; unas veces corriendo de norte a sur, otras de oriente a poniente…” hasta llegar a donde empieza el acueducto propiamente dicho, que domina la ciudad puesto que salva la extensa hondonada entre la loma occidental de La Cañada y la del convento de La Cruz. Fue precisamente para este convento que se hizo la arquería, para que el agua pudiera llegar por gravedad.

El 22 de octubre de 1735 llegó por fin el agua a caja de agua en la plazuela de La Cruz, de donde habría de distribuirse, tres años más tarde, a las fuentes públicas por diferentes rumbos de la ciudad. Esta caja es el fin y remate del acueducto, consiste en una plataforma que sirve de base a una pila, adosada a un muro de piedra de color rojizo sobre la que resalta la figura de un león de piedra de cuyas fauces brotaba el chorro que la abastecía. En la parte superior el escudo real y coronaba la composición una imagen de nuestra señora del Pilar.

Se dio por terminada la obra el 17 de octubre de 1738. Su costo total ascendió a $125 000, de los cuales el marqués donó más de $88 000, suma que procedía del caudal de su esposa; lo demás se prorrateó entre los vecinos. Para celebrar dicho acontecimiento se cantó una misa de gracias el 29 de octubre de 1738. Hubo además festejos que duraron no menos de quince días: desfile de carros alegóricos, comedias en el coliseo, paseo de indios, loas, bailes de la maroma, peleas de gallos, cohetes y fuegos artificiales y corridas de toros.

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