Acoso sexual

Marcha contra el acoso en Nueva York "Aun si me vistiera para tu atención, no significa que me visto para tu agresión"

El acoso sexual es la intimidación o coerción de naturaleza sexual, o la promesa no deseada o inapropiada de recompensas a cambio de favores sexuales. En la mayoría de contextos jurídicos modernos el acoso sexual es ilegal.

La diretiva 2002/73/CE del Parlamento Europeo define como acoso sexual

la situación en que se produce cualquier comportamiento verbal, no verbal o físico no deseado de índole sexual con el propósito o el efecto de atentar contra la dignidad de una persona, en particular cuando se crea un entorno intimidatorio, hostil, degradante, humillante u ofensivo.[1]

Cuando existen leyes referidas al acoso sexual, generalmente no prohíben bromas simples, comentarios indirectos o incidentes menores aislados, es decir, no imponen un "código de cívico general". En el lugar de trabajo, el acoso puede considerarse ilegal cuando es tan frecuente o grave que crea un ambiente de trabajo hostil u ofensivo o cuando repercute de manera adversa en el empleo (como por ejemplo la víctima es despedida o degradada o cuando la víctima decide renunciar al trabajo). Sin embargo, la comprensión jurídica y social del acoso sexual varía según la cultura.

Existen 125 países en el mundo que han legislado contra el acoso sexual en la última década del siglo XX y durante la primera década del siglo XXI.[4] en los que el acoso sexual sigue siendo legal.

El acoso sexual puede perjudicar a personas de ambos sexos pero estadísticamente la mayoría de denuncias son de mujeres. Los principales acosadores son hombres que ejercen este tipo de comportamiento en ambientes laborales, académicos, estudiantiles e incluso familiares. Está considerado un acto delictivo, que es sancionado en función de su gravedad y que puede llevar incluso a la privación de libertad del acosador.

Historia del término

El término acoso sexual en la concepción moderna data de los años 70 aunque otros conceptos relacionados existían previamente en muchas culturas.

El término "acoso sexual" se usó en 1973 en el informe "El fenómeno de Anillos de Saturno", escrito por Mary P. Rowe, entonces Asistente Especial del Presidente sobre mujeres y trabajo en el Instituto Tecnológico de Massachusetts sobre las diversas formas de acoso relacionadas con el género.[n. 1]

En el libro In Our Time: Memoir of a Revolution (1999) la periodista Susan Brownmiller en el marco del trabajo de concienciación de los grupos feministas radicales de Nueva York cita a unas activistas de Cornell que en 1975 pensaron que habían acuñado el término acoso sexual: "Ocho de nosotras estábamos sentadas en una oficina ... haciendo una lluvia de ideas sobre lo que íbamos a escribir en los posters de nuestras intervenciones, que se referían a ella como "intimidación sexual", "coerción sexual", "explotación sexual en el trabajo". Ninguno de esos nombres parecía correcto, queríamos algo que abarcara toda una serie de comportamientos persistentes, sutiles y poco sutiles, y alguien llegó con "acoso". '¡Acoso sexual!' Al instante estuvimos de acuerdo, eso es lo que era."[6]

Estas activistas, Lin Farley, Susan Meyer y Karen Sauvigne pasaron a formar el Working Women's Institute (Instituto de Mujeres Trabajadoras) que, junto con la Alliance Against Sexual Coercion (Alianza contra la Coacción Sexual) fundada en 1976 por Freada Klein, Lynn Wehrli y Elizabeth Cohn-Stuntz, fueron las organizaciones pioneras en la denuncia pública del acoso sexual a finales de los años setenta.

Sin embargo, el término era ampliamente desconocido hasta principios de los 90, cuando Anita Hill testificó y denunció por acoso sexual a Clarence Thomas, nominado a la Corte Suprema de Estados Unidos. Tras el testimonio de Hill en 1991, el número de casos de acoso sexual denunciados en EE.UU. y Canadá aumentó un 58 por ciento.[7]

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