Abanico

Abanico de tela y varillas de madera.
Un abanico japonés plegado y otro abierto.
"...hay tantas maneras de mover un abanico que puede distinguirse a primera vista una princesa de una condesa, y una marquesa de una plebeya. Es más, una dama sin abanico es como un caballero sin espada."

Un abanico es un instrumento y un complemento de moda ideado para que con un juego de muñeca rítmico y variable se pueda mover aire y facilitar la refrigeración cuando se está en un ambiente caluroso. Se considera originario de Oriente y su fabricación es delicada, en especial cuando presenta diseños artísticos y materiales de calidad. Con antecedentes en el flabelo egipcio, su estructura evolucionó del tipo fijo circular al modelo plegable.

De etimología latina, diminutivo de «abano»,[nota 1]

Sin recuperar su pasado glorioso, todavía hay en Occidente importantes fábricas de abanicos,[2] en especial en España ( Comunidad Valenciana y Andalucía) y ya en América, en México y Puerto Rico.

Morfología y tipos

Una descripción elemental distinguiría dos partes: el cuerpo o "país" del abanico que sirve para mover el aire, y el mango que permite manejar el instrumento. Por características de fabricación pueden distinguirse dos tipos básicos, el abanico fijo o rígido y el abanico plegable. Además de estos dos tipos básicos hay que mencionar el abano o «punkah», precursor del ventilador de techo.[3]

Abanicos fijos

Uchiwa

Modelos planos, y por lo general sujetos por un mango de variables dimensiones. Algunos son simétricos y tienen una lámina redonda fijada a un extremo. Otros tienen una lámina rectangular de cartón, fijada por uno de los lados a una varilla que le hace de mango. Se fabrican con diversos tipos de materiales, como cartón, hojas de palmera, tela o plumas. Un ejemplo típico es el «uchiwa» japonés.[4]

Abanicos plegables

Semicirculares: construidos con una serie de varillas planas iguales, de madera, marfil o material sintético sujetas en su base con un clavito. Las varillas se encuentran unidas en el otro extremo (el superior y más ancho al desplegarse) por una banda ancha de tela o papel, a menudo decorada. Se despliega en forma semicircular.

Redondos: con una superficie en forma de corona circular montada sobre láminas delgadas de madera, de marfil, etc., móviles alrededor de un pivote situado en el centro de la figura, lo que permite desplegarlo y plegarlo.[nota 2]

  • Baraja: Esqueleto plegable del abanico.
  • País: Tela que va adherida a la baraja. Los abanicos que no tienen país se denominan de baraja o simplemente barajas.
  • Varillas: Tiras de madera que pueden ir caladas o pintadas. Se distinguen dos tramos: a la parte calada o decorada que va desde el clavillo -eje del abanico- hasta el papel o entelado se la llama "fuente"; y "guía"a la parte exterior de la varilla que cubre la tela.
  • Cabera, pala o varilla maestras: Primera y última varilla, más gruesas que el resto. En los modelos de lujo llegan a constituir auténticas obras de arte de micro-escultura, orfebrería o grabado. Con frecuencia, estos modelos exclusivos llevan en la cabera las iniciales de la propietaria.
  • Calado: Agujeros realizados sobre las varillas que sirven tanto para decorarlo como para aumentar su aerodinámica.

Elaboración

La fabricación de un abanico requiere la colaboración de varias categorías artísticas: un pintor para decorar o ilustrar el "país", un escultor (marfil, hueso, concha, nácar) o grabador (maderas) para taladrar el varillaje y, en los modelos más lujosos, un orfebre (metales).[6] El orden de fabricación suele ser el siguiente:

  • Corte de las varillas, en paquetes y con una plantilla.
  • Pulido, lijado y afilado de las varillas (uno de los procesos más delicados consiste en afinar la guía de la varilla en la zona entelada, para que no abulte.
  • Calado de las varillas con punzones, repujado y tallado. Llegando a objetos de singular preciosismo y suntuosidad.
  • Si escultores, grabadores y orfebres se lucen en el varillaje, otro tanto hacen los pintores, en el dibujo, policromía y dorado del "país" del abanico.
  • El proceso de fabricación se acerca a su final cuando, agrupadas en paquetes de trece, dieciséis o veinticuatro, y cerradas a los lados por las dos palas, se taladra el conjunto en su parte inferior haciendo pasar un clavo por el orificio y remachándolo con dos rosetas.
  • A este esqueleto se le monta el "país", sea de papel, tela, vitela o encaje. Estos materiales pueden cubrir por ambos lados las varillas o, como en el caso de los abanicos de encaje, sólo una de ellas.
  • En el caso de los modelos sin "país" (pues la varilla no tiene guía), "la parte ancha se prolonga, sujetándose una varilla a otra por medio de una cinta que tiene un plegado en zigzag".[7] Reciben el nombre de abanico "de baraja", y han tenido una gran tradición los de marfil de maestros como el francés Martain y los modelos orientales calados en plata.

La mecanización de los obradores ha facilitado la producción, antes delicadísima de los abanicos de marfil, no así los ejemplares fabricados en nácar, cuyo calado ha de ser realizado totalmente de modo manual, pues no admite proceso de fabricación mecánica.

Estilos

Se tiene constancia de que antes de aparecer el abanico plegable ya se elaboraban ejemplares hechos de encaje y plumas. Y por lo que respecta al tipo tradicional de abanico de varillas desplegables, se pueden distinguir sucesivos estilos con el paso del tiempo. Así, en los siglos XVI y XVII, en España, el abanico, de madera o marfil, con "país" de tela o cabritilla bordada, solía ser de "vuelo corto" (13 varillas), como el que muestra en sus retratos de corte Isabel, primera esposa de Felipe IV, o La dama del abanico, pintada por Velázquez.[8]

En el siglo XVIII, dejando de ser un complemento exclusivo de las clases altas, se popularizó el abanico de madera de vuelo corto y país reducido, como el que muestra la joven con la mantilla blanca en un pastel de Lorenzo Tiepolo.[8] De manera paralela, a finales de aquel siglo se hace frecuente el uso de gasa pintada y encaje en la fabricación de grandes ejemplares, sin llegar al referido "pericón".

Se ha constatado que antes del siglo XX, pintores famosos que habitualmente participaron en la decoración de los abanicos se resistían a firmar sus obras y sólo lo hacían cuando eran regalos para damas de alcurnia, ofrecidos por el propio pintor. A partir del siglo XX, es normal que se firme cuando se ha pintado a mano.[11]

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