Acta de Independencia de Chile

Proclamación de la Independencia de Chile manuscrita, exhibida en el Congreso Nacional, Valparaíso.

El Acta de Independencia de Chile es el documento mediante el cual Chile declaró solemnemente su independencia de la Monarquía Española. Fue redactada en enero de 1818 y aprobada por el director supremo Bernardo O'Higgins en la ciudad de Talca el 12 de febrero del mismo año, aunque fue datada en Concepción a 1 de enero de 1818.[2] La ceremonia de jura de la independencia se realizó el 12 de febrero del mismo año, fecha del primer aniversario de la batalla de Chacabuco.

El acta original, que tenía unas frases manuscritas agregadas por O'Higgins, se habría dañado en el Palacio de la Independencia.[1]

Esta última acta se conservaba en el Palacio de La Moneda hasta el golpe de Estado de 1973, durante el cual se habría quemado o, según la versión más difundida, habría sido destruida por un soldado.[4]

Antecedentes

¿Jura usted defender la patria hasta derramar la última gota de sangre, para conservarla ilesa hasta depositarla en manos del señor don Fernando VII, nuestro soberano, o de su legítimo sucesor; conservar y guardar nuestra religión y leyes; hacer justicia y reconocer al supremo Consejero de Regencia como representante de la majestad Real?

Juramento de los miembros de la Primera Junta Nacional de Gobierno de Chile, 18 de septiembre de 1810

Hacia 1817, el proceso emancipador chileno había entrado en una fase definitoria y no se disimulaba la finalidad buscada en aquél momento: la independencia del país. Si bien diversos hechos políticos y de armas, acaecidos a partir del 18 de septiembre de 1810, podían ser considerados como manifestación tácita de dicha voluntad, aún no se había hecho una declaración oficial y solemne de independencia.

Uno de los primeros textos oficiales que suele ser considerado como independentista, es el Reglamento Constitucional Provisorio de 1812, promulgado por José Miguel Carrera el 27 de octubre de 1812, que señalaba en su artículo V que "Ningún decreto, providencia u orden, que emane de cualquier autoridad o tribunales de fuera del territorio de Chile, tendrá efecto alguno; y los que intentaren darles valor, serán castigados como reos del Estado", aunque manteniendo el reconocimiento al rey Fernando VII en el artículo III.

A inicios de la Patria Nueva, Chile tenía un gobierno y autoridades propias, controlaba buena parte del territorio, poseía una bandera y escudo nacional y acuñaba su propia moneda: todos símbolos de un Estado independiente. Por ello, no hacía falta más que hacer una declaración expresa, como lo había hecho Estados Unidos de América en 1776, Venezuela en 1811, las Provincias Unidas de Nueva Granada en 1813, y las Provincias Unidas del Río de la Plata en 1816.[1]

El Director Supremo Bernardo O'Higgins, teniendo presente los problemas experimentados durante la Patria Vieja y consciente que la instauración de una asamblea o congreso, para acordar y declarar la independencia, sería dificultosa e inejecutable en ese momento; estaba resuelto a no convocarla, pues aún se libraban combates contra los realistas y no era posible alcanzar el orden interno indispensable para ello,[1] por lo que se decidió utilizar otro mecanismo: una consulta popular o plebiscito.

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