Álvaro Cepeda Samudio

Álvaro Cepeda Samudio
Información personal
Nacimiento 30 de marzo de 1926
Barranquilla, Atlántico, Flag of Colombia.svg  Colombia
Fallecimiento 12 de octubre de 1972 (46 años)
Nueva York, Flag of the United States.svg  Estados Unidos
Nacionalidad Colombiana
Familia
Cónyuge Teresa "Tita" Cepeda
Información profesional
Ocupación Escritor y periodista
Seudónimo El Nene
Género Novela, cuento, crónica, reportaje
Movimientos Boom latinoamericano, realismo mágico
Obras notables Todos estábamos a la espera, La casa grande, Los cuentos de Juana
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Álvaro Cepeda Samudio (Barranquilla, 30 de marzo de 1926[2] – Nueva York, 12 de octubre de 1972) fue un escritor y periodista colombiano.

A los dieciocho años empezó a escribir una columna en El Heraldo desde la que trataba temas políticos y sociales. Desde 1947, y de forma intermitente, escribió para El Nacional; en 1950 fue colaborador de The Sporting News; ese mismo año volvió a escribir una columna para El Heraldo que llamó Brújula de la cultura. Junto con Gabriel García Márquez, Germán Vargas y Alfonso Fuenmayor publicó Crónica, revista literaria y deportiva que apareció de 1950 a 1952. Fue editor del Diario del Caribe de 1961 a 1972.[1]

Como escritor, Cepeda Samudio es visto como uno de los grandes transformadores de la literatura colombiana en el siglo XX,[4]

Biografía

Infancia y juventud

Sus padres fueron Luciano Cepeda y Roca, hijo de Abel Cepeda Vidal, alcalde de Barranquilla en dos oportunidades, secretario de Educación y senador, y Sara Samudio, quien formaba parte de una familia acomodada y culta. Fue el único hijo del matrimonio, si bien Luciano Cepeda había tenido dos hijos antes de contraer nupcias. Nació en la calle Bolívar, entre carreras Veinte de Julio y Progreso, y fue bautizado en la iglesia del Rosario, ubicada en el centro de la ciudad, el 17 de abril de 1927.[1]

El matrimonio Cepeda Samudio se separó en 1932, poco después de que Luciano contrajera una enfermedad venérea. Sara se fue con su hijo para la cercana población de Ciénaga, por recomendación de unos amigos que le aseguraron que allí tendría un mejor futuro, y porque a Álvaro, asmático de nacimiento, los médicos le habían recomendado vivir cerca al mar. Al llegar se hospedaron en el Hotel Imperial; en poco tiempo su madre abrió una juguetería y una pensión.[1]

En 1936, tras la muerte de Luciano Cepeda, Sara y Álvaro regresaron a Barranquilla, donde también montaron una pensión. Tres años después ingresó en el Colegio Americano,[1] Ese mismo año inició su colaboración con el diario local El Heraldo, donde tuvo una columna en la que trataba temas políticos, la cual tituló Cosas.

En 1945, uno de los primeros escritos de Cepeda Samudio le acarreó la expulsión del colegio, cuando cursaba tercero de bachillerato. El texto era una distriba contra varios profesores de la institución, titulada Anotaciones breves sobre los maestros. De inmediato consiguió que lo admitieran en el Colegio de Barranquilla, una institución pública, donde también discutió con los docentes y fue reconocido como alumno brillante.[1]

“La otra porción es la que ha perdido totalmente este sentimiento de sumisión: la que descubre asombrada un tanto que el maestro puede equivocarse y que no está de acuerdo con muchas de las cosas que el librito de turno dice: este es el escaso grupo de alumnos que no puede tolerar que para educarlos se siga empleando el mismo método disciplinario: anhelan que se les trate 'como a hombres', que se examinen y se tomen en cuenta sus puntos de vista.” Anotaciones breves sobre los maestros (fragmento).[1]

En 1946 regresó al Colegio Americano y fundó un grupo literario junto a varios amigos. Publicaban un periódico juvenil llamado Ensayos, cuyos textos le valieron que Julián Devis Echandía, director de El Nacional, lo animara a escribir en ese periódico. El grupo también invitó a la ciudad al intelectual español Baltasar Miró, exiliado por la dictadura franquista, a dar una conferencia sobre literatura.[6]

En 1948 se graduó de bachiller junto a veinticuatro compañeros. Fue encargado de leer el discurso de su clase, un ensayo que tituló La arquitectura en función de la poesía, pues en ese entonces estaba interesado en estudiar esa carrera.[1]

William Saroyan (1970). La obra del escritor estadounidense de ascendencia armenia influyó en la de Cepeda Samudio.

Estudios

Gracias a una beca otorgada por la Gobernación del Atlántico, Cepeda Samudio viajó el 27 de mayo de 1949 a Estados Unidos, junto a su amigo Enrique Scopell. Tenían como destino Baton Rouge, Luisiana, con el propósito de aprender inglés. En Miami se toparon con dos venezolanas y cambiaron de planes: los cuatro tomaron un avión hacia La Habana, hogar de la abuela de Scopell, y estuvieron allí una semana, que aprovecharon para ver béisbol y boxeo en vivo.[1]

En agosto de 1949 viajó a Nueva York, donde ingresó a la Universidad de Columbia para estudiar Periodismo y Literatura. Al igual que en el bachillerato, fue un estudiante destacado, pero poco asiduo a los salones de clase. Frecuentaba con Scopell los bares de Harlem y gastaban el dinero de sus becas en licor, comida y libros. También tomó cursos libres de imprenta, producción y diseño de revistas, ficción moderna y drama.[1]

Su estadía en Nueva York fue fundamental para conocer la vanguardia literaria y periodística norteamericana, que influiría en su trabajo posterior, así como para ensayar sus primeros cuentos. Su trabajo final fue un ensayo sobre la historia de la literatura colombiana. Después viajó a Michigan, para estar cerca de Sandra, y regresó a Barranquilla el 20 de junio de 1950.[7]

El Grupo de Barranquilla

A los veintiún años, Cepeda Samudio había leído a los españoles José María de Pereda, Gabriel Miró, Azorín, Pío Baroja y Benito Pérez Galdós, varios de ellos pertenecientes a la llamada Generación del 98. Por Colombia, sabía de la obra de Eduardo Caballero Calderón.[8]

En septiembre de 1948 conoció a Gabriel García Márquez, quien en ese momento trabajaba en el diario El Universal de Cartagena y se encontraba de visita en Barranquilla.[1]

“Álvaro Cepeda Samudio, en cambio, era antes que nada un chofer alucinado —tanto de automóviles como de las letras—; cuentista de los buenos cuando bien tenía la voluntad de sentarse a escribirlos; crítico magistral de cine, y sin duda el más culto, y promotor de polémicas atrevidas. Parecía un gitano de la Ciénaga Grande, de piel curtida y con una hermosa cabeza de bucles negros y alborotados y unos ojos de loco que no ocultaban su corazón fácil. Su calzado favorito eran unas sandalias de trapo de las más baratas, y llevaba apretado entre los dientes un puro enorme y casi siempre apagado. Había hecho en El Nacional sus primeras letras de periodista y publicado sus primeros cuentos.” Gabriel García Márquez.[9]

Cepeda Samudio, García Márquez, Vargas y Fuenmayor conformaron junto a Alejandro Obregón, Meira Delmar, Orlando Rivera, Julio Mario Santo Domingo, Miguel Camacho Carbonell, entre otros, la segunda generación del Grupo de Barranquilla. Desde 1954 se reunieron en La Cueva, bar de propiedad de Eduardo Vilá, frecuentado tanto por intelectuales como por cazadores y, en general, barranquilleros de todas las clases sociales que discutían sobre una amplia diversidad de temas. El bar fue visitado esporádicamente por Marta Traba, Fernando Botero, Nereo López, Rafael Escalona, Héctor Rojas Herazo, Consuelo Araújo, Enrique Grau, entre otras personalidades.[1]

La Cueva cerró en 1969. De ahí en adelante varios de sus miembros se reunieron en el bar y restaurante La Tiendecita, a pocas cuadras de ahí.[10]

Cepeda Samudio escribió la mayoría de las historias de Los cuentos de Juana durante el tiempo en que habitó esta casa, conocida como La Perla (1958-1969).

Vida personal

En 1955, a los veintiocho años, contrajo nupcias en la iglesia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro con Teresa Manotas. Tuvieron dos hijos, Zoila Patricia (1955-2013) y Álvaro Pablo (1958-1985).[1] Cepeda Samudio tuvo dos hijos más con su gran amor Alba Torres: Darío (1955-1979) y Margarita (1962) con quienes tuvo una excelente relación hasta su muerte.

Enfermedad y muerte

Si bien en su infancia había sido enfermizo, Cepeda Samudio gozaba de una vitalidad que asombraba a sus allegados. En julio de 1972, mientras grababa un documental sobre la subienda en el municipio de Honda, sufrió una fuerte gripa y optó por regresar a Barranquilla. Comenzó a padecer dolores de cabeza que él mismo le atribuía al cigarrillo; sin embargo, la frecuencia de estas dolencias le obligó a visitar a su médico, quien le sugirió viajar de inmediato a Nueva York, ya que era muy probable que tuviera cáncer.[1]

Alcanzó a entusiasmarse cuando le entregaron el primer ejemplar de Los cuentos de Juana. Los médicos tenían pensado darle de alta en tres días cuando le sobrevino la muerte. Falleció mientras dormía el 12 de octubre de 1972,[1]

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