Época de Oro del cine mexicano

Dibujo de Pedro Infante, probablemente el actor más popular de la Época de Oro del Cine Mexicano.

La Época de Oro del Cine Mexicano es un periodo en la historia del cine mexicano comprendido entre 1936 y 1959,[1] cuando la industria fílmica mexicana alcanzó altos grados de calidad en la producción y éxito económico de sus películas, además de haber obtenido un gran reconocimiento a nivel internacional. La industria fílmica mexicana se convirtió en el centro de las películas comerciales de Latinoamérica y habla hispana.

La Época de Oro comenzó simbólicamente con la película Vámonos con Pancho Villa (1935), dirigida por Fernando de Fuentes. En 1939, durante la Segunda Guerra Mundial, la industria cinematográfica de Estados Unidos y Europa recibió un gran golpe, ya que los materiales, anteriormente destinados a la producción de cine ahora estaban destinados a la nueva industria armamentista. Muchos países empezaron a enfocarse en la realización de películas de guerra, dejándole la oportunidad a México, de producir películas comerciales para el mercado mexicano y latinoamericano. A principios de los años 1940 surgieron varias compañías productoras mexicanas, como Filmex, Films Mundiales, Posa Films, Rodríguez Hermanos y la asociación de Bustillo Oro y Grovas. Este ambiente cultural favoreció el surgimiento de una nueva generación de directores y de actores considerados hasta la fecha, iconos en México y en los países hispanos.

Orígenes

En 1939 Europa y los Estados Unidos participaron en la Segunda Guerra Mundial, y las industrias cinematográficas de estas regiones, se vieron gravemente afectadas. Europa, debido a su ubicación y los Estados Unidos debido a que los materiales utilizados para producir películas (como la celulosa), comenzaron a escasear y fueron racionados. En 1942, cuando los submarinos alemanes destruyeron un barco petrolero mexicano, México se unió a los aliados en la guerra contra Alemania. México ganó el estatus de nación más favorecida. De esta manera, la industria cinematográfica mexicana encontró nuevas fuentes de materiales y equipos que aseguraron así su posición en la producción de películas de calidad en todo el mundo. Durante la Segunda Guerra Mundial, la industria del cine de Francia, Italia, España, Argentina y Estados Unidos, se centraron en películas de guerra, lo que hizo posible que la industria cinematográfica mexicana, con temáticas mucho más versátiles, se convirtiera en dominante en los mercados de México y de América Latina.

Desde los inicios del cine sonoro en México, algunas películas (como Santa (1931) del director Antonio Moreno y La mujer del puerto (1934) del director Arcady Boytler, resultaron un enorme éxito taquillero que demostró que en México se contaba con el equipo y talento necesarios para sostener una industria cinematográfica sólida. Uno de los primeros éxitos de taquilla fue la película Allá en el Rancho Grande de Fernando de Fuentes, que se convirtió en el primer clásico del cine mexicano; tal película que es referida como la iniciadora del «cine industrial mexicano»,[3] A principios de los años 1940 comienza el surgimiento de grandes estudios cinematográficos mexicanos asentados en la Ciudad de México, que comienzan a respaldar la producción masiva de películas. Entre las más importantes se encuentran CLASA Films, FILMEX, Films Mundiales, Cinematográfica Calderón, Películas Rodríguez y Mier y Brooks, entre otras.

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