Émile Verhaeren

Verhaeren pintado por Théo van Rysselberghe
Émile Verhaeren fotografiado por Stefan Zweig (1914)

Émile Verhaeren ( Sint-Amands, provincia de Amberes, 21 de mayo de 1855 - Ruan ( Francia), 27 de noviembre de 1916) fue un poeta en lengua francesa de origen flamenco, y uno de los principales fundadores del modernismo. Aprendió el francés de su familia y el dialecto flamenco de su localidad de forma natural (no se enseñaba en la escuela), pero perdió el contacto con éste cuando a los 10 años se le envió a un internado jesuita de Gante. Fue candidato al Nobel.

Inicialmente se adscribió al naturalismo, pero como poeta se le suele considerar modernista y místico. Marie Gevers, otra autora flamenca que escribió en lengua francesa, lo conoció a través de su sobrina, y fue animada por él en sus esfuerzos literarios. Ambos cobraron fama en el extranjero y fueron traducidos a otros idiomas. En Bruselas fue amigo de Darío de Regoyos.

Biografía

Théo van Rysselberghe, Lectura de Emile Verhaeren. El poeta está representado vestido de rojo.

Verhaeren nació en Saint-Amand (en neerlandés, Sint-Amands), Bélgica, a las riberas del Escalda o Escaut, en una familia francófona rica, mientras que en pueblo y en la escuela se usaba la lengua flamenca. Frencuentó al principio el internado francófono Sainte-Barbe en Gante, mantenido por los jesuitas, y luego estudió Derecho en la Universidad católica de Lovaina. Es allí donde se unió al círculo estudiantil que animaba " La Jeune Belgique" y publicó en 1879 sus primeros artículos en revistas de estudiantes.

Cada semana, el escritor socialista Edmond Picard convocaba en Bruselas un salón donde el joven Verhaeren pudo reunirse con escritores y artistas de Vanguardia. Decidió entonces renunciar a la carrera jurídica y convertirse en escritor. Publicó poemas y artículos críticos en revistas belgas y extranjeras, entre otras L'Art Moderne, Journal des Beaux-arts et de la Littérature y La Jeune Belgique. Como crítico de arte, defendió a jóvenes artistas como el pintor expresionista James Ensor y fue amigo de Fernand Khnopff.

En 1883 publicó su primera colección de poemas dentro del realismo y el naturalismo, Les Flamandes ("Los flamencos"), dedicado a su región natal. Acogido con entusiasmo por la Vanguardia, esta obra causó escándalo en sus lares. Sus padres intentaron incluso recabar la ayuda de su párroco para comprar la totalidad de la edición y destruirla. Sin duda el poeta había calculado esos efectos para darse a conocer con mayor rapidez. No por eso dejó de publicar otros libros de poesía, pero esta vez dentro del simbolismo y de tono lúgubre, que caracterizan títulos como Les moines ("los monjes", 1886), Les soirs ("Las tardes", 1887), Les débâcles ("Los desastres", 1888) y Les flambeaux noirs ("Las antorchas negras", 1891). Por entonces, más en concreto en 1888, hace un viaje por el norte y centro de España en compañía de su amigo el pintor Darío de Regoyos y este último tradujo, adaptó y añadió también a los cuatro artículos que publicó sobre el hecho Verhaeren en L'Art moderne bajo el rótulo general de "Impressions d'artiste" en una obra en español, La España negra (1889), que se encargó de ilustrar también.

En 1891 se casó con Marthe Massin, una pintora conocida por sus acuarelas que había conocido dos años antes, y se instaló en Bruselas. Su amor por ella se expresa en tres colecciones de poemas líricos que le consagró: Les Heures claires ("Las horas claras", 1896), Les heures d'après-midi ("Las horas de la tarde") y Les heures du soir ("Las horas vespertinas", 1905).

En la década de 1890, Verhaeren se interesó por cuestiones sociales y se lanzó a la «revuelta anarquista». Su implicación social aparece claramente en artículos y poemas aparecidos en la prensa libertaria (L’En-dehors, Le Libertaire, La Revue Blanche, etc.) y sobre todo en manuscritos inacabados e inéditos como la pieza La Grand-Route y la novela Désiré Menuiset et son cousin Oxyde Placard.

Trabajó en dar a su poesía la atmósfera de la gran ciudad y su opuesta, la vida campesina. Expresó sus visiones de un tiempo nuevo en colecciones como Les Campagnes hallucinées ("Los campos alucinados, 1893), Les villes tentaculaires ("Las ciudades tentaculares", 1895), Les villages illusoires ("Las aldeas ilusorias, 1895) y su pieza teatral Les Aubes ("Las albas"). Estos poemas lo volvieron una celebridad, y su obra fue traducida y comentada en el mundo entero. Viajó para dar lecturas y conferencias por una gran parte de Europa. Muchos artistas, poetas y escritores como Antonio de La Gándara, Georges Seurat, Paul Signac, Auguste Rodin, Edgar Degas, August Vermeylen, Léon Bazalgette, Henry van de Velde, Max Elskamp, Maurice Maeterlinck, Stéphane Mallarmé, André Gide, Rainer Maria Rilke, Gostan Zarian, Stefan Zweig lo admiraban, le escribían, buscaban su compañía y lo traducían. Artistas ligados al futurismo de vanguardia experimentaron su influjo y lo tuvieron entre los suyos. Émile Verhaeren era además amigo personal del rey Alberto y de la reina Isabel; frecuentaba regularmente todos los actos de la familia real. Por entonces expresa su confianza en el progreso futuro (Les forces tumultueuses / Las fuerzas tumultuosas, 1902; La multiple splendeur / El múltiple esplendor, 1906; Les rythmes souverains / Los ritmos soberanos, 1910) y su vinculación a la tierra natal (Toute la Flandre / Todo Flandes, 1904-1911). Entre sus obras teatrales destacan El claustro (1900) y Felipe II (1901).

En 1914 estalló la I Guerra mundial y, pese a su neutralidad, Bélgica fue ocupada casi enteramente por las tropas alemanas. Verhaeren se refugió en Inglaterra y escribió poemas pacifistas, luchando contra la locura de la guerra en diversas antologías líricas: La Belgique sanglante ("Bélgica ensangrentada"), Parmi les Cendres ("Entre las cenizas") y Les Ailes rouges de la Guerre ("Las alas rojas de la guerra", 1916). Su fe en un futuro mejor se fue convirtiendo durante el conflicto en una resignación creciente. No publicó ya nada en revistas de propaganda antialemanas e intentó en sus conferencias reforzar la amistad entre Francia, Bélgica y el Reino Unido. El 27 de noviembre de 1916 fue a visitar las ruinas de la Abadía de Jumièges. A la noche, tras haber dado una nueva conferencia en Ruan, murió accidentalmente al ser empujado por la numerosa multitud bajo las ruedas de un tren que salía.

El gobierno francés quiso honrarlo dándole sepultura en el Panthéon (París), pero su familia rehusó y lo hizo enterrar en el cementerio militar de Adinkerque. Pero como el avance de las tropas alemanas representaba un peligro, sus restos mortales fueron conducidos durante la guerra a Wulveringem antes de ser definitivamente inhumados en 1927 en su pueblo natal de Sint-Amands, donde desde 1955 el Museo provincial y la Sociedad Émile Verhaeren custodian su recuerdo.

Entre 2015 y 2016, al acercarse el centenario de su muerte, el Museo des Avelines de Saint-Cloud de la región parisina le consagró una exposición-homenaje titulada Émile Verhaeren (1855-1916), poète et passeur d'Art.[1]

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