Academia de Geometría y Dibujo

La escuela de dibujo de Buenos Aires, que fue llamada Academia de Geometría y Dibujo, llegó a crearse aunque tuvo corta vida. La escuela fue creada por Manuel Belgrano y Ventura Miguel Marcó del Pont y Angel que era desde 1797 Síndico o Director del Consulado y redactó su Reglamento, entre otros, y comenzó a funcionar en 1799[1] en las habitaciones posteriores del edificio consular, apoyada por el Consulado, con el único requisito de que fuera posteriormente aprobada por la Corona.

El concepto difiere quizás de lo que hoy podría pensarse representa una escuela de dibujo:

"Los buenos principios los adquirirá el artista en una escuela de dibujo que, sin duda es el alma de las artes. Algunos creen inútil este conocimiento; pero es tan necesario que todo menestral lo necesita para perfeccionarse en su oficio; el carpintero, cantero, bordador, sastre, herrero y hasta los zapateros no podrán cortar unos zapatos sin el ajuste y perfección de vida, si no saben dibujar. Aún se extienden a más que [a] los artistas, los beneficios que resultan de una escuela de dibujo; sin este conocimiento los filósofos principiantes, no entenderán los Planisferios de las esferas celeste y terrestre, ni los armilares que se ponen para [estudiar] el movimiento de la tierra, y [de]más planetas en sus respectivos sistemas: y por consiguiente, los dueños de las máquinas eléctricas y neumáticas y otros muchos que se ponen ya en sus libros."[2]
"Al teólogo, a quién le es indispensable algún estudio de geografía, le facilitará el manejo del mapa y del compás; al ministro y abogado el de los planos iconográficos; [a] los agrimensores, de las casas, terrenos y sembrados que presentan los litigantes en los pleitos. El médico entenderá con más facilidad las partes del cuerpo humano, que se ve y estudia en las láminas y libros de anatomía".
"En una palabra, debe ser conocimiento tan general, que aún las mujeres lo debían tener para el mejor desempeño de sus labores. Así se explica el sabio escritos Pacheco, y yo, no teniendo que añadir, digo que es forzoso que esta junta, cuya obligación es atender por todos los medios posibles a la felicidad de estos países, la establezca (igualmente que una de arquitectura, pues en los países cultos no solamente es útil sino de primera necesidad), en todas las ciudades principales del virreinato, y con más prontitud en esta capital, para cuyo caso tendré el honor de presentar unas constituciones y método de enseñar, principalmente, a aquellos que se destinan a los oficios menestrales, pues no deberían ser maestros en ningún oficio ínterin no hubiesen hecho sus exámenes sin tener que exigir ningún derecho, con aprobación del director y maestro de la escuela, que es indispensable se hagan venir de la metrópoli."

Lamentablemente, la Corona respondió en 1800 a la solicitud de Belgrano denegando su pedido de autorización, fundando su respuesta en que era un establecimiento de lujo y que la guerra no permitía sufragar tales erogaciones. Belgrano insiste peticionando nuevamente al Rey mediante cartas enviadas entre junio y agosto de 1802. Esta petición no es casual: la guerra con Inglaterra ya había cesado, el comercio con la metrópoli se había reanudado, y los ingresos del Consulado ya no debían utilizarse exclusivamente para financiar la guerra en Europa. Los funcionarios Reales son muy claros en esta oportunidad, argumentando lo siguiente:

"En vista de las cartas de VS de 12 de junio y 14 de agosto de 1802 sobre que se restablezca la Academia de Geometría y Dibujo que se cerró en tiempo de guerra por falta de fondos y que se remita de esta península una maestro que enseñe la Química, se ha servido el Rey ordenar que se guarde lo resuelto en la Real Orden de 4 de abril de 1800, advirtiéndose a VS. aplique sus fondos a los objetos preferentes de su instituto y que si hubiere sobrantes auxilie con ellos los enormes gastos de la Corona. Dios guarde a V.S. Muchos años. Madrid 26 de julio de 1804. Firma: Soler.

Se hicieron otros intentos de revivirla, consistiendo el último de ellos en una petición del Cabildo al Rey, que también fue denegada. La Corona, en su argumentación de fondo, denegaba la aprobación no tanto en función de los mayores gastos que se incurrirían a causa de la misma, sino porque a su criterio, mal o bien intencionado, la escuela no era un objeto relacionado con la misión consular, de velar por el desarrollo económico de la región.

Belgrano es muchas veces señalado como un liberal, aunque también es posible que fuera más un educador y progresista que liberal. Él mismo nos relata lo siguiente en su autobiografía:

"... [España] francamente se oponía (...) [a los establecimientos de enseñanza], errados a mi entender, en los medios de conservar las colonias."
"No menos me sucedió con otra de diseño, que también logré establecer, sin que costase medio real el maestro: ello es que ni éstas, ni otras propuestas a la Corte, con el objeto de fomentar los tres importantes ramos de agricultura, industria y comercio, de que estaba encargada la corporación consular, merecieron la aprobación."

Bibliografía

  • Documentos para la Historia del General Manuel Belgrano, Buenos Aires, 1982
  • Enciclopedia da Emigración Galega, Buenos Aires, Raúl Marcó del Pont.
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