Íñiguez

Íñiguez es un apellido patronímico castellano que significa ‘hijo de Íñigo’. Se extiende tanto en la Península Ibérica como en Hispanoamérica.[1]

El sufijo ez es la forma patronímica de indicar la filiación. Tanto en la España visigótica, como en otras culturas germánicas, era común formar el apellido de un individuo añadiendo al primer nombre del padre una de las formas patronímicas -az, -ez, -iz u -oz (presumiblemente derivadas de *-aks, *-eks, *-iks, *-oks y relacionadas con las formas modernas del alemán -ich(s) y del inglés -ick).

Origen y significado

Las primeras referencias de Íñigo en lengua castellana se remontan al siglo XI[3] estableciéndose que antes de estas fechas y siguiendo los usos de la época, los escritos oficiales se realizaban en latín o en lengua latina autóctona. En esta misma época, los ingleses utilizaban el latín o el romance normando del norte de Francia, mientras que las entidades políticas alemanas empleaban la lengua latina o los romances italianos para redactar sus documentos.

De esta forma encontramos que Íñigo es la forma castellanizada de Enneco, mientras que Íñiguez lo es de Enneconis. Cabe señalar que posiblemente Enneco y Enneconis sean las formas medievales de los nombres ibéricos Enneges y Ennegensis, respectivamente[ cita requerida]. Estos nombres aparecen mencionados por primera vez en el Bronce de Ascoli del año 89 a. C. Dicho bronce es una tabla que recoge los nombres de los jinetes del escuadrón de caballería Turma Salluitana, reclutados por el cónsul Pompeyo Estrabón en la localidad hispana de Salduie (más tarde Cæsaraugusta, hoy Zaragoza) en el valle medio del Ebro, para hacer frente a los itálicos sublevados contra Roma durante la Guerra Social o de los Aliados ( 91- 89 a. e. c.). Como recompensa por tomar la ciudad de Ascoli, el cónsul les concedió la ciudadanía romana y registró el hecho por escrito en una tabla de bronce. Entre los jinetes hispanos figuran Elandus, hijo de Enneges, y Ennegensis Beles, hijo de Umarbeles.

Ignacio de Loyola.

Usualmente se ha interpretado que Íñigo es equivalente a Ignacio, o que el primero es la forma castellana del segundo. Sin embargo, este es un error muy común que se explica porque a los seguidores de san Ignacio de Loyola se les llamaba iñiguistas, no porque Ignacio fuese equivalente a Íñigo, sino porque éste era su nombre antes de ser sacerdote. Cuando Íñigo Óñez de Loyola toma los votos, adopta el nombre de Ignacio de Loyola en recuerdo de san Ignacio de Antioquía, discípulo de los apóstoles Juan, Pedro y Pablo.

Como se ha explicado, el origen de Íñigo es Enneco, de raíz nativa prerromana, mientras que el de Ignacio es Ignatius ( latín) < Ignêtes (en griego) ‘innato’ (A. D., H.), también ‘nombre de los habitantes originarios de la antigua Rhodas’ (Simmias 11, H.).

Otra etimología da cuenta de Ignacio < Ignatius < ignis (‘fuego’ en latín) < *egni ( protoindoeuropeo o PIE), {compárese con agni (‘fuego, fuego ceremonial’ en sánscrito), ogni ( eslavo antiguo, del siglo IX), ugnis (‘fuego’ en lituano)}.

De acuerdo con lo expuesto, Íñigo en ningún caso debiera ser equivalente a Ignacio.

Entre las personas mencionadas en la Edad Media que usaron el nombre Enneco (Íñigo) encontramos en las primeras crónicas de Navarra al caudillo Enneco Aresta ( Íñigo Arista, 824-851) y su hijo Garsea Enneconis ( García Íñiguez de Pamplona, 851-880) reyes de Navarra y Sobrarbe.

Panorámica de Arnedo desde las ruinas del castillo.

A san Enneconis ( san Íñigo), abad benedictino del Monasterio de Oña, quien murió el 1.º de junio de 1068 (se le recuerda en el mismo día).

A Enneco Fortuniones (Íñigo Fortúnez, 1044-1050 y 1072-1075), señor de Arnedo, en La Rioja.

Actualmente en el País Vasco se encuentran los siguientes apellidos con raíz Enneco-Enneconis: Eneko (Íñigo), Enekoola (‘cabaña de Íñigo’), Enekotegui (‘paraje de Íñigo’), Enecoitz (‘peñón del valle’), Enekoiz (‘pastizal’), Necochea o Nekotxea (‘casa de Eneko’).

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