Órdenes menores

Las (o los) órdenes menores son instituciones eclesiásticas a las que se accede por una ceremonia o rito de ordenación realizada a clérigos que ya han ordenado la tonsura para que desempeñen determinados servicios a la Iglesia -esto implicaba, antes de la separación Iglesia-Estado, que se pasaba a estar solo bajo jurisdicción eclesiástica y se pasaba a gozar de los privilegios y asumir las obligaciones que este estado collevaba-.

Definiciones

Dentro de la jerarquía católica, hay ocho órdenes: cinco menores y tres mayores. Las órdenes menores (si no se cuenta la tonsura) son los de ostiario, lector, exorcista, acólito y subdiácono; las mayores, el diaconado, el presbiterado y el episcopado.[2]

  • El ostiario es el primer grado y en él se consagra al guardián del templo, que llama a los fieles al sonido de las campanas y conserva las cosas sagradas: es el guardián del Santísimo Sacramento que se oculta en el Sagrario.
    • En la ceremonia de ordenación, el obispo le presenta al aspirante las dos llaves del templo sobre un plato y, mientras el aspirante las toca, le dice: «Actúa de tal suerte que puedas dar cuenta a Dios de las cosas sagradas que se guardan bajo estas dos llaves...»
  • El lector es a quien se le confiere el oficio de leer o cantar públicamente en el templo las Sagradas Escrituras, según los libros del canto litúrgico; además ayuda al diácono en sus labores ministeriales, enseñando el catecismo al pueblo, y bendiciendo hogares y bienes para consagrarlos a Dios.
    • En la ceremonia de ordenación, el obispo le presenta el Misal Romano y, mientras el candidato lo toca con su mano derecha, le dice: «Sé un fiel transmisor de la palabra de Dios, a fin de compartir la recompensa con los que desde el comienzo de los tiempos han administrado su palabra...».
  • El exorcista es a quien se le confiere el oficio de imponer las manos sobre los posesos del demonio, recitar los exorcismos aprobados por la iglesia y presentar el agua bendita. En la actualidad, este oficio solo lo pueden ejercer presbíteros, de ordinario antes del bautismo, y de modo extraordinario, con un permiso especial del ordinario de su diócesis, cuando la grave ocasión lo requiera.
    • En la ceremonia de ordenación, el obispo le presenta el libro de exorcismos al ordenando para que lo toque con la mano derecha, y le dice: «Recíbelo y confía a la memoria las fórmulas; recibe el poder de poner las manos sobre los energúmenos que ya han sido bautizados o sobre los que todavía son catecúmenos...».
  • El acólito es a quien se le confiere el poder espiritual de portar luces en el templo y de presentar el vino y el agua.
    • Al ordenarse, el aspirante toca con su mano derecha el candelero con un cirio apagado que le presenta el obispo, mientras este le dice: «Recibe este candelero y este cirio, y sabe que debes emplearlos para encender la iluminación de la iglesia, en el nombre del Señor...». Después el obispo le entrega una vinajera vacía, y mientras el aspirante la toca con los dedos de la mano derecha, le dice: «Recibe esta vinajera para proveer el vino y el agua en la eucaristía de la sangre de Cristo, en el nombre del Señor...».
  • El subdiaconado es, por su naturaleza, una orden menor, pero en la Iglesia católica, entre el siglo XII y el XX, fue considerada como la primera de las órdenes Mayores, por las obligaciones que implica. De hecho, el Concilio de Trento definió que la jerarquía de orden de institución Divina solo incluía los tres primeros grados de orden - episcopado, presbiterado y el diaconado (De sacramento ordinis, IV, 6). Aunque el Concilio declaró que los Padres y consejeros habían colocado el subdiaconado entre los órdenes mayores (De sacramento ordinis, II), fue considerado solo una institución eclesiástica. Tras el Concilio Vaticano II, fue suprimida, aunque puede llamarse así a los acólitos instituidos, debido a su tardía aparición y a que algunas de las que eran sus funciones se le añaden a éste. La función principal del subdiácono es la de leer la epístola durante la misa y servir en el altar, así como purificar fuera del altar los lienzos y vasos sagrados.
    • En la ceremonia de ordenación, el aspirante debe tocar con los dedos de su mano derecha el cáliz y la patena vacíos, mientras el prelado le dice: «Ve el divino ministerio que te es confiado; es por eso que debo advertirte que te conduzcas siempre de una forma que agrade a Dios...» Y, tras tomar con su mano derecha las vinajeras y el libro de las Epístolas, el obispo le dice: «Recibe el libro de las Epístolas con el poder de leerlo para los vivos y los muertos». Es la única orden menor que tiene un ornamento propio: la tunicela (similar, o prácticamente igual a la dalmática de diácono).
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