Época arcaica

Guerreros griegos en un fragmento de cerámica de figuras negras atribuido al Maestro del Dípilon. Hacia el 760 a. C.
Amphoreús (αμφορεύς —'para ser transportadas en ambos lados del barco'—, de donde proviene la palabra española «ánfora») de cerámica de figuras negras que representa una carrera de los Juegos Panatenaicos. Hacia el 530 a. C.
Esculturas del periodo arcaico (entre ellas el Moscóforo) halladas durante las excavaciones de la Acrópolis de Atenas (fotografía de 1886).

Época Arcaica es una periodización de la historia de la antigua Grecia con la que la historiografía distingue la etapa en la que la Hélade (Ἕλλάδα) salió del periodo anterior (la Época Oscura, caracterizada por la distribución del espacio helénico entre tribus[2]dorios, eolios, arcadios, superpuestos sobre los prehelénicos pelasgos—, que introdujeron la Edad del Hierro en medio de una total ausencia de fuentes escritas y una drástica ruptura cultural frente a la civilización micénica, cuyo fin sigue siendo objeto de debate) y se conformaron los rasgos de la civilización griega, que quedará plenamente cristalizada en la posterior Época Clásica. Entre los siglos VIII y VI a. C. se desarrollaron las ciudades-estado griegas o polis (plural invariable en castellano, en griego: singular polis, πόλις, y plural poleis, πόλεις), que incluso se expandieron por todo el Mediterráneo mediante la colonización. A pesar de su gran fragmentación política, los griegos fueron construyendo una identidad común frente a otros pueblos de la Antigüedad, de la que adquirieron una conciencia vigorosa, evidenciada en sus manifestaciones culturales y artísticas y en una peculiar cosmovisión que se ha interpretado como tensión entre lo apolíneo y lo dionisíaco.

Convencionalmente el inicio de la época arcaica se establece en la primera Olimpiada (Ὀλυμπιάς, cómputo del tiempo en periodos de cuatro años que comienza con la celebración los primeros Juegos Olímpicos, 776 a. C.); mientras que el final lo marca la Revuelta de Jonia ( 499 a. C.), cuando los griegos de la costa de Asia Menor pidieron la ayuda de las ciudades de Grecia continental para frenar la expansión del Imperio persa, lo que desembocó en las Guerras Médicas (492-490 y 480-479 a. C.).

Antes de la Época Arcaica los griegos habitaban en pequeñas comunidades agropecuarias aisladas por lo accidentado de su medio físico: cuajado de valles en el interior, y con un litoral recortado, atestado de cabos, golfos e islas. A pesar de la pobreza del suelo y de la aridez, se dieron crecimientos demográficos y progresos socioeconómicos que impulsaron a las pequeñas aldeas originarias a unirse en entidades de mayor tamaño. Este proceso, llamado synoikismos (συνοικισμóς —'cohabitación', 'compartir el oikos ', la «casa»—), dio lugar al nacimiento de las polis. Al mismo tiempo, se establecían lugares de culto religoso, compartidos por comunidades mucho más alejadas entre sí, mediante anfictionía (αμφικτιονία —'construir juntos'—); lo que fue conformando prácticas políticas para todo tipo de relaciones, pacíficas y hostiles, como la simmachia (συμμαχια —'luchar juntos'—), la koinón (κοινόν —'común'—, traducido habitualmente como «liga»),[3]​ la hegemonía (ἡγεμονία), el equilibrio de potencias, la política de bloques, etc.

Paralelamente, la presión demográfica y la prosperidad económica mal repartida provocaron una conflictividad social que tuvo, básicamente, dos válvulas de escape: la colonización del Mediterráneo y las reformas socio-políticas internas protagonizadas por legisladores y tiranos.

Tras siglos de olvido de la escritura lineal micénica, los griegos volvieron a ser un pueblo histórico al adoptar el alfabeto fenicio y adaptarlo a su idioma con el alfabeto griego, cuyos primeros testimonios aparecen hacia el 740 a. C. ( Copa de Néstor, Inscripción del Dipylon).[6]​ y cuya difusión fue crucial para la conformación de la civilización griega en su conjunto, y para la pervivencia de esta en la civilización occidental.

La colonización del Mediterráneo

Crátera (κρατήρ -"mezclador"- palabra de la que vienen "crátera" y "cráter") de bronce realizada por un artesano laconio, hallada en Vix (noroeste de la actual Francia), una zona muy alejada del Mediterráneo, prueba de la extensa difusión de las manufacturas griegas. Hacia 530 a. C.[8]
Reglamento de los klērouchos (κληροῦχος) de Salamis (Salamina). Hacia 510 a. C.
Las colonias griegas (en rojo) frente a las colonias feno-púnicas (en amarillo).
Statér (στατήρ -"peso"-, "estatero") de 9,31 g de plata de Thasos, de la primera mitad del siglo V a. C.
Tetrádrakmon (τετράδραχμα -"cuatro dracmas"-, "tetradracma") de 16,85 g de plata de Atenas, del siglo V a. C. (diseños similares, con la efigie de Atenea y sus símbolos iconográficos -hojas de olivo y lechuza-, se utilizaban desde el siglo anterior).

Antecedentes

Al principio de la Época Arcaica las áreas ocupadas por griegos presentaban una serie de variantes dialectales en su lengua. La distribución de estos dialectos ha sugerido que en siglos anteriores (en la Época Oscura) y a lo largo de fechas no bien precisadas se había producido una serie de migraciones de dorios, jonios y eolios, en algunos casos a zonas ya habitadas por griegos en época micénica.[9]

Los dorios habían ocupado parte del Peloponeso, las islas del sur de las Cícladas, Creta, el Dodecaneso y varias ciudades del sur de Asia Menor ( Halicarnaso, Cnido).

Los jonios, desde el Ática (según la tradición, dirigidos por los descendientes del rey Codro de Atenas), se habían desplazado a las Cícladas (exceptuando las de más al sur) y al centro de la costa asiática del Egeo que pasó a llamarse Jonia (la dodecápolis -'doce ciudades'-: Focea, Clazomene, Teos, Lebedos, Colofón, Éfeso, Eritrea, Priene, Miunte y Miletos, junto con las islas de Quíos y Samos).

Los eolios, por su parte, se habían dirigido desde Beocia y Tesalia a la parte norte de Asia Menor (desde Esmirna hasta Tenedos - Pitane, Mirina, Larisa, Temnos, Notion-), así como a la isla de Lesbos. Se da la circunstancia de que en la mayoría de los lugares de fuera de Grecia continental ocupados por los jonios y los eolios no había asentamientos griegos preexistentes.[10]

Por su parte, la isla de Chipre, que presentaba una variante dialectal diferente, llamada arcado-chipriota, había sido ya helenizada hacia el siglo XII a. C.[11]

La colonización de Época Arcaica

A partir del siglo VIII a. C. (el de la primera Olimpiada), estaban bien establecidas las rutas comerciales entre la Hélade y el Levante mediterráneo, dominadas por los "fenicios", "púnicos" o phoínikes (Φοίνικες -"rojos" o "púrpuras"-, por el tinte que producían y que constituía buena parte de sus exportaciones-), que estaban imponiendo su impronta cultural entre los griegos (como testimonia el propio alfabeto). Desde entonces se dio un fuerte proceso colonizador, que fue protagonizado tanto por polis de Grecia continental como por las insulares y las asiáticas. En la fase que puede delimitarse entre el siglo VIII y la primera mitad del VII a. C., destacó la ausencia de protagonismo de ciudades importantes: ni áticos ni beocios fundaron colonias en esta ocasión. Los espartanos sólo una. Fueron sobre todo polis dinámicas, enfrentadas físicamente al mar y sin posibilidades de expansión territorial (Corinto, Calcis, Eretria, Mileto, Focea, Rodas).[13]​ que mantenían vínculos de dependencia religiosa, comercial (incluso monetaria tras la difusión de la moneda -se estima que, de los dos millares de polis, la mitad emitieron moneda en algún momento-) y muy habitualmente lazos políticos de alianza con su región de origen: la "ciudad-madre" o metrópolis (μητρόπολις).

La expansión se llevó a cabo en varias fases y distintas direcciones. Una de ellas fue hacia el noreste, por la península Calcídica (llamada así por Calcis, lugar de procedencia de sus colonos), Tasos, Tracia, el Euxeinos Pontos (Εὔξεινος Πόντος -"mar hospitalario"-, el mar Negro) y sus accesos ( Bizancio, Calcedón, Sinope, Quersoneso).[14]

La expansión hacia el Mediterráneo occidental llevó a la formación de una próspera región, llamada Megálē Hellás (Μεγάλη Ἑλλάς –"Gran Grecia" o "Magna Grecia"-), completamente helenizada, en el sur de la península itálica ( Cumas, Taras -Tarento-, Reghion -Reggio-, Sibaris -Síbari-, o Parténope -Nápoles-) y Sicilia ( Naxos, Siracusa, Katane -Catania- o Leontino -Lentini-).

Los griegos llegaron hasta la península ibérica donde entraron en contacto con el mítico rey Argantonio de Tartessos (quien hacia el año 600 a. C. recibió cordialmente a una expedición focea); y chocaron con los intereses de otro pueblo en plena expansión comercial: los fenicios, especialmente los de la principal colonia de estos ( Cartago), llegando al enfrentamiento militar ( batalla de Alalia, 537 a. C.) Importantes colonias griegas fueron fundadas en el sur de la actual Francia ( Massalia -Marsella-) y en la costa mediterránea de la actual España ( Emporion -Ampurias- y Hemeroscopeion -Denia-).

La navegación de época arcaica[15]​ incluyó el mítico periplo (περίπλους) de un grupo de griegos de Massalia por el Ōkeanós (Ώκεανός -"Océano"), las costas atlánticas del norte de Europa que, recogido en fuentes romanas, se conoce con el nombre de periplo massaliota.

Hacia el sur, en el antiguo Egipto la presencia de griegos era inmemorial, especialmente en la zona del delta del Nilo, aunque la reivindicación de haber fundado Heliopolis o Sais es más bien legendaria, ligada al mito de la Atlántida; siendo más evidente el origen de Naucratis como una concesión a los mercenarios griegos por parte del faraón.[16]​ También hubo una amplia zona de colonización griega en la costa de la actual Libia ( Cirene).

El creciente comercio griego consistió en el intercambio de manufacturas de alta calidad provenientes de Grecia (cerámicas, bronces, tejidos, perfumes, joyas, aceite, vino) por materias primas de las colonias (cereales y metales).

Yelmo de bronce. Creta, siglo VII a. C.
Ánfora de cerámica de figuras negras, del Pintor de Antimenes, representando una escena de la guerra de Troya. Hacia 510 a. C.
Kílix (κύλιξ -"copa", "cáliz"-) de figuras negras que representa barcos griegos. Hacia 520 a. C.
Armadura de hoplita hallada en Argos.[17]
Hoplitas y carro de guerra en el friso del pedestal de un kuros. Hacia 510 a. C.
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